SE ESFUMA EL SUEÑO DE BALLADUR

SE ESFUMA EL SUEÑO DE BALLADUR

Los sobresaltos electorales de Francia, el ballet de los sondeos y mítines propios de cualquier campaña hacen que los candidatos suban y bajen, impulsados por una marea de opinión que unas veces los consagra y otras los condena.

01 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Pero la caída del primer ministro Edouard Balladur en esos sondeos, los mismos que 5 semanas antes lo coronaban como supremo ganador, supuso un vuelco que sorprendió a todo el mundo y que, tal y como van las cosas, ya parece definitivo a favor de Jacques Chirac, alcalde de París y presidente del partido neogaullista Asamblea para la república (RPR, derecha moderada). Cómo pudo suceder? La historia comienza un poco antes: durante todo el año 1994 los sondeos eran muy claros a favor de Balladur. En ese momento la opinión pública apreciaba su sinceridad, sus escasas y lacónicas palabras, su actitud distante. Balladur fue, en efecto, el único político de la historia de Francia que logró ganar popularidad dando malas noticias, pues la gente se dejó seducir por su estilo sobrio y por la realidad real que ofrecía, tan lejana de esa otra realidad virtual a la que estaban acostumbrados por los políticos tradicionales.

La efímera aparición del socialista Jacques Delors en la palestra presidencial cambió las cifras de los sondeos y Balladur pasó al segundo lugar (detrás de Delors). Pero Delors dijo NO a la candidatura, con lo que el Primer Ministro volvió a ocupar el puesto de cabeza con diferencias importantes sobre el alcalde de París, su copartidario Jacques Chirac en el RPR, y sobre los hipotéticos candidatos socialistas de ese momento.

Exceso de confianza Balladur estaba seguro de su victoria, tan seguro que creía que su entrada en campaña podía demorarse hasta mediados de enero del 95, ya que entre las filas de quienes lo apoyaban, se afirmaba que Balladur no tendría siquiera que hacer campaña y que ganaría desde la primera vuelta. Y para llegar a lo más alto en la cresta de la ola, Balladur recibió el apoyo público del ministro del Interior Charles Pasqua, quien, el 26 de diciembre de 1994, se anotó un verdadero gol de tiro libre con la liberación del avión de Air France secuestrado en Marsella por los islamistas argelinos.

Tan seguro estaba Balladur que no cambió el tono de su voz, nunca se reclinó para darle la mano a la gente y jamás hizo la más mínima concesión a la realpolitik, alzando niños y besándolos delante de las cámaras. Tan seguro, además, que anunció la candidatura desde su oficina en el Palacio de Matignon (sede del Primer Ministro), entre banderas de Francia y cigarreras de plata, con lo que su imagen se hizo aún más distante y efímera para los franceses. Y entonces vinieron los problemas.

Dos derrotas Primero el pulso con los estudiantes de los Institutos Universitarios Tecnológicos, que se opusieron a una reforma balladuriana que les depreciaba su diploma. Balladur, para no tener un nuevo enfrentamiento, dio un paso atrás y retiró la propuesta.

Y luego el definitivo: el escándalo del espionaje telefónico, un montaje para desacreditar a un juez que investigaba sobre las cuentas del partido RPR en el departamento de Hauts-de-Seine, cuyo presidente regional no era menos que Charles Pasqua. Este escándalo, para el que el presidente Francois Mitterrand pidió una investigación que culpabilizó al jefe de la policía (que debió dimitir), obligó a Balladur a reconocer en publicó que había sido mal informado dos días después de afirmar con voz grave que él mismo había dado las autorizaciones y que se trataba de algo completamente legal.

Fue la catástrofe, pues su imagen de racional y severo comenzó a teñirse de una cierta cobardía. La gente decía en la calle que Balladur, al primer problema, escondía la cara. Y entonces los números comenzaron a bajar. De un margen de victoria que rondaba el 60 por ciento en segunda vuelta con cualquiera de sus oponentes, pasó primero al 50 por ciento, y luego empezó a perder de cara a Jacques Chirac.

Chirac, que ya llevaba casi tres meses de campaña, hacía una labor de político de oficio recorriendo Francia de cabo a rabo, palmeándose la espalda con campesinos y mineros, comiendo chorizo y longaniza en las plazas de mercado y haciéndose retratar con los famosos excluidos . Y mientras tanto qué hacía Balladur? Hablar con la razón, lanzar ideas, afirmar que su programa era el mejor por ser la continuación de un lento y gris trabajo de administración.

Cuando Balladur decía que iba a reducir en 200.000 el número de desempleados (que en Francia es de 3.300.000), Chirac decía que iba a acabar con el desempleo. Y así todo el tiempo, hasta que la tendencia en la primera vuelta quedó invertida: Chirac a la cabeza, luego Jospin y tercero Balladur, con victoria de Chirac en segunda vuelta contra cualquiera de los dos.

Aterrizaje forzoso Entonces Balladur, aconsejado por sus pares, decidió bajar a tierra e intentar reponer lo perdido haciendo una campaña de político de oficio en contra de su estilo y su personalidad. Así, los franceses pudieron verlo acariciándole el lomo a una vaca en el Salón de la Agricultura, alzando niños, saludando a la gente. Pero la técnica funcionó (y funciona) mal, pues a pesar de que a sus espaldas los consejeros le gritaban Sonríe, Edouard, sonríe! , el Primer Ministro no logra vencerse a sí mismo.

Balladur corre contra el reloj, multiplica sus apariciones públicas y disminuye las de Pasqua, pero no se construye Roma en un mes y además, quienes apoyan a Balladur no logran dar con la fórmula que les permita, sin pasar vergenzas, bajar a la plaza luego de las ínfulas de hace 5 semanas, cuando todos tocaban el cielo con las manos.

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