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QUÉ FUE PRIMERO: EL AMOR O LA PALABRA

QUÉ FUE PRIMERO: EL AMOR O LA PALABRA

Son bien conocidas las caricaturas del académico Antonio Mingote, donde nuestro tatarabuelo el homo erectus, siempre garrote en mano, arrastra a su mujer jalándola del pelo para llevarla hasta su cueva. Si así fue el romance primitivo, poca falta harían las palabras para el amor y, entonces, este habría existido sin aquellas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Celtas y romanos Ya llegando a la plenitud de los tiempos, cuando nuestros bisabuelos romanos llevaban a sus dominios el derecho, los acueductos y el latín, las cuevas habían quedado para los animales irracionales y los racionales usaban casas. Los celtas, habitantes de la península ibérica en el siglo II a. de C., época de la conquista romana, llamaban esaberri o echeverri su casa nueva, a donde llevaban a su mujer después de algún paseo por el solórzano, prado, sin salirse del amaya, límite.

Cuando iban al mercado a comprar manteca, se dejaban acompañar de algún perro, evitaban pisar charcos, descasaban a la sombra de los abedules sobre la lama y cuidaban a sus hijos para que no se fueran por el barranco. Aunque sus casas podrían pasar hoy por chabolas y sus vestidos por rústicas chamarras, su desarrollo cultural está demostrado por las innumerables inscripciones que en su lengua han encontrado los investigadores contemporáneos.

Y llegaron pues los romanos, maestros en administración, derecho y obras públicas. Pero, no por ello se acabó el romance. Por una no tan extraña curiosidad Roma es amor al revés. Así que, también con el latín, lengua oficial de los romanos, llegaron novio y novia, nuevo; rosa, matrimonio y ágape, esta última versión latina del griego afecto .

Por supuesto, los romanos también trajeron de Grecia fantasía, música, poesía y tragedia, para hacer más divertido el romance.

A partir del siglo III casi todo fue romance, pues la política se vino a pique y comenzó la franca decadencia del Imperio Romano. Hubo más tiempo para el corpus, no propiamente el jurídico, y para el vinum, la carnis, la lingua, las manus. Así, todo fue bonus como el aqua y el romance se volvió largus, longus, mollis, plenus y rotundus.

Germanos y árabes Pero, como no hay bien que dure cien años ni pueblo que lo resista, llegó a la península ibérica, en el siglo V, la guerra. Sus autores eran los visigodos, tribu germana a la que la historia recuerda con el epíteto de bárbara , como llama también a sus hermanos godos, vándalos y francos. El grado de barbarie de estos guerreros no impidió que sus feraldos, heraldos, llevaran farpas, harpas, arpas, que, sin duda, más que para hacer la guerra sirvieron para hacer más musicalmente el amor.

Recaredo, rey visigodo que gobernó a Hispania, se civilizó y hasta se convirtió al cristianismo, gracias a los cual hubo paz y la consecuente dosis de romance.

El reinado visigodo terminó en el siglo VIII, cuando llegaron nuestros abuelos árabes a la Península. La guerra contra los cristianos la dirigían los adalides, que recibían información de sus atalayas y dirigían ejércitos armados de alfanges y adargas. Pero antes que terminar el amor, la llegada árabe lo sofisticó. Andalucía se vio llena de algodón, almohadas, alfombras, jofainas, babuchas y alcohol.

Las muchachas comenzaron a acicalarse para ir a los almacenes y, a pesar de las elevadas tarifas, compraban telas de color azul o carmesí, tazas, jarras, azucenas, almíbar y hasta azúcar por arrobas. Sus románticos pretendientes, fueran alcaldes o albañiles, les regalaban azahares y alfajores y les cantaban acompañados por el laúd.

Cada vez hubo menos guerra y más romance. Así lo cantaron los juglares del siglo XII, que celebraban los amores de Alfonso VI con la mora Zaida. El buen Cid no solo conquistó territorios musulmanes para el cristianismo sino también hermosas damas para el amor. Gonzalo de Berceo escribió al amor en riojano; Juan Lorenzo de Astorga, en leonés; y muchos otros juglares en aragonés o en castellano. Cualquier latín era bueno para el romance.

Españoles y americanos Así transcurrieron siglos y siglos de romance hasta que un romántico de primera categoría, nacido en Venecia, casado en Portugal y excelentemente bien relacionado en España, decidió demostrar que, como el mundo era redondo, se podía llegar a las Indias por el lado menos convencional. Su teoría funcionó, solo que a mitad de camino descubrió un Nuevo Mundo y tres carabelas llenas de españoles trajeron a América el romance.

La libido de los navegantes se disparó cuando vieron a las nativas en su más puro estado original y fue así como comenzó el gran romance de nuestros abuelos españoles y nuestras abuelas americanas del cual somos fruto millones de mestizos que heredamos el gusto por el romance.

Los conquistadores fueron aprendiendo a usar la canoa y la piragua; comieron arepa y otros preparados de maíz y retozaron en bohíos y en hamacas, a la par que las conquistadas aprendían el romance.

Cuando llegaron los negros el amor se hizo al ritmo del bongó, la conga, la samba y el mambo, animado con algo de guarapo y si era preciso con una pequeña dosis de burundanga.

El romance llegó a niveles de locura tanto en la España peninsular, donde los quijotes andantes perdían la razón por sus dulcineas, como en la España de ultramar, donde una María de Todos los Angeles, mezcla de yoruba, mandinga y castellano, murió de amor por su exorcista.

Día del Idioma A ese romance que tanto sirvió para el romance era preciso hacerle más de un homenaje. Por eso, Fernando e Isabel declararon el romance castellano idioma oficial del reino. En 1492, Nebrija elevó el romance de vil a clásico con la publicación de la primera gramática castellana. Colón lo prefirió a otras lenguas latinas para escribir su diario de a bordo. En 1713, el marqués de Villena fundó la Real Academia Española para limpiar, pulir y fijar el trajinado romance. En 1770, el castellano fue declarado idioma oficial del Imperio donde nunca se ponía el sol. En 1871 se fundó la Academia Colombiana de la Lengua y en años posteriores otros países hispanohablantes imitaron la idea hasta completar 22 Academias, incluida una filipina, en Manila, y otra norteamericana, en Nueva York.

Como Cervantes, máximo cultor del romance castellano, murió un 23 de abril, el presidente López Pumarejo instituyó en esa fecha de 1938 el Día del Idioma, que desde entonces se celebra en toda la nación. Nación que en 1991 ratificó su amor por el maduro romance en el artículo 10 de su nueva Constitución.

El legado de nuestros antepasados celtas, romanos, germanos, árabes y chibchas se encuentra a gusto en el acrónimo y en el bolero, en el soneto y en la balada... en el galanteo, en la conquista, en la seducción, en el despecho, en el legendario alarde del amante latino... Nuestro romance es, como dice aquel hispanista canadiense, la lengua de la masa, la mesa, la misa, la moza y la musa.

Feliz Día del Idioma!

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