CHILE, UNA BUENA CASA EN MAL BARRIO

CHILE, UNA BUENA CASA EN MAL BARRIO

06 de marzo 1995 , 12:00 a.m.

A fines de los años 80, el editor económico del diario El Mercurio publicó un artículo titulado Chile: Adiós a Latinoamérica , provocando gran polémica por cuanto se sostenía que el ritmo de crecimiento que había adquirido el país hacía presagiar que dentro de poco estaría avanzando al ritmo de los tigres asiáticos, mientras el resto del continente languidecía.

Más aún, las características que estaba adquiriendo su economía la hacían estar más cerca de los procesos de desarrollo del mundo industrializado que del turbulento y errático andar regional.

Iluso fue lo más suave que le endilgaron al entonces editor económico y hoy agresivo alcalde de uno de los municipios más progresistas de la zona capitalina. Primero, rebatieron su aseveración de que el país estuviera caminando más rápido que el resto del continente, y, luego, le advirtieron que el modelo del entonces gobierno militar sería desmantelado apenas retornara la democracia.

El modelo era bueno Pero, como suele ocurrir, otra cosa es con guitarra . El primer gobierno civil reconoció que el modelo servía e introdujo pocas modificaciones. Algunos ajustes de carácter social, en especial en el campo laboral, fueron las acciones más distintivas.

En segundo lugar, los economistas de la democracia restaurada se percataron de que, efectivamente, Chile había superado la crisis económica de comienzos de los 80 antes que el resto del continente y estaba creciendo a una tasa notablemente mayor.

En todo caso, los estrategas gubernamentales estimaban que las acciones estaban rindiendo frutos. Chile aparecía descollando en una corriente de cambios económicos en América Latina junto con México y Argentina, a la que luego se sumaría Perú. Se trataba de un escenario altamente atractivo para inversionistas norteamericanos que corrieron con sus recursos para aprovechar los cambios, las privatizaciones de empresas y, en algunos casos, las altas tasas de interés que pagaban estos países sedientos de dinero fresco para financiar el desarrollo.

El frente de mal tiempo vino con la crisis mexicana. El tequilazo hizo que se tambaleara todo el continente. La música puesta por el tanganazo ayudó a que el alegre corrido mexicano que entonaba América Latina se convirtiera en una lastimera milonga.

Para los inversionistas norteamericanos se percibía sólo un coro que desentonaba, sin que se distinguiera alguna voz en especial. Esto ha desolado a los chilenos, quienes creen tener la economía más ordenada de la región y ha hecho recordar cuánta razón se escondía tras el polémico título del editor de El Mercurio. Tenemos una buena casa en un mal barrio sostienen hoy algunos economistas de gobierno. Y el ministro de Hacienda Eduardo Aninat, se esfuerza en buscar la fórmula que permita diferenciar al país del resto de América Latina.

Primero, acelerar una campaña de imagen que estaba en marcha con el fin de resaltar las fortalezas de la economía chilena. Luego, el anuncio de que el 15 de marzo próximo el país prepagará parte de los 3.800 millones que adeuda a los organismos agrupados en el Club de París y que se arrastra de la crisis de comienzos de los 80.

(*) Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.

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