El sentido de lo popular, todo un lujo

El sentido de lo popular, todo un lujo

La gráfica bogotana tiene sus sectores. Los dueños de los buses saben que en el barrio La Estanzuela hay más de cinco cuadras dedicadas a ‘engallar’ sus vehículos: cortinas, consolas, letreros en vinilo, la silueta de una diva, que además está desnuda, y muñecos para colgar en el espejo.

13 de abril 2008 , 12:00 a. m.

El asunto religioso tiene en el 20 de Julio a sus máximos comercializadores de un Divino Niño en todos los tamaños y colores, así como de buena parte del santoral hecho estatua, estampa y escapulario, que se une a lo esotérico: baño, perfume, jabón y conjuro.

Este último aspecto muestra su gráfica, también, en Chapinero, donde atienden a su ‘distinguida clientela’, brujos de aquí, de allá y de acullá, que promocionan sus poderes a través de avisos pequeños hechos en papel barato.

Y en el centro están los mundos de la calcomanía y los afiches. En la carrera 10a. con calle 6a. se encuentra el almacén que surte a toda la ciudad.

De toda esa gráfica se nutrieron los integrantes de Popular de Lujo, grupo de los diseñadores gráficos Juan Esteban Duque, Roxana Martínez y Esteban Ucrós que por su carrera hicieron cada uno una colección de objetos e impresos de lo popular y que luego juntaron y se preguntaron qué hacían con eso.

A esa gran colección de colecciones le pusieron Galería Deluxe y la clasificaron por temas. Eso fue en el 2001. En el 2003 crearon populardelujo.com, con la intención de que la gente la viera y sintiera nostalgia por lo popular.

“Y se logró el objetivo –cuenta Juan Esteban Duque–, tuvimos que ampliar el panorama incluyendo fotos, textos y apartados sobre distintos temas e historias”.

Porque detrás de esa gráfica popular, agrega Duque, hay una gran cantidad de personas que trabajan en ella: “Maestros. Pueden no tener educación, pero sí estética y estilo. Cada letrero es una pieza única que da identidad a un negocio”.

Como por ejemplo, la comida. Según Duque, aunque la gráfica en América Latina es muy similar, en la nacional y la bogotana pintar los platos de comida en los restaurantes es muy normal: un pargo o una bandeja paisa (con todos sus ingredientes) son avisos de llamado muy fáciles de encontrar en los ‘corrientazos’.

“Del mismo modo los letreros de venta de minutos de celular, o los de las busetas, que tienen tantos puntos de llegada que hay que diferenciarlos por sus colores. Estos materiales ya son parte de la identidad bogotana”, afirma Duque.

Lo popular expuesto En todo el trabajo de recolección de lo popular de la ciudad, “para conservar su memoria”, los diseñadores fueron invitados a exponer a la Embajada de Francia. Titularon su muestra ‘Qué elegancia la de Francia’.

“Recorriendo la ciudad encontramos que el sentido francés tiene trascendencia: los nombres de muchos salones de belleza son en ese idioma y con la torre Eiffel como símbolo y la cigüeña también es la presentación de locales de ropa para bebé”, cuenta Duque.

Otra de sus muestras fue ‘Me gustas mucho tú’, que ratifica el mexicano que llevamos en el corazón. “Es una presencia latente, tanto en la cotidianidad como en la gráfica: la estética de los mariachis, los murales de los sitios de música mexicana, con las imágenes de Pedro Infante y José Alfredo Jiménez; las generaciones que admiran al Chapulín Colorado y las telenovelas están en nuestro imaginario, así como la lucha libre”, comenta.

En esta recuperación de la memoria popular también han encontrado a los creadores, que no son anónimos para quienes les mandan a hacer un aviso pero sí para quien los lee. Jorge Montes de Oca, ecuatoriano que vive de la gráfica, es uno de ellos.

“Quizá el más importante –sostiene Duque–, por su trabajo pulido y firmado Jorge, a secas. Un año después de dejar nuestra tarjeta en un local donde había un dibujo suyo, nos llamó y empezamos a rescatar su creación”.

Los diseñadores seguirán en su búsqueda. Su página es un referente sobre el tema de lo popular.

Estos diseñadores viven a la caza de nuevas gráficas. Y tienen una en mente para su colección: la que promociona a una lechonería, un cuadro de la Última Cena en el que Jesús y sus discípulos comen lechona.

El vino es gaseosa. “Eso es memoria de ciudad, identificación de lo que somos, no algo kicht, no el gusto por el mal gusto, sino un tema de admiración”, termina Duque

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