DESTINO ACTUAL DE LOS PUEBLOS

DESTINO ACTUAL DE LOS PUEBLOS

Este ha sido, en el mundo, un año de convulsiones y reacomodamientos. No había tal que con el colapso del régimen soviético fuera a uniformarse la gobernación de los pueblos, a afincarse la paz de las naciones y a abrirse una etapa de prosperidad general. El espectro de la recesión se apoderó de Europa Occidental con su lúgubre cortejo de desempleo e inconformidad, mientras los países de la dislocada órbita comunista se esfuerzan por reencontrar su esquivo destino democrático. La terapia de choque preconizada desde fuera no ha hecho sino dificultar el tránsito hacia nuevas formas políticas y económicas.

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Impresiona ver en apuros, con más de tres y medio millones de parados, a una economía tan sólida como la ejemplar de Alemania. Acostumbrada a su permanente crecimiento y a la continua elevación de sus niveles de vida, ha debido pagar alto costo por su reunificación. Después de haber mantenido a raya las corrientes recesivas, empieza a sufrirlas con todo rigor y a experimentar sus consecuencias. Allí donde todo era seguridad y abundancia, emergen como en toda Europa las protestas contra la competencia laboral de los inmigrantes y los fallidos cálculos oficiales. Los socialdemócratas sienten llegada su hora.

En análogo sentido aunque mucho más radical, se mueve Italia, bajo el agobio de la corrupción y la crisis. La partidocracia sufre rudo golpe, y, en su lugar, rebrotan opuestos extremos, remozados en principios democráticos y prácticas capitalistas. El sistema edificado para contener el comunismo se hunde estrepitosamente al desaparecer su amenaza. Nada disculpa, nada cohonesta su podredumbre. Las fuerzas que en su cultivo no participaron resultan beneficiarias del desastre.

En Rusia y en Polonia se demostró que no bastaba con implantar la democracia electiva y representativa. El dramático deterioro de los niveles de vida despertó tendencias insospechadas, en unos casos ultranacionalistas, en otros nostálgicas. No por ello habrá de iniciarse el retorno al detestado régimen anterior. El péndulo oscila hacia situaciones menos rigurosas, y, lo que es más inquietante, prende en Rusia la chispa de un movimiento extremista que por sus alardes neo-nazis ha conmovido al mundo.

En España la recesión y el desempleo acusan niveles excepcionalmente agudos. Por sus propias características, no habría de durar una bonanza referida a la inversión extranjera, con pobre desempeño de sus exportaciones de bienes y servicios. La crisis europea habría de tener en su suelo manifestaciones muy severas. Si en Alemania se cree que el fin de su recesión no pondrá término a sus problemas, dada la competencia asiática a sus manufacturas, con mayor razón España requirirá de cambios estructurales que su experimentado e inteligente régimen democrático está en capacidad de hacer.

Quiso Francia refugiarse en el proteccionismo para atenuar su alta desocupación, y, en particular, favorecer a sus agricultores. En alguna medida lo consiguió. Felizmente, sin embargo, el buen resultado de la Ronda Uruguay conjuró los riesgos de guerra mercantil y, con la Organización Mundial de Comercio, garantizó intercambios más abiertos y fluidos.

Batuta estadounidense Estados Unidos va dejando atrás la recesión. Por su potencialidad, lleva la batuta e imprime a otros su ritmo. Su diplomacia, diplomacia del dólar, se ha orientado a crear sistemáticamente empleo en el interior y a construir las piezas básicas del nuevo orden internacional, fundado en bloques económicos cuya conciliación garantiza la Organización Mundial de Comercio.

No ha conseguido arbitrar ni resolver los conflictos entre nacionalidades pugnaces, especialmente en Europa, pero ha contribuido sin reservas al arreglo entre judíos y palestinos y ha propiciado mejores relaciones entre los pueblos. Con el criterio de incrementar las oportunidades de trabajo y de superar la recesión, impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, auspició el entendimiento con la efervescencia económica del Asia y, según queda dicho, preservó la armonía entre los bloques descargando todo el peso de su influencia para lograr que la Ronda Uruguay del Gatt concluyera con fortuna.

Quizá el empeño del presidente Clinton de crear empleo en Estados Unidos, muy lógico por lo demás, no obstruya el anhelo de los pueblos en desarrollo de hacer lo mismo en sus respectivos territorios. Ha querido él expandir los mercados para sus exportaciones y reducir su déficit comercial con miras a la pujanza de la economía de su poderosa patria y el bienestar de sus gentes. Con este propósito, ha proyectado su acción al Asia y también a Latinoamérica que, a su turno, aspira a ver ensanchado el horizonte para sus realidades y posibilidades productivas.

De la patria y su barrio El barrio latinoamericano ha readquirido sus bondades y esperanzas. Ha superado la crisis de la deuda. Ha retornado a los cauces de la integración regional. De comprimir drásticamente las importaciones, pasó a liberarlas. Ante la agudización de los contrastes, ha empezado a protagonizar el afán de profundizar la democracia y de conferirle sensibilidad y dimensiones sociales. Así lo revelan los comicios populares recientes.

En cuanto a Colombia, ha vivido un período de activa internacionalización de su economía. Con Venezuela y Ecuador. Con Chile, mediante el acuerdo de complementación de sus economías. Proceso de rápida apertura y desgravación arancelaria cuyo Talón de Aquiles lo constituye el inmoderado desequilibrio entre exportaciones e importaciones.

Por lo lo pronto, el motor del dinamismo y de la creación de empleo lo ha sido la construcción, reforzada por el gasto público y amparada por el flujo del capital extranjero y de otro que aquí se origina. Pero no cabe cerrar los ojos a las repercusiones económicas y sociales de la disminición del área sembrada en la agricultura, ni a los reveses de importantes sectores industriales. Por ellos pasa el meridiano de la paz social.

Hecha la apertura hacia adentro, es menester procurar que se realice igualmente hacia afuera. No hayamos de anestesiarnos con la perspectiva petrolera ni resignarnos a que el aumento de la ocupación de la fuerza laboral provenga siempre de fuentes distintas de las actividades industriales, agrícolas y comerciales. También a Colombia corresponde labrarse su destino. Democrático, equilibrado, y, sobre todo, equitativo.

Vencido el narcoterrorismo, tocará consagrarse a erradicar la barbarie, la inseguridad y el crimen. En esta magna tarea, no podrá omitirse contemplar las circunstancias que a su mantenimiento conduzcan. Aceptando que nada excusa la violencia, a eliminarla de la faz de la nación corresponde aplicar cuantos recursos políticos, humanos y materiales sean indispensables. Paz a los hombres de buena voluntad!

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