ALTERNATIVA ÚNICA, LA MUERTE

ALTERNATIVA ÚNICA, LA MUERTE

La vida de los jóvenes en algunos barrios marginales de las grandes ciudades es una ruleta rusa. Las posibilidades de surgir se les acaban a medida que crecen. Algunos logran salir adelante, pero otros se desbordan por caminos difíciles luego de agotar las posiblidades de estudiar o de conseguir empleo.

31 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Este último punto es uno de los aspectos que más preocupa a las entidades de rehabilitación. Casi el 34 por ciento de los jóvenes comprometidos en delitos en 1992 no tenían trabajo.

Muchos de los que salen de aquí no tienen posibilidades de ubicarse laboral ni académicamente y reinciden . El que habla es Fray Salvador Bartolomé, director de El Redentor, una institución donde se reeducan 340 hombres y 40 mujeres por las infracciones de mayor gravedad. Allí estuvo Andrés Gutiérrez, el adolescente que disparó contra el candidato de la Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo. El 90 por ciento de los muchachos que va a parar a El Redentor, proviene de sectores pobres.

El bajo nivel de escolaridad de los infractores también revela su situación de marginalidad: el 30 por ciento es analfabeta, el 27.5 ha estudiado la primaria, el 17.3 bachillerato, el 1.5 por ciento vocacional y 23.4 no se especifica en el documento del ICBF.

En ocasiones son reconocidos pandilleros. Según la Policía Metropolitana de Bogotá, en el Distrito Capital existen 42 pandillas juveniles conformadas por unos 560 integrantes.

La pandilla y el estatus Una juez de menores opina que en Bogotá existen muchas más pandillas que las registradas por los organismos de seguridad. Por lo menos un treinta por ciento de los muchachos que llegan aquí tienen vínculos con alguna pandilla, que a veces ni tiene nombre ni es reconocida .

El joven afirma otra juez busca la pandilla porque esta es un medio de lograr estatus y de defenderse en un entorno agresivo .

Uno puede tener muchas cosas buenas dice Arturo, ex miembro de una pandilla, pero el medio no permite que las demuestre porque eso es signo de debilidad, y si uno muestra debilidad se la montan .

Según la policía, estas organizaciones cobran venganzas por encargo, atracan, y a veces se enfrentan con otras pandillas por territorio. Algunos de sus integrantes usan armas de fuego y se movilizan en vehículos y motos. El 83.5 por ciento de sus integrantes ha estudiado primaria y el 16.5 hasta cuarto de bachillerato.

Las investigaciones de la policía de Bogotá señalan que entre las pandillas juveniles más temidas figuran Los Gigios, Los Canecos y los Anatolios.

El proceso de formación de las pandillas, en la mayoría de los casos, es el mismo que cuenta Sergio, un adolescente del suroriente: Uno se reune en la esquina a charlar de fútbol o de cualquier cosa, y los cuchos empiezan a montarla y a decir que somos bandidos, nos tratan mal y uno les responde rompiéndoles los vidrios. A veces el que la monta es otro parche por alguna hembra o porque la tienen cazada con alguno de nosotros. Ahí es cuando a uno le toca armarse y comienzan los problemas porque si uno tiene un fierro y anda grave (sin dinero) consigue el billete como sea .

De ahí en adelante la muerte está presente en cada paso de estos muchachos. Es una vida pocas alternativas. Así lo piensa Javier: A uno le toca frentiar, saber hablar y hacerse respetar. Y si uno la llega a cagar con otro man tiene que perderse o tumbarlo . En busca de un mañana Antes, cuando caminaba por las calles de su barrio esperando coronar o que se lo llevaran , Pedro pintaba demonios en las chaquetas de cuero de sus compañero de parche. Hoy dibuja paisajes y escenas subrealistas para vivir de su venta. Está tranquilo y no quiere saber nada más de armas.

Igual sucede con otros dos muchachos que vendieron sus revólveres para comprar materiales sintéticos y hacer adornos para las casas, ayudados por una entidad privada.

Es un proceso que realiza la comunidad del barrio Santa Librada, en la zona de Usme, con unos 50 muchachos vinculados a uno de los once parches del sector.

En Santa Librada, un barrio de calles irregulares y sin pavimentar, también funciona un Comité de Apoyo a la Juventud, que comenzó por fomentar cosas pequeñas: que los adultos saluden a los muchachos y les respeten sus expresiones culturales como el baile y la vestimenta.

La agresividad de los muchachos se disminuyó notablemente. Este año unos 15 de ellos ingresaron a trabajar como obreros con recomendaciones del director del Centro Educativo Distrital Brasilia, Pedro Muriel, principal gestor del proceso.

Organizamos charlas, talleres, fogatas, actividades culturales para que los jóvenes manifiesten sus inquietudes , dice Muriel. Algunos de los muchachos tienen proyectado montar una tienda cooperativa que venda los productos de los microempresarios de la zona. También esperan que las instituciones los apoyen para crear un centro de capacitación que cobije a más de dos mil muchachos que cada año no pueden ingresar a bachillerato en la zona de Usme por falta de cupos. Nota: El nombre de los adolescentes que dieron su testimonio fue cambiado por razones de seguridad.

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