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DE LA SERVILLETA A LA BOLSA DEL PERRO

DE LA SERVILLETA A LA BOLSA DEL PERRO

Seamos justos. Eso no lo inventaron las mujeres que no saben cocinar. La extendida y pésima costumbre de llevarse a casa, con la excusa de que es para el perro , lo que no pudo comerse en el restaurante, no es un hábito de la modernidad.

La tentación de salir de una cena con las sobras se inventó durante el apogeo del imperio romano, cuando para las elites, la comida era abundante. Claro que en esa época no se utilizaba el hoy la popular bolsa para el perro o doggy-bag, sino la servilleta.

Según cuentan los historiadores, el segundo uso civilizado de la servilleta fue ese, robarse las sobras y llevárselas para la casa. El primero, al igual que hoy, fue limpiarse las manos, aunque en el período de Tiberio se las utilizaba casi como toallas, para limpiarse no ya la boca, sino la cara. Antes de que existieran las servilletas y el mantel, los comensales que deseaban llevarse algo de la comida sobrante debían guardarla en los bolsillos. Cosa que ayer como hoy, era mal vista.

El mantel, que apareció en la mesa de la civilización occidental en el siglo I, antecedió por un tiempo a la vestimenta de la mesa, a las servilletas, que se llamaban mappa. Los orígenes de la bolsa para el perrito comenzaron a gestarse cuando algunos anfitriones avaros dejaron de suministrar mappas en sus comidas, aun a riesgo de que sus invitados terminaran limpiándose la mano y la cara con el mantel. Tímidamente primero, y en forma ostentosa después, los comensales comenzaron a llevar a los banquetes sus propias servilletas, primorosamente bordadas, grandes y de finas telas.

De la servilleta propia al guardar en ella la comida sobrante (y en esos banquetes siempre sobraba), no hubo sino un instante de vacilación. La sociedad romana toleró la acción. Y así comenzó la costumbre. Que jamás fue, ni es de buen ver, pero que aún hoy se practica. No porque la comida sea escasa, ni porque el papel del doggy-bag haga sentir menos culpable al protagonista de la acción, ya que no se roba la servilleta, sino porque los que saben cocinar son cada vez menos.

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