LOS OSOS DEL AÑO OSOS DE COLECCIÓN

LOS OSOS DEL AÑO OSOS DE COLECCIÓN

Mockus, oso lampiño Cuando Antanas Mockus se soltó la correa y corrió la cremallera, aquella tarde del jueves 28 de octubre, delante de una nutrida asistencia de estudiantes de artes de la Universidad Nacional, creyó que sólo se bajaba los pantalones. Pero también se bajó de la rectoría. El escándalo estalló cuando un noticiero de televisión mostró las imágenes en las que el rector de la universidad más importante del país mostró su blanco trasero como efectiva manera de hacer callar a un grupo de muchachos que no permitían con su algarabía que Mockus interviniera en una ceremonia.

31 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Ya Antanas Mockus había colgado delmicrófono un zapato que uno de los estudiantes le había lanzado desde la audiencia.

La polémica quedó instaurada. Los colombianos vieron en la actitud del rector la más desvergonzada de las salidas o la más original de sus ocurrencias.

Muchos pidieron la cabeza de Mockus, incluso el rector de la Universidad de Los Andes. Otros lo defendieron por su valentía y por la efectividad de su recurso.

El hecho final fue que Antanas Mockus se dedicó a llorar, en todas partes, su salida de tono. El presidente Gaviria le aceptó la renuncia. Y casi le enjuaga el llanto.

Bermúdez, oso mayor de 35 El más interesado es el último en saber las noticias. Eso le pasó a Miguel Angel Bermúdez, director de Coldeportes, cuando supo, estando en París en viaje oficial, lo que en Colombia se comentaba en todos los rincones: que una ex directora de la misma institución en Santander, María del Pilar Flórez, lo había aventado por acoso sexual ante la Procuraduría General de la Nación.

Bermúdez se defendió diciendo que no le interesaban las mayores de 35. Que eran embustes. Y así.

La ministra de Educación, Maruja Pachón, lo hizo devolverse enseguida para que rindiera descargos. Y llegó cargado de explicaciones.

Bermúdez sostuvo una larga y secreta reunión con la ministra, de la que dijo que para nada habían conversado sobre el lío del acoso.

Mientras tanto, otras mujeres supuestamente acosadas por Bermúdez, contaron sus angustias. Una modelo, una ex secretaria y alguna más relataron detalles espeluznantes.

Finalmente, Miguel Angel Bermúdez llevó su carta de renuncia al Palacio de Nariño, después de que curiosamente la Procuraduría le pidiera explicaciones por fallas administrativas.

El presidente, acosado por las circunstancias, le aceptó la renuncia.

Ossa, oso mayor Como lo pillaron con algo más que una simple dosis personal de marihuana en el maletín, a punto de tomar un vuelo hacia Caracas, Carlos Ossa Escobar, por entonces codirector del Banco de la República, no tuvo más salida que ponerse furioso con el agente de la Policía que lo sorprendió con las manos en la yerba.

Al día siguiente, los medios publicaron una nota, basada en el boletín de la Policía, que se convirtió en piedra de escándalo.

El hecho fue que Ossa Escobar dio declaraciones a diestra y siniestra arrepentido, confesando en público sus pecadillos de juventud y sus debilidades de adulto, con golpes de pecho que se escucharon en todo el país, pero eso sí, seguro de que no iba a renunciar a su cargo en el banco más importante de Colombia.

Pero lo que al principio se tomó por muchos como una escena más de la simpática vida nacional, se convirtió en una obra teatral en la que señalaron a Ossa, le dijeron hasta lo inimaginable, le pidieron la renuncia y le restregaron sus debilidades en la cara.

Ossa estaba dispuesto a comparecer ante los jueces, a pagar multas e, incluso, a permanecer unos días encanado para purgar sus pecados.

Lo que no había calculado era la fuerza de la ola de opinión que lo arrastró inmisericorde desde el arrepentimiento hasta la renuncia irrevocable.

Grisales, o-sonajero Todo estaba perfectamente calculado. El disco se lanzaría la misma semana del de Carlos Vives, para que la resonancia de uno se convirtiera en eco del otro, y así hasta el éxito arrollador y definitivo.

Todo estaba perfectamente calculado. Menos el desastre final.

Amparo Grisales debió comenzar a entrenarse desde que interpretó alguna ranchera en el seriado El Gallo de Oro . Y más recientemente en sus comerciales para la Licorera de Caldas.

Pensó entonces que estaba lista la mezcla explosiva. La voz aterciopelada y la sensualidad de su figura. El matrimonio perfecto.

Vinieron las canciones, los ensayos esta vez muy en serio, las grabaciones, las mezclas, los preparativos de publicidad y mercadeo.

Y el lanzamiento con Vives. En la misma fila de partida de la más encarnizada competencia.

Cuando Carlos Vives llegó a la primera meta, es decir a los 100 mil discos vendidos, Grisales apenas tomaba un impulso: 10 mil.

La Sensualidad de Amparo Grisales aún espera en los almacenes de discos.

Amazonas, mentir-oso El error, y la sucesiva cadeneta de metidas de pata, no estuvo en que Catherine Sánchez quisiera ser reina de Colombia, sino en aceptar hacer parte de una apuesta en la que corrieron millones de pesos y pequeñas ambiciones de nuevos ricos.

Nacida en la población de Caldas, cerca de Medellín, y representante del departamento del Amazonas, la joven aspirante llegó a Cartagena con un embuchado: llegar a ser reina y conservar en secreto su matrimonio con un joven piloto.

Hasta que alguna alma comunicativa, que sabía de la ceremonia en Bogotá, soltó la lengua.

Sin embargo, a pesar de todas las pruebas en concreto, de las declaraciones del sacristán y del sacerdote, Catherine se empeñaba en su soltería.

Estoy estudiando Derecho y sería incapaz de decirle al país una mentira , llegó a decir más de una vez, con pasmosa serenidad y convicción ante micrófonos y cámaras.

Pero cuando resultó insostenible la posición de la Señorita Amazonas, el Concurso de Belleza la expulsó y tuvo que salir a hurtadillas de Cartagena y pagar escondederos a peso.

Catherine ya debe haber recibido ofertas para la próxima telenovela. Porque como actriz, sí es una verdadera soberana.

Gaviria, oso inglés Durante un año casi exacto el presidente César Gaviria aplazó su anunciado viaje a Londres, a causa de la salida voluntaria de Pablo Escobar de su casa de La Catedral.

Pero cuando lo hizo, el 26 de julio del 93, fue en serio. Ciento cincuenta y un millones de pesos le costaron al país las ceremonias en las que el presidente conversó sobre las posibilidades de la inversión extranjera en Colombia.

Se entrevistó con el primer ministro Major, con el alcalde de Londres, con cinco de los ministros y con 200 empresarios privados, para vender la apertura económica y, de paso, la imagen del país ante los ingleses.

Sin embargo, la intención primordial del viaje de Gaviria era firmar un convenio de protección a la inversión extranjera, convenio que no firmó el señor Major porque contenía una cláusula complicada sobre expropiación, que no le gustó para nada.

Entonces, sin convenio en mano, el presidente Gaviria terminó haciendo relaciones públicas, por el estilo de las que hace doña Noemí con alguna frecuencia.

En el Congreso, el Gobierno tuvo que enfrentar, por ello, un acalorado debate en el que no quedó títere con cabeza.

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