SANGRE DE LOBOS

SANGRE DE LOBOS

Un trencito de colores, cargado de animales de la selva, y una caja de cedro con algunos gramos de ceniza fue lo que le quedó a la familia Espinel Leal de su única y pequeña bebé, Laura Viviana. Desde pocas horas después de haber nacido, hasta antes de cumplir los dos años, la niña convivió con el virus del sida que llegó a su cuerpo a través de una transfusión. Ella murió sin conocer la vida y se convirtió en la primera víctima de una cadena de desaciertos y ligerezas en el manejo de la sangre por parte de una reconocida clínica de Bogotá y un banco de sangre ubicado a pocos metros de la Secretaría de Salud del Distrito.

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Ese solo caso destapó la mortal realidad de Colombia y el mundo frente al sida: la increíble falta de rigor en los análisis que hacen los bancos de sangre. Porque, aparte de Laura Viviana, 23 personas más recibieron sangre contaminada, pero paradójicamente, certificada con el Sello Nacional de Calidad.

Aunque aún más aterrador resultó el hecho de descubrir que 14 personas habían recibido la sangre infectada de un donante profesional, Luis Ernesto Arrázola Arrázola, quien, luego de una intensa búsqueda, pasó a órdenes de la Fiscalía al igual que el propietario del banco de sangre, Jorge Alvarado Domínguez, que surtía a la Palermo desde hacía diez años.

Y mientras el escándalo de Bogotá apenas empezaba a tomar forma, en el Hospital Ramón González Valencia de Bucaramanga, once personas fueron contaminadas con el VIH. Ellas recibieron el virus de las máquinas de diálisis. Las primeras investigaciones de la Superintendencia y del Ministerio de Salud encontraron que el contagio se presentó por la falta de control y de esterilización de los equipos.

A pesar de que la investigación técnica no ha terminado aún, se encontró que en el González Valencia los catéteres eran reutilizados, al igual que los filtros y otros elementos de las unidades de hemodiálisis.

Pero Colombia no fue la única. Al finalizar el año, la sociedad alemana se estremeció cuando se descubrió que durante una década, más de ochenta hospitales y clínicas de este país recibieron sangre y derivados de la firma UB Plasma, acusada de no hacer adecuados exámenes para detectar el virus. Cerca de dos mil hemofílicos habían sido contaminados a través de transfusiones. Y la cuenta no para ahí, al igual que en Colombia.

El pánico se trasladó a Francia, Italia, Grecia y Arabia Saudita, países que también recibieron productos de UB Plasma, empresa que fue clausurada por las autoridades alemanas.

En Francia, a su vez, la polémica se desató cuando el ministro delegado de Salud, Phillippe Douste-Blazy, pidió investigar la calidad de los reactivos para detectar VIH que se comercializaban en ese país. Después de cinco meses de averiguaciones, el ministerio francés decidió retirar 31 reactivos del mercado debido a su baja sensibilidad a la hora de detectar el virus.

Sin embargo, esos reactivos siguen siendo avalados por la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud.

La ley se escribe con sangre Y tuvieron que ocurrir muchas desgracias para que en Colombia se dejara de improvisar con la vida de los demás. El decreto 1470, creado por el Ministerio de Salud para reglamentar el funcionamiento de laboratorios y bancos de sangre, debió replantearse aún más estricto.

Así, a los bancos de sangre se les exige ahora reportar periódicamente, junto con el número de donantes, la totalidad de las pruebas realizadas y los comprobantes de compra del número de reactivos utilizados para analizar esa sangre.

Este año, el Ministerio de Salud dispuso que los laboratorios, bancos de sangre, de semen y de órganos se registren y tramiten las licencias de funcionamiento respectivas.

También, las autoridades de salud del país, junto con los medios de comunicación, emprendieron una vasta campaña para promover las autotransfusiones, entre otras razones porque los bancos de sangre se estaban quedando sin unidades para atender las emergencias.

Finalmente, el Consejo de Política Económica y Social (Conpes) destinó siete mil millones de pesos para la prevención, control y atención del sida en el país. Con parte de estos recursos, el Ministerio de Salud subsidiará la entrega de dos millones de condones (apenas suficientes para un fin de semana) para prevenir esta enfermedad que cada día mata a dos personas, contagia a una cada cinco horas y hace que el país pierda 52.500 millones de pesos al año.

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