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LA MAGIA DE LO IRREAL

LA MAGIA DE LO IRREAL

La noche del martes fue especial en Medellín. En medio de un escenario puramente deportivo sucedió un verdadero acontecimiento .

El coliseo del Parque Juan Pablo II, ubicado en la zona Belén La Playas de la capital antioqueña, se montó una enorme pasarela que vio como la magia de lo irreal se paseaba por su suelo en medio de un montaje pocas veces visto en un desfile de esta características.

A lo largo de las siete versiones de Colombiatex, Coltejer se ha caracterizado por organizar grandes y espectaculares desfiles que saca del recinto ferial para ubicarse en un lugar donde puedan estar más de dos mil personas.

Todo comenzó a las nueve de la noche con la puesta en escena de una opereta que se paseó por arias de Rigoleto y la pieza Carmina Burana. Es la mezcla suntuosa que los diseñadores han logrado en las últimas presentaciones de este tipo donde arte y moda se entrelazan en una unión que debe ser hasta que la muerte las separe .

Una hermosa modelo, vestida al mejor estilo de las grandes divas de la Opera mundial que recreaba la suntuosidad de las cortes del siglo XVIII de la Francia de Luis XV, y un coro de modelos que semejaban monjes de la Edad Media, sirvieron de entrada de este gran desfile que después tuvo un suculento plato fuerte y un postre de locura.

Esta entrada era la que daba pie para esa magia irreal que los diseñadores iban a tratar en las colecciones que minutos después sacarían a escena y que debían surgir de toda esta época de derroche donde todo estaba permitido con miras a encontrar el verdadero espíritu del hombre.

La primera diseñadora en sacar sus atuendos a la pasarela fue la barranquillera Silvia Tcherassi, quien sin olvidar su estilo minimalista que hace parte de su esencia misma, encontró en los materiales relegados al uso doméstico y quirúrgico las texturas ideales para lograr una colección que le dio un aire especial al desfile.

Con gasas, satín importado y muchos detalles de lencería Silvia Tcherassi retomó la fantasía francesa en un romanticismo propio de su forma de ser. Los fluidos la siguen marcando sin remedio pero esta vez sacando al exterior detalles de la ropa interior para llenar un poco la pureza de los diseños. Las gasas las tiñó en tonos actuales, sin olvidar el blanco y le dio una apariencia de macramé, muy rústica a una textura que antes solo se concebía para uso hospitalario.

Julián Posada, el paisa que no puede faltar en estas presentaciones, decidió cambiar por completo la filosofía que venía manejando y dejó aquello etéreo, fluido, étnico a un lado para retomar los años 50.

Manejando una historia masculina y otra femenina, Posada rompió con su tradicional forma de diseñar y optó por el plateado y el tejido de punto. Su colección fue marcada por el gris y materiales gruesos como el cardigán, en lo que fue la parte de hombres.

Para las mujeres se inspiró en la luminosidad del hielo y todo las formas que los cristales generan. El blanco total con formas muy sensuales (estilo muñecas) que contrastaban con materiales industriales como el velo suizo (de cortina) y las pieles de conejo fueron sus ases debajo de la manga.

El plateado fue lo que unificó toda la colección y una idea totalmente fría para toda la onda del nuevo glamour.

Sobre la pasarela de Coltejer tampoco podía faltar el romanticismo de Olga Piedrahíta que esta vez cambió su tradicional barroco por renovar una tendencia que siempre ha ido con su forma de ser.

Olga se inspiró en el aire y logró una colección magistral con mucho movimiento y reflejando un espíritu totalmente libre. Con tejido de punto y un manejo de materiales que solo ella sabe, ensayó una infinidad de posibilidades que la llevaron hasta una onda donde incluyó elementos neopunk, algo muy raro en ella.

Su historia de transparencias fue manejada de una forma muy sugestiva y sofisticada con un contrastes de elementos muy citadinos como una medias rotas y unos zapatos bastante underground .

El último en poner en escena su colección fue John Miranda, quien siempre sorprende con su forma de ver la moda. Esta vez se fue por el índigo para demostrar que con este material se pueden lograr hasta vestidos de gala.

Es su forma de decirle a la gente que cualquier textura se puede explorar para encontrarle un mundo de posibilidades a una tela que muchas veces es subutilizada.

Miranda combinó lo casual con lo sofisticado con materiales rústicos y refinados como el acetato que está en pleno furor. Este efecto también lo logró con detalles de pintura y procesos de lavandería muy especiales.

Por ejemplo, mostró los pespuntes de las prendas, pero no con hilo sino pintados y logró efectos de estampación muy peculiares para darle un aspecto un poco corrosivo a las telas. Su propuesta fue espectacular en la medida en que reflejaba todas las posibilidades de los materiales algo que representa el verdadero diseño.

Y con su colección de gala se cerró Acontecimiento 95, un desfile que como ya es tradición reunió una gran cantidad de gente y que demuestra que el diseño no es solo comercial también es propuesta, es puesta en escena y ante todo es arte.

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