OTRA AGRESIÓN

OTRA AGRESIÓN

Repugna la perversión, no sólo de los valores lo que se da por sentado sino del lenguaje, con que las bandas armadas sesgan sus acciones criminales. Hace ya largo tiempo resolvieron establecer, como instrumemto de terror, lo que llamaron justicia revolucionaria , que no es cosa distinta de crímenes vulgares, con excusas de naturaleza social o política, que ellas se toman la libertad de designar con el nombre de justicia. Aplicando este expediente bárbaro en oposición a los más elementales principios de los derechos humanos el ELN asesinó en sus comienzos a valiosos jóvenes universitarios que con ingenuo romanticismo, y para imitar a los barbudos de la Sierra Maestra, habían llegado a sus filas. Del mismo modo han continuado eliminando a autoridades civiles o militares y a quienes no comparten su fanatismo. Las Farc y otras organizaciones han incurrido, por la misma vía, en todas las violaciones posibles a la integridad y dignidad de las personas y en genocidios monstruosos como los

31 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sin embargo, nos percatamos ahora de que han decidido extender el alcance de la institución . Pretenden aplicarla no sólo a sus opositores y contradictores, sino también a quienes, escogidos como objetivos económicos, son secuestrados y se hallan en incapacidad de pagar el rescate, o no están dispuestos a dejarse comerciar como vulgar mercancía.

Es el inaudito grado de cinismo a que han llegado en el caso de Carlos Upegui. Después de cuatro meses de realizado el atentado contra su dignidad humana, hacen saber que lo someterán a la llamada justicia revolucionaria . Parodia que, tratándose de una persona como él, no solamente carece de todo pretexto, sino que constituye una nueva agresión. Hombre de provincia, ejemplo de la capacidad de superación de los colombianos. Formado en las disciplinas jurídicas, que practica con clara inteligencia, sin que se le pueda imputar haber usado de su conocimiento de la ley y la jurisprudencia, para dañar a nadie, o torcer los fines de la justicia. Con un desempeño en el sector privado que ha servido para relevar sus altas condiciones humanas. La solidaridad con los desvalidos o el entusiasmo para impulsar obras sociales de gran magnitud.

Un hombre discreto que se ha ganado el afecto y el respeto de cuantos le conocen. Carente de bienes de fortuna, porque su afán no ha sido atesorar, sino servir. Es esta la persona a quien las bandas armadas por una de esas paradojas morales que sólo ellas son capaces de propiciar amenazan con someter a un juicio revolucionario , que obre a manera de máscara de un nuevo crimen.

Debieran, cuando menos, admitir la real causa de sus motivaciones. Aceptar que la guía de su conducta es el ansia de dinero. El ánimo de llenar sus arcas para satisfacer ambiciones personales y proseguir con mejor éxito la guerra contra la sociedad colombiana.

Está bien que las organizaciones de Derechos Humanos se hayan pronunciado contra un hecho tan aleve. Pero sería deseable que promovieran la protesta de sus homólogos internacionales, para que los delincuentes sepan que sus actos conmueven la conciencia del mundo civilizado. Que estas instituciones no están sólo para servir de caja de resonancia a sus campañas publicitarias, sino también para solidarizarse con las víctimas de su brutalidad.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.