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MASACRE EXECRABLE

MASACRE EXECRABLE

Enérgico repudio, por salvaje y por infame, merece la masacre que se perpetró en la madrugada de ayer en jurisdicción del municipio de Ipiales, en el departamento de Nariño, contra un contingente de soldados que viajaban en cumplimiento de la misión que la Constitución y las leyes de Colombia les han encomendado a las Fuerzas Armadas en la defensa y la guarda del orden público y la soberanía nacional.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Hoy va nuestra voz de solidaridad para los padres, las viudas y los huérfanos de los soldados muertos que, para el momento en el que se escriben estas letras, superan las tres decenas. Va, también, nuestra voz de aliento para los heridos con la sincera esperanza de que recuperen pronto su salud.

Cuando precisamente el país se debate en medio de una gran incertidumbre política, estos actos, aleves y cobardes, solo demuestran un espíritu delirante y sanguinario, que en nada contribuye a la búsqueda de mejores condiciones de vida para los colombianos. Por el contrario, su contribución consiste en seguir sembrando violencia, desgracia y dolor en los hogares de quienes habían optado por prestarle sus servicios a la Patria.

A la indignación que hoy sienten todos los colombianos de bien, se suma la preocupación de por qué se siguen sucediendo estas matanzas de miembros de la fuerza pública, y si deben revisarse a fondo los procedimientos mediante los cuales se movilizan los contingentes militares en zonas de reconocida presencia subversiva. Es bien sabido que precisamente para evitar que se produzcan este tipo de arteras emboscadas guerrilleras existen estrictas normas sobre la forma como deben desplazarse las patrullas y convoyes militares, a fin de no facilitarles a los subversivos ataques que puedan causar tan grande número de bajas.

El horripilante saldo de más de 30 soldados muertos y 18 heridos, incluyendo a oficiales y suboficiales, parece indicar que los procedimientos señalados no están siendo observados con el debido rigor. La investigación que sobre esta materia han anunciado los comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército debe llevarse a fondo, y aplicarse todas las sanciones disciplinarias a que haya lugar.

Ya es demasiado alta la cuota de sacrificio que ponen las Fuerzas Armadas en su lucha por la defensa de las instituciones, contra una subversión que golpea sin dar la cara y que se ha especializado en el terrorismo dinamitero, como para que la lista de los caídos por la patria aumente en forma innecesaria por descuidos que se podrían evitar, o por simple omisión de las normas militares vigentes para estas situaciones.

En estos momentos de indignación y dolor le hacemos llegar al Ejercito de Colombia nuestra voz de aliento y solidaridad, a la vez que formulamos un llamado a todos los colombianos para rodear a nuestras Fuerzas Armadas en la batalla que libran en defensa de la democracia y de los valores más preciados de nuestra sociedad.

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