Secciones
Síguenos en:
MUNDO AL BORDE DE LA EXTINCIÓN

MUNDO AL BORDE DE LA EXTINCIÓN

Como Brazil y mucho más que Pescador de ilusiones, 12 Monos, la nueva película de Terry Gilliam desafía cualquier clasificación. Lo más cómodo sería situarla dentro del género de ciencia-ficción, pero sin duda ahí desborda también el canon de unas categorías que bien pudieran acogerla. A la confluencia de géneros, como a la de temas, corresponde la de los tiempos divergentes que la película propone, fluyendo unos dentro de otros y todos ellos conducidos en el tiempo ilusorio de la narración.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de abril 1996 , 12:00 a. m.

James Cole (Bruce Willis) viaja por el tiempo en una misión, ya de suyo imposible, como es la revocación del pasado. Viaja en el tiempo con la finalidad de descubrir los sucesos que tuvieron lugar a finales de 1996, cuando un virus mortal fue dispersado para asolar el planeta. El relato entonces se abre paso con auténtica pericia y prodigiosa fuerza narrativa en la maraña de sus motivos entremezclados. Interpuestos, disgregados, potenciados, ellos son siempre reconducidos frente al abismo que se abre con la pérdida del sentido de la realidad , lugar donde se precipita, una y otra vez, el interés del espectador. Los motivos de la locura que pueden ser de una irónica lucidez; el breve y significativo fragamento de Vertigo, de Alfred Hitchcock, que postula un equívoco juego de espejos que se desplaza hacia el final de la película; el hecho de encontrarse Cole suspendido en el tiempo buscando una salida para encontrar la manera de detener la inoxorable marcha de la historia y, también, el saberse perdido en los mundos que habita, acaso simultáneamente, son la manifestación de algo irracional y cuyas claves no resueltas con sus aparentes contracciones, carcomen la lógica que hacen inseguros los motivos de todo los saberes que en ella se habían depositado.

Sentimiento pesimista Entonces la trabazón de la la historia es el trazado de una visión pesimista del mundo. Y cuando el devenir rueda sin remedio hacia el caos, la comprensión de este mundo, con su alusiva carga oscurantista de nefastas premoniciones, implica una proyección de la fragilidad del hombre, de su desamparo y de su soledad frente a las fuerzas~ destructoras que pueden ser modeladoras de un futuro letal no muy lejano.

El equilibrio inestable en el desarrollo de la historia, o de las historias que aborda, ha de corresponder a la particular fragmentación del mundo moderno, que aquí se refleja. Pues en el mosaico complejo de sus motivos, habría que ver una película decididamente posmoderna. Qué otra cosa es esa disociación que plantea su argumento en el interior de lo que se ha llamado la racionalidad instrumental ? No es ella acaso lo que puede llevar al mundo a su extinción bajo el poder de las estrategias de comunidades encerradas en su diferencia y que, en su abierto desafío a la sociedad, define simbólicamente los peligros de la posición de la posmodernidad? Pues allí la ciencia, la técnica y la cultura, sintetizadas dramáticamente en el poder adquirido por el ejército de los doce monos, vienen a disociar lo que antes había estado fuertemente asociado. Y así se van encontrando las condiciones para crear un fuerte sentimiento de catástrofe y de la pérdida del sentido puesto antes en el futuro. Tal podía ser el valor alegórico de esta contrautopía que propone Terry Gilliam.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.