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EL CARIBE

EL CARIBE

Las Antillas Menores son tantas que no podemos mantener un embajador en cada una, y el presidente Betancur me nombra embajador en toda el área del Caribe. Acepto con mucho gusto porque siempre estuve enamorado de este espléndido Mare Nostrum y empeñado en desencaramar a Colombia hacia el mar.

Todos los pequeños países del Caribe sufren del bicultivo de banano y turismo; y sufren un desempleo de más del 25 por ciento. De los países continentales ribereños, el que más les ha puesto atención ha sido Venezuela, y también, a su manera, los Estados Unidos, al declarar la Iniciativa del Caribe , pero ocupando a Grenada y a Haití. Es hora de que Colombia se haga presente, también a su manera, que ha de ser distinta.

Las Antillas Menores son el collar de islas que adornó el pecho del Caribe español hasta que España se dedicó a transformar el Pacífico en un lago español, y abandonó la mayor parte del Caribe a ingleses, franceses, holandeses y daneses. El collar parte contra viento de las Antillas Mayores, y termina viento a través en Trinidad. Pasa por St. Thomas, cuya belleza está casi opacada por un desarrollo desenfrenado, y por St. John, donde los gringos muestran su mejor cara. Luego forma un anillo de islas británicas intactas, las Vírgenes, que encierran un pequeño mar, ideal para echar vela.

Recalo en Roadtown, la capital inglesa, y el gobernador de su majestad me invita a un jump up (baile) en el que los negros, elegantísimos, bailan agarrados y las inglesas brincan descalzas. Le pregunto al gobernador por qué sus islas están tan bien conservadas y tan libres de problemas políticos, y contesta: Es que yo no doy más permisos de construcción, y además todo el mundo sabe que tengo las maletas listas para irme enseguida que oiga el primer grito de independencia. Así, nadie quiere echarme . Más tarde, en Jamaica, otro gobernador de su majestad me explica cómo tiene controlado el orden público: Hemos hecho un plebiscito, y la gran mayoría se ha declarado en favor de la pena de muerte . Dos formas de Pax Británica .

Al otro lado del Anguila Channel, que a veces se contagia de la furia del vecino Atlántico, aparece la isla de Antigua, a donde Lord Nelson venía desde Europa en invierno a reparar su armada, si los franceses de las islas vecinas se lo permitían. Luego el collar sigue hilando pequeñas islas hasta Guadeolupe y Martinique ; los franceses han inventado que éstas no son colonias sino departamentos de Francia, de modo que hasta las papas se traen de Europa, y desde luego la ropa. Frente a los cafés pasan las morenas más chic del Caribe.

Hacia el sur sigue St. Vincent, con su preciosa hermanita, Bequa; Dominica, donde sobreviven entre cascadas calientes y frías los últimos descendientes de los feroces caribes; y St. Lucía, entre cuyos montes verticales, los Pitons , siempre silba el viento sobre una finca que utiliza elefantes en vez de tractores. Luego vienen las Grenadines y Grenada a la que el capitán Bligh trasplantó las especias de Oriente, las que tanto persiguieron Colón y Magallanes. Ahí los grafitis no dicen Fuera yankees , sino Yankees, quédense .

En Saint Lucía van a reunirse todos los primeros ministros de la región. Llego como de costumbre a vela, le pido audiencia al primer ministro Compton, y me pongo ropa limpia. En el muelle piso mal y meto la pata en el agua. Llego a la casa de gobierno con la pierna afuera de la puerta del auto, a secar; cuando un diplomático mete la pata, tiene que saberla sacar, o por lo menos secar.

A La Habana voy como co-presidente del Consejo Colombiano de Oceanografía, a la conferencia internacional que va a crear Iocaribe, entidad llamada a coordinar todos los estudios oceanográficos de la región. Mi objetivo es que Colombia se haga presente en el Caribe no sólo con comercio, sino con proyectos científicos y culturales, y ayudando a establecer pequeñas industrias tipo Gaviotas y zonas francas para la exportación.

Aprovecho el viaje a Cuba para iniciar conversaciones sobre la reanudación de relaciones consulares, y el canciller cubano me ofrece un excelente tabaco; Fidel Castro, en cambio, ha dejado de fumar. Será que sabe cambiar cuando es necesario? Logro conseguir la sede de Iocaribe para Colombia, y venciendo los obstáculos burocráticos que son la estela de cualquier éxito diplomático, instalo las oficinas de Iocaribe en Cartagena, en el palacio del marqués de Valdehoyos. Luego fundo el Museo Naval del Caribe, que hoy es una estupenda realidad gracias a la colaboración de la Armada, de muchos benefactores privados, y de las comisiones del Quinto Centenario. Mi objetivo es que Cartagena vuelva a ser el centro del Caribe, ojalá antes de que despierte La Habana.

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