LA FAMILIA ES PROTAGONISTA DE LA PAZ

LA FAMILIA ES PROTAGONISTA DE LA PAZ

El Papa Juan Pablo II hizo un llamado urgente a todas las familias del mundo para que aporten un granito de arena en la búsqueda de la paz, tan anhelada y necesitada en este momento. Durante su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará este primero de enero, su Santidad lamentó que las guerras, los conflictos, la creciente violencia, las situaciones de inestabilidad social y de pobreza endémica sigan cosechando víctimas inocentes y generando divisiones entre los individuos y los pueblos.

31 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La paz parece, a veces, una meta verdaderamente inalcanzable. En un clima hostil por la indiferencia y envenenado frecuentemente por el odio, cómo esperar que venga una era de paz, que sólo los sentimientos de solidaridad y amor pueden hacer posible? No obstante, no debemos resignarnos. Sabemos que, a pesar de todo, la paz es posible porque está inscrita en el proyecto divino originario .

Según Juan Pablo II, la familia es el principal instrumento para alcanzar la paz, como verdadero fundamento de la sociedad, y como su núcleo natural y fundamental.

Deseo aprovechar la ocasión que me ofrece el Año Internacional de la Familia para dedicar este mensaje, en la Jornada Mundial de la paz, a reflexionar sobre la estrecha relación que existe entre la familia y la paz. Hago votos para que dicho año constituya para cuantos desean contribuir a la búsqueda de la verdadera paz iglesias, organismos religiosos, asociaciones, gobiernos, instancias internacionales una ocasión propicia para estudiar juntos cómo ayudar a la familia, a fin de que realice en plenitud su función insustituible de constructora de paz .

Recordó también, su Santidad, que la familia tiene una función educadora fundamental e insustituible, es el vehículo privilegiado para la transmisión de aquellos valores religiosos y culturales que ayudan a la persona a adquirir la propia identidad. Fundada en el amor y abierta al don de la vida, la familia lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz .

Esto solo se logra mediante el recíproco amor de los cónyuges, valores testimoniados en un ambiente familiar en el que se viva aquel amor capaz de acoger al otro en su diversidad. Y no, con actos como el divorcio, la plaga de la sociedad actual.

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