OCIOLATRÍA

OCIOLATRÍA

Quién difunde cultura en la TV? Más que la pregunta del millón, puede ser la pregunta sin respuesta. Primero, porque como género no existen los programas culturales; segundo, porque todo tipo de espacios tendrían que serlo y no lo son. Puede armarse un auténtico galimatías si se plantea una discusión en esos términos.

02 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Hay que intentar, no obstante, algunas precisiones. Hoy por hoy, el mejor programa cultural debería ser Talentos , cuya estructura y manejo equilibran un contenido que a la vez que suministra valiosa información al televidente, lo gratifica. Pero no es habitual que la crítica clasifique como cultural un programa que está encasillado como periodístico, que corresponde tanto a la crónica como al reportaje. Sucede igual con otros espacios (en el aire, o ya en la memoria, como Travesías o Expediciones submarinas ), que sin ser telenovelas, o noticieros, o viajeros, o humorísticos, corrieron con la suerte de lograr el respaldo de una buena financiación, que significa tanto como una producción decorosa.

Ahí puede estar por lo menos el principio de la difícil respuesta: los que aquí se llaman programas culturales son los que de alguna manera se relacionan con el arte y con la historia, y lamentablemente el arte y la historia que para productores y programadores parecen ser la única identidad de la cultura han caído en la desgracia de convertirse en sinónimo de aburrimiento, elitismo, ladrillos . Y algo peor: rellenos. Porque a la hora de la verdad, si estamos de acuerdo en los términos, la televisión vive llena de los llamados programas culturales, todos rasados con idéntico tratamiento; horarios pésimos, cero presupuesto, ninguna promoción. Algo más los asemeja: casi todos superviven por esfuerzo de sus presentadores, que como son personas interesadas en la difusión de la cultura y sumergidas en ese mundo infinito hacen hasta lo imposible por tratar de revestir con decoro a un ente lerdo y pobre como ninguno.

De butacas y otras tablas Hay que ver las escenografías, los apoyos visuales, el número de cámaras o los alardes técnicos: siempre, llámese Correo especial , Esta es su vida , Ventana al libro , Primera fila , etc., habrá dos o tres butacas, una mesa, un par de reflectores y una tabla de fondo. Y nada más. La charla deberá sostenerse durante media hora, y cuando, a pesar de la habilidad de los conductores, el personaje no da la talla, el flamante programa cultural se transforma en una auténtica lata. De nada valdrán la experiencia y la audacia de Gloria Valencia y Bernardo Hoyos; de nada, la devoción y la imaginación de Eligio García y José Luis Díaz Granados; mucho menos (aunque esta vez el fondo esté tapizado de libros), la especializada sapiencia de Alberto Dangond y la presencia grata, a veces casi muda, de sus bellas hijas. Se ha visto algo más pobre y más triste, a la vez que más antitelevisivo, que el programa de la Academia de la Lengua? Por qué? Porque la televisión no se puede hacer con las uñas, y es así como los productores quieren que se haga la televisión cultural .

No hay derecho, por ejemplo, a que se desperdicie un programa diario como Momento cultural , de Punch, en la transmisión de notas frívolas, baratas, cuando bien podrían capitalizar un espacio cuyas características reclaman una buena crítica de artes plásticas, una gran polémica literaria, un terreno para hablar de teatro y de filosofía y de ensayo y de todas aquellas cosas que constituyen nutrientes para el espíritu, y que entre nosotros se minimizan frente al deporte, la política, la cursilería y otros demonios vivos y poderosos de nuestra televisión.

Nadie recuerda acaso que una de las épocas más brillantes fue la de Marta Traba? Aparte de sus sobrados méritos, Botero y Obregón, Grau y Negret y muchos otros maestros deben su reconocimiento a esa fogosa crítica que a través de la televisión convirtió a la pintura y la escultura, la arquitectura y la fotografía en pan de cada día de los colombianos. Por qué no hacer lo mismo, ahora, para demostrar que a pesar del silencio de los medios y del canibalismo criollo, existe, sí, una nueva literatura colombiana? Por qué no poner el dedo en la llaga de lo que pasa en el teatro? Por qué insistir en que solo el arte y la historia son cultura y relegarlos al desván? Láncenlos sin misterios, en igualdad de condiciones, a competir, a buscar sintonía, a demostrar que la cultura es todo.

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