RAMPLONERÍA Y VULGARIDAD

RAMPLONERÍA Y VULGARIDAD

Señor Director: En la sección Tendencias del día de hoy (diciembre 30) aparece un aviso de página completa que pretende promover la venta de unos sofás y sobre el cual quiero hacer algunos comentarios. No pongo en duda el efectismo publicitario del mencionado anuncio. El sólo hecho de cubrir, en solitario, una página completa lo hace llamativo. Pero el efectismo del aviso, contrariamente a lo que pensarán sus creadores, no es fruto de la bien ganada fama de nuestros publicistas, sino por el hecho de utilizar un lenguaje ramplón y vulgar.

31 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

No desconozco el valor cultural y el sabor castizo de algunas palabras fuertes o de aquellas llamadas soeces. Admiro a nuestro Nobel de literatura Gabriel García Márquez, quien las utiliza frecuentemente y soy actualmente responsable de la exposición y guarda de buena parte de nuestro patrimonio artístico, el cual en una gran proporción está constituido por cuadros de desnudos y de composiciones que insinúan actos y partes íntimas. Lo fundamental en estas obras llenas de elegancia, sencillez y magia, es que sin escandalizar, enaltecen y resaltan la naturaleza humana.

Infortunadamente en la creación publicitaria que tiene el mismo deber artístico y cultural de las artes mayores, se cae en abusos al acudir a estridencias que, sin imaginación, arte o contenido logran llamar la atención rebajando la condición humana. Nada refleja más el atraso y el subdesarrollo de los pueblos que la ramplonería, la vulgaridad y la incultura que agreden la comunicación interpersonal.

Por último y como un reto para los creadores del chabacano aviso, quisiera recordar unos versillos de nuestro humor nacional elaborados con altura, imaginación y gracia, por los miembros de la Gruta Simbólica, quienes se atrevieron a tocar una de las más famosas posaderas de nuestra patria: nada menos que las del Libertador: Bolívar con disipeto y sin faltarle al resmulo decidió voltearle el Nieto al indio Gutiérrez Culo. Valdría la pena que su diario, así como decidió cerrar sus páginas a los avisos de los curanderos, yerbateros y otras especies, por aprovecharse la ignorancia de nuestras gentes, decidiera establecer un tamiz para aquellos que acuden a la vulgaridad y a la incultura para realizar sus ventas. Directora (E) Instituto Colombiano de Cultura. Bogotá.

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