FÚTBOL DEL BUENO

FÚTBOL DEL BUENO

El 5 de septiembre de 1993 no era un día normal en Buenos Aires. En época de frío, la gente estaba alegre porque el sol caía pleno sobre la arboleda de Palermo, aquel pulmón de la ciudad donde los deportistas renuevan el oxígeno y los amantes los sentimientos. Es corriente trotar o ver a las parejas abrazadas. Y no era normal por eso. Esos cuadros amorosos y ecológicos son recordados y vividos en el ardiente verano de diciembre. En este amanecer de septiembre son más corrientes los gorros, las chaquetas (o camperas como dicen por allá), las bufandas, los gruesos abrigos, los guantes y las gabardinas.

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Pero, de hecho, era un día especial. La Colombia del fútbol arte, brillante y ensortijada como la cabellera del Pibe Valderrama, se presentaba en el Monumental de River Plate, allí cerca a Palermo, a la Argentina prepotente, bicampeona del mundo, punzante e hiriente de orgullos. Con el empate era suficiente. Pero no. Igualdad? Ni lo pensés. Un desafío para estos bonaerenses que se creen más europeos que latinos.

Argentina tiene que clasificar al Mundial de Fútbol en Estados Unidos con todos los honores que le merece la historia. Eso decían los jugadores, empezando por el arrogante y antipático Oscar Ruggeri, campeón mundial intercontinental, bicampeón de América, campeón y vicecampeón del mundo. Y estos colombianos a quién le ganaron? , fue una frase de combate.

Largas colas se veían en los alrededores del Monumental. Un entorno parecido a aquella final del 78 contra Holanda. Pero, otra vez, no era un día normal. En aquel equipo de Menotti, la gente confiaba. En este de Basile, con todo y el respaldo anímico de Maradona, el hincha se comía las uñas. Maturana no quiso ganar la Copa América , decía el periodista de El Gráfico, Natalio Gorín. Si vos ponés a los dos negros adelante para aprovechar la genialidad de El Pibe , estamos muertos .

Ibamos camino al estadio. Y la gente le gritaba al Paché Andrade, qué hacés Maturana , comparando el color de la piel. No hubo problema para llegar al Monumental. Paché trabajó en Buenos Aires y la gente lo recordaba. Tenía las puertas abiertas y no necesitábamos de credencial para sortear los múltiples cordones policiales que se instalaron alrededor.

Cuál es la alineación? , preguntaban. Paché les decía simplemente: los dos grones adelante . Entonces, hacían una pirámide con la punta de los dedos. Y qué vamos a hacer? No había duda: estaban asustados. Por lo que habían visto de Valencia en la Copa América y por las bellezas que se hablaban de Asprilla desde Italia. Y por eso, el nerviosismo cundió. Y por eso, emergió el rechazo y la violencia hacia los colombianos como escudo de protección.

Las ventanas del bus que transportaba a la Selección Colombia fueron reventados a pedrada limpia. A Gonzalo González de RCN, que destacaba el civismo de la hinchada, lo patearon en plena transmisión. Los gargajos se convirtieron en el recibimiento para la embajada colombiana. Y ante semejante clima hostil, muchos compraron las cachuchas albiceletes para pasar desapercibidos. Hasta el presidente de la Dimayor, Jorge Correa Pastrana, utilizó ese medio de tranquilidad.

Gol de Rincón y nos miramos los colombianos en ese palco de prensa. Allí estaban Iván Mejía Alvarez, Gabriel Briceño, Fernando Araújo, Rodolfo Bello. Los demás estaban en las cabinas de radio. No se podía celebrar ni gritar porque estábamos propensos a un batazo o a un banderazo de aquella gente que se sale del mundo cuando juega Argentina. Gol de Asprilla y seguíamos mudos. Gol de Rincón y ya no quedaban dudas: Colombia era muy superior. Increíble, pasaba en el templo sagrado de los argentinos. Pero sin gritos. Gol de Asprilla y nos mirábamos. Gol de Valencia y se lo merecía.

Sí. Recuérdelo para siempre: 5 de septiembre de 1993, Argentina 0 Colombia 5. Eso le cambió la historia al fútbol colombiano, al buen fútbol,fútbol del bueno.

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