SE NACE GAY

SE NACE GAY

En una era en la cual los investigadores han localizado los genes para condiciones como la Enfermedad de Huntington , la Fibrosis Quística , y la Distrofia Muscular de Duchenne , algunos científicos creen que pronto encontrarán genes homosexuales . Esto no sorprende, pues últimamente la prensa popular ha estado especulando con historias acerca de si la homosexualidad es genéticamente determinada. Nos inquieta el actual entusiasmo desbocado por estudios que relacionan los genes con el comportamiento humano. Anteriormente se han utilizado opiniones de científicos acerca de una base biológica de las diferencias humanas, con fines insidiosos; los argumentos de los científicos alemanes antes de la Segunda Guerra Mundial, sobre la inferioridad genética de los judíos, es sólo un ejemplo.

31 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Por otra parte, mucho del viejo análisis científico de los orígenes del comportamietno humano, particularmente usando métodos biológicos, ha sido desechada. En el siglo XIX, por ejemplo, los frenólogos pretendían predecir aspectos de la personalidad de un individuo, por el mero examen de la estructura del cráneo. A pesar de su popularidad, esta ciencia , que con frecuencia incluía explicaciones explícitamente racistas, no se basaba en ninguna evidencia confiable. Más recientemente, después de algunos estudios en prisiones en los años 60, algunos genetistas se precipitaron a la conclusión de que los varones con un cromosoma Y extra, eran más propensos a ser criminales que otros hombres. Los estudios consecutivos en la población general mostraron que esta suposición era injustificada.

Pero eso es el pasado. Es deseable que el campo de la genética del comportamiento se sacuda su cursi historia. Hoy, cuando se pueden utilizar técnicas sofisticadas para analizar el DNA, es posible que el renovado interés en conectar la biología y el comportamiento conduzca al desarrollo de una época más científica. Por otra parte, es posible que no. Una mirada a los estudios recientes que buscan una base genética para la homosexualidad, sugieren que muchos de los problemas del pasado han vuelto a presentarse. Podemos estar a las puertas de una nueva frenología molecular, más que ante un verdadero progreso científico e introspección del comportamiento.

Determinando la preferencia sexual El primer asunto para tener en cuenta al dirigir estudios sobre la homosexualidad u otros comportamientos, es el de desarrollar un cuadro preciso de quién tiene un rasgo, y quién no. Ese problema de colocación de etiquetas está señalado en una investigación reciente de Simón LeVay, un respetado neuroanatomista. Mientras estuvo en el Salk Institute, en La Jolla, California, LeVay hizo exámenes postmortem a los cerebros de los primeros varones jóvenes víctimas del sida. En un estudio publicado en Science en 1991, reportó una diferencia entre los varones heterosexuales y los homosexuales en cuanto al tamaño del hipotálamo. Pero él realmente no podía conocer a ciencia cierta la preferencia sexual de los sujetos, puesto que ellos estaban muertos. Además, el diseño de la investigación y la muestra de sujetos estudiados, no permitían a otros investigadores determinar si lo que estaba correlacionado con la diferencia observada entre los cerebros de los sujetos, era el comportamiento homosexual, el uso de drogas, o el historial de enfermedades.

Aun en los pacientes vivos, los científicos deben convenir si al tratar de clasificar a una persona como homosexual se apoyan en la frecuencia de la conducta homosexual, la edad a la que comenzó, o como han sugerido algunos psiquiatras la presencia de fantasías homoeróticas. Esta dificultad se complica con la renuencia de muchas personas homosexuales a admitir su preferencia sexual. En esta situación, uno puede fácilmente crear muestras de estudio inexactas o inconsistentes.

Un problema parecido se presentó en un estudio de Michael Bailey, un psicólogo de la Northwestern University, y de Richard Pillard, un psiquiatra de la Boston University School of Medicine. En una investigación publicada en 1991 en Archives of general psychiatry reportaron que entre gemelos idénticos, observados juntos, cada individuo tenía una alta probabilidad (52 por ciento) de ser homosexual si el otro lo era. Para los gemelos no idénticos, los hermanos adoptados, y los hermanos no gemelos, las correlaciones fueron mucho más bajas (22.11 y 9 por ciento, respectivamente).

Los investigadores solicitaron la participación en su estudio, a través de avisos en periódicos gays . Pero esto bien pudo haber producido una muestra distorsionada. No es irrazonable pensar que aquellos gemelos idénticos abiertamente homosexuales ambos, estarían más dispuestos a ser voluntarios para un estudio así, debido al conocimiento mutuo de que ambos se sentían cómodos con su sexualidad. Más aún, si un gemelo idéntico gay se declara , le será más fácil al otro hacer lo mismo.

Mientras que los autores interpretaron sus hallazgos como evidencia de una base genética para la homosexualidad, nosotros pensamos que los datos son de hecho una fuerte evidencia sobre la influencia del ambiente. En promedio, tanto los gemelos no idénticos como los hermanos no gemelos, comparten el 50 por ciento de sus genes. Si la homosexualidad fuera un rasgo genético, los pares en estos grupos deberían ser homosexuales en un porcentaje similar de vrces. Ciertamente, ellos deberían ser homosexuales más frecuentemente que los hermanos adoptados. Pero los datos de Bailey y Pillard no se ajustan a estas predicciones.

Distinción entre causa y efecto Aun si no estuviera aceptando que esos estudios indicaran una correlación biológica con el comportamiento humano, eso no significaría que tal gen o diferencia cerebral esla responsable de tal comportamiento. LeVay admite que la diferencia observada por él en la estructura cerebral puede ser debida a la actividad homosexual, más que a una causa de ésta. Las técnicas que visualizan la estructura cerebral, como la resonancia magnética nuclear y la tomografía por emisión de positrones, revelan que la experiencia vital de un individuo, aun si se trata de un adulto, puede afectar el desarrollo del cerebro significativamente. Las emociones personales, el estrés de la vida, y otros numerosos factores, pueden afectar el metabolismo del cerebro y probablemente sus conexiones internas.

El problema de distinguir entre causa y efecto, se puede ilustrar mucho más claramente considerando la genética y la criminalidad. Hay una correlación entre genes y propensión al encarcelamiento, en Estados Unidos: la mayoría de los prisioneros han heredado color de piel oscuro. Pero la genética claramente no tiene nada qué ver con el hecho de que la tasa de encarcelamiento de varones negros se haya cuadruplicado en las últimas cuatro décadas, como lo ha señalado Troy Duster, sociólogo de la University of California en Berkeley. Más bien, el racismo y el escaso poder económico de la mayoría de la población afro-americana, son los que juegan un papel causal.

Los estudios sobre la genética del comportamiento humano pueden beneficiar a la sociedad. Pero mientras algunos genetistas no hagan más que teorizar sobre los problemas de sus estudios y sobre las complejas interacciones entre los genes y el ambiente, la historia simplemente se repetirá.

Es hora de elevar la investigación sobre la genética del comportamiento a estándares más altos que los del pasado, y reconocer que el trabajo se realiza en una sociedad marcada por el prejuicio, el estigma y la discriminación.

Paul Billings, anterior jefe de la División de Medicina Genética en el California Pacific Medical Center en San Francisco, es actualmente jefe de Medicina Interna en el Palo Alto Veterans Administration Hospital. Jonathan Beckwith es Profesor Investigador de la American Cancer Society en el Departamento de Microbiología y Genética Molecular de la Harvard Medical Schol.

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