ISIDRO PARRA, FUNDADOR Y PRECURSOR CAFETERO

ISIDRO PARRA, FUNDADOR Y PRECURSOR CAFETERO

Cualquier investigador de nuestra historia nacional que se decida a estudiar con cuidado y devoción la historia de alguna de nuestras regiones geográficas puede llevarse la sorpresa de tropezar, de pronto, con uno o varios personajes realmente maravillosos, por su valor intrínseco, por sus proyecciones en la vida colombiana, por su trascendencia en el desarrollo de acontecimientos claves en el decurso de nuestro acontecer social. Tal es el caso del general Isidro Parra, fundador de la ciudad del Líbano, en el departamento del Tolima, y uno de los más destacados pioneros de la industria cafetera en el país.

02 de abril 1995 , 12:00 a.m.

El general Isidro Parra nació en la población antioqueña del Peñol, el 15 de mayo de 1839. Fue un verdadero autodidacto, pues sólo asistió un año a la escuela pública. Pero a pesar de ello, y de no haber salido nunca de su país, llegó a conocer varios idiomas, entre ellos el francés, el inglés, el latín y el alemán. Los conocimientos que adquirió de este último, por su propia cuenta, le permitieron traducir directamente el libro Manual de la filosofía del ser, de Herrenshneider, el cual publicó en la pequeña imprenta que introdujo, junto con un piano, por selvas intrincadas y abruptas cordilleras, hasta las soledades apartadas donde fundó la ciudad antes citada. Fue, pues, uno de los más destacados protagonistas de ese gran movimiento masivo conocido como la colonización antioqueña , llamada a transformar las estructuras económicas y sociales del país, durante el siglo pasado.

Nuestros historiadores regionales han señalado la personalidad de Isidro Parra como la de un valeroso militar que tuvo un notable desempeño en las guerras civiles del siglo pasado, especialmente en la de 1876, en la que se destacó como un verdadero héroe militar y estratega en el combate de Garrapata, al lado del general Santos Acosta. Años antes había luchado en las filas de la revolución triunfante del general Tomás Cipriano de Mosquera, quien admirado con las dotes intelectuales del joven Parra, no tuvo inconveniente en nombrarlo secretario de Guerra y Marina, a pesar de que éste apenas tenía 21 años. Pero esto es quizás lo menos importante en la vida del prócer antioqueño. Lo que realmente enaltece su personalidad histórica y lo coloca entre las primeras figuras colombianas del pasado son sus condiciones de líder cívico, fundador de una ciudad próspera y pujante; sus atributos intelectuales que lo llevaron a fundar colegios y centros de cultura, a difundir el pensamiento civilizado de muchos pensadores contemporáneos, a defender siempre, a toda costa, los derechos humanos y las libertades inherentes a la personalidad humana.

Amigo del Olimpo Como hombre de empresa, el general Parra fue el primero que sembró la semilla del café en tierras de la colonización antioqueña, hacia 1870. Curiosamente llevadas desde Sasaima y Viotá, por estar la región del Líbano sobre la vertiente oriental de la cordillera Central, relativamente abierta a la influencia de lo que hoy es el departamento de Cundinamarca. Cultivó el precioso grano en sus propiedades de La Moka y Mesopotamia y directamente lo exportaba hacia Europa, especialmente hacia Alemania, por el puerto de Honda. Pero, además, fue uno de los impulsores más destacados de la industria minera en el Tolima, con sus famosas minas de La Plata .

Ninguna de estas actividades económicas desarrolladas por el general Parra limitaron su permanente quehacer intelectual. A la vez que atendía sus compromisos de agricultor y exportador, dedicaba muchas horas de su diario discurrir a la lectura, a la reflexión, a escribir páginas de honda filosofía, a la difusión de las ideas democráticas y a la educación de la juventud. Su modestia, su honradez, su bondad, su probidad, su buen criterio para juzgar a los hombres y las circunstancias, fueron factores decisivos para que los grandes hombres del llamado Olimpo Real, encabezado por Manuel Murillo Toro, Santos Acosta, Santiago Pérez y Sergio Camargo, solicitaran con frecuencia su consejo y su opinión sobre importantes y delicadas cuestiones de gobierno. Fue representante al Congreso, designado a la Presidencia del Estado Soberano del Tolima y varias veces miembro de la Asamblea Legislativa del mismo, a la cual presentó y obtuvo la aprobación de los proyectos del Código Fiscal y de Policía que estuvieron vigentes en esa sección del país hasta la época de la mal llamada Regeneración .

Fue vilmente asesinado el 17 de marzo de 1895, por defender la validez de sus principios democráticos. Ahora que se va a conmemorar el centenario de su muerte, la municipalidad del Líbano, encabezada por su alcalde y sus ediles, se prepara para difundir su valiosa correspondencia personal y política con estos grandes conductores de la nacionalidad colombiana y especialmente su biografía, la cual debería ser ejemplo y guía para los actuales mandatarios del país. Una vida limpia y honorable al servicio de la República. Por todo ello, la figura procera del general Isidro Parra trasciende los ámbitos regionales para colocarse entre los grandes de Colombia.

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