LA ONU, BOTÓN DE-MUESTRA

LA ONU, BOTÓN DE-MUESTRA

Hay un actor dentro de este complejo escenario de la postguerra fría que resume, como ninguno, la confusión que reinó en 1993: las Naciones Unidas. Aunque la organización vivió uno de sus años más intensos en la búsqueda de resolución de conflictos probando incluso la intervención, predominaron los fracasos.

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La explicación está en que la institución es parte del debate de la transición, que, en su caso, se traduce en la búsqueda de un papel para los nuevos tiempos. Y donde, por supuesto, no hay consenso.

Arrastrada por Estados Unidos, las Naciones Unidas prueban en Somalia la injerencia por razones humanitarias y tratan de imponer la paz. Fracaso rotundo de este ensayo como policía mundial.

En Bosnia, las divisiones internas de sus miembros le impiden asumir un papel que vaya más allá de la ayuda humanitaria y el bloqueo. Lo mismo sucede en Haití.

Con estos dos ejemplos, 1993 dejó muy mal parados a los defensores de la teoría del peace maker, entendida como la tesis de que en el mundo de hoy la ONU debe intervenir en los conflictos para lograr su solución, aun si esto implica usar la fuerza.

Primero, porque en esta década de particularismos, pocos parecen estar dispuestos a que la paz se imponga, y segundo, porque los propios miembros permanentes del Consejo de Seguridad no tienen mucha capacidad de consenso para definir los caminos de solución que se deben adoptar.

Es más, los dos grandes acuerdos del año, el surafricano y la autonomía palestina, se concretaron al margen del organismo, precisamente para evitar este mar de intereses enfrentados. Aunque también porque en los años anteriores, la ONU tomó partido a favor de uno u otro bando (sanciones, resoluciones, etc.).

Los éxitos de la ONU dejan una lección: vinieron de procesos donde el organismo fue llamado para mediar entre las partes. Camboya y El Salvador refuerzan la tesis de que la ONU debe fortalecer su misión mediadora peace builder (constructor de paz), pero evitar la tentación del pacificador , actitud que hasta la única superpotencia del mundo parece estar desechando.

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