Garavito, el ‘santo’ de los travestis

Garavito, el ‘santo’ de los travestis

María Fernanda intuye que la pésima noche de trabajo que ha tenido, en la que solo ha conseguido guardar dos billetes en su trajinada cartera de Hello Kitty, se debe a que el pasado lunes no fue a rezarle al alma de Julio Garavito Armero. Tampoco le llevó las flores azules que acostumbra ofrecerle al científico cuyo rostro aparece en los billetes de 20 mil pesos.

20 de abril 2008 , 12:00 a.m.

Esta semana no pudo hacerle el habitual ritual que ha hecho desde que vino hace diez años a Bogotá a prostituir su cuerpo como un travesti. Tenía 15 años y dice que en este tiempo ha logrado sobrevivir a los rigores de la noche y además conseguir dinero gracias a que adoptó como ‘santo’ a Garavito.

Lo hace desde que una amiga la llevó a su tumba. “Era un travesti que iba a pedir en el cementerio a las almas. Encontró la tumba de Garavito y un vigilante le dijo que él era el del billete de 20 mil. Le pintó las cadenas que tiene el sepulcro de azul, que es el color del billete. Dice que luego de eso todo el dinero que ha conseguido se lo debe a él.

Mientras este travesti muestra su minifalda y enuncia sus atributos cada vez que un vehículo se aproxima, en su cartera infantil revolotea una estatua de diez centímetros que mandó a hacer con el rostro de Garavito. Cuenta que le costó 40 dólares y que la talló un panameño cuando estuvo en ese país de ‘trabajo’. En su base está pegado con cinta un billete de 20 mil pesos.

Es su amuleto de la buena suerte. Un estuche para guardar lentes de contacto, dos espejos, tres juegos de maquillaje, varios papeles con números telefónicos de clientes y una navaja acompañan en la cartera la esfinge del científico.

“Una noche se me apareció en un sueño y me dijo que le llevara flores azules –dice–. Las conseguí y a la semana un cliente que atendí me pagó un millón de pesos. Ahí mandé a hacer la estatua y una lápida que le tengo en Medellín” .

Tiffany, Dayana, Valery, Sheila y otros 25 travestis que no sobrepasan los 26 años y que ofrecen servicios sexuales en un bar de la calle 22 con carrera 17, también van con flores al Cementerio Central a rezarle a Garavito.

Casi todos vienen de otras ciudades del país porque huyen de sus familias que los rechazan por intentar convertirse en mujeres. “No tenemos familia cerca, nos pegan los indigentes y borrachos. Muchos consumimos drogas y alcohol. Tenerle fe a alguien, así sea un muerto, es puro instinto y si dicen que resulta uno va y pide” .

Con estas palabras Yulifains Martínez, otro travesti fiel a Garavito, explica el porqué de su creencia. Para la mayoría el principal pedido es que nunca falte el cliente y menos el anhelado ‘billetico azul’. El mito lo comparten prostitutas, peluqueros y hasta indigentes hablan de los milagros concedidos por el científico.

Lo curioso es que ninguno tiene idea de que era un importante ingeniero, matemático y geómetra, astrónomo consumado y economista.

Hace casi 90 años murió. Hoy su tumba se convirtió en una romería de travestis que la visitan para que los dote con la abundancia del papel en el que figura desde 1996 su rostro de bigote, ojos azules y pelo fino peinado hacia atrás.

El ritual Las oraciones se escuchan el lunes, el día que dedican los fieles a pedir por las almas. Cien pasos al sur, entrando por la calle 26, en el ala noroccidental del Cementerio Central, está el sepulcro de Julio Garavito.

En grupos de a tres, máximo cuatro, entran a visitarlo los travestis. Traen ramos margaritas pintadas de azul que compraron en la ‘floristería Betty’, que lleva 55 años en las afueras del Cementerio. Su propietaria, una abuela que los trata como si fueran sus nietos, ya los conoce y charla con ellos sobre los ‘milagros’ que les ha hecho Garavito.

“Ya llegaron los ‘gay-torade’, mírelos. Esos no dejan pasar un lunes. Dejan esa tumba llena de flores”. Así los llama Jhon Quevedo, un joven vigilante que lleva siete años en la portería norte del campo santo. A la cita, esta vez no falló María Fernanda. Entra al Cementerio sin miedo. Aquí no hay homofobia, nadie la mira raro ni la señala.

Se hace la bendición y golpea con el puño cerrado la lápida, para llamar al espíritu. Saca un billete y lo restriega por la columna trunca de un metro en forma de cilindro, que representa la vigencia de la obra del astrónomo.

En la noche, María Fernanda sabrá si su rito le funcionó.

*PROYECTO DE COMUNICACIÓN PARA JÓVENES DE LA DIRECCIÓN DE RESPONSABILIDAD SOCIAL DE CASA EDITORIAL EL TIEMPO Y LA FUNDACIONES PLAN Y RAFAEL POMBO.

Un experto explica el fenómeno social El antropólogo y doctor en sociología Fabián Sanabria, director del Grupo de Estudios de las Subjetividades y Creencias Contemporáneas de la Universidad Nacional, explica que la creencia de los travestis es un comportamiento típico de la pertenencia que se puede tener con una imagen que es un símbolo por estar en un billete.

“A partir de la imagen y la posible manifestación de milagros empieza la invención de una tradición, que parte de la tradición oral y que se convierte en mito”, dice.

“Es lo mismo –agrega– que uno haría con la imagen de un santo o con una fotografía de un familiar”.

Esta circulación de creencias convierte al personaje en un fetiche, agrega Sanabria, con el que los travestis se sienten protegidos.

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