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PESIMISMO SIN COMPETENCIA

PESIMISMO SIN COMPETENCIA

Desde antes que comenzara este año se sabía que sería menos bueno que los dos anteriores. Se entendía, al comienzo, que la tarea para 1996 era frenar el recalentamiento de la economía a través de un aterrizaje suave , superar la crisis política y prepararse para un futuro feliz garantizado por las exportaciones de petróleo que florecerán en 1997 y 1998.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de abril 1996 , 12:00 a. m.

Pero en cuatro meses la percepción ha cambiado radicalmente. Hay una sensación general de temor. Las tasas de interés no bajan, la economía no se mueve y la crisis política no da señales de terminar nunca. La causalidad entre estos tres temas es materia de eternas discusiones, habladas y escritas, sin que nadie espere ya de ellas una solución práctica.

La situación ha registrado un cambio cualitativo fundamental.

Un factor crítico es que se ha extendido la idea de que las cosas tienen altas posibilidades de empeorar. El Emisor defiende el actual nivel de reservas porque quiere estar preparado por si las cosas empeoran. Las tasas de interés no bajan, entre otras cosas, porque a los bancos les parece insensato no cobrar una prima de riesgo, por si la situación se sigue dañando. Empresarios y consumidores se abstienen de materializar sus planes de gasto, por lo mismo.

Y el pesimismo ha hecho carrera porque cada vez tiene menos competencia. No hay en este momento quien venda el optimismo. Cuando empresarios y consumidores miran hacia las autoridades económicas no encuentran quién los convenza de que las cosas van a mejorar. Encuentran una serie de recriminaciones mutuas entre el Emisor y el Gobierno, que no confían el uno en el otro y cohabitan a las malas. Encuentran también un Ministro de Hacienda obligado a cargar con la poca credibilidad que le queda al Gobierno en materia económica, mientras que las demás carteras del área parecen haber entrado en coma.

La situación va a seguir así mientras dure la crisis política, o mientras no aparezca una fórmula verosímil para ponerle fin. Nadie va a creer que las cosas pueden mejorar si la crisis no se resuelve.

El gobierno tiene la responsabilidad de plantear esa solución.

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