EL SILENCIO DE LA PSIQUIATRÍA EN COLOMBIA

EL SILENCIO DE LA PSIQUIATRÍA EN COLOMBIA

Es cierto que los psiquiatras en Colombia y América Latina, inexplicablemente han guardado silencio y adoptado una actitud indiferente ante los grandes conflictos psicosociales, económicos y políticos de nuestros países. Resulta inadmisible que las diversas sociedades médicas dilapiden sus energías, los recursos económicos y su presencia en el escenario social simplemente haciéndoles eco a los progresos científicos y tecnológicos que se gestan en las grandes metrópolis mientras permanecen indiferentes a la apremiante necesidad de reflexionar e investigar sobre nuestra realidad. El perfil de la mayoría de los médicos colombianos de esta década se caracteriza por la creciente apatía frente a la realidad nacional y la nostalgia incurable por no tener fácil acceso a la costosa ciencia y tecnología que se genera en los grandes centros de desarrollo. Desesperanzados, parecen haber perdido los elementos más distintivos del humanismo y la cultura, así como el liderazgo que caracterizaron al

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El campo de la psiquiatría, quizás la más holística y humanística de todas las especialidades médicas, no es indiferente al anterior proceso: La ausencia de liderazgo de los médicos psiquiatras ha permitido que comunicadores sociales recién egresados de sus programas académicos realicen con el caletre caliente reportajes y series de televisión de marcado corte antipsiquiátrico, que los últimos ministros de Salud hayan sido profesionales no médicos que le han impuesto un sello economicista y deshumanizado a la salud, y que las prevenciones, y quizás el resentimiento de personas como Aura Lucía Mera encuentren eco en medios de comunicación tan prestigiosos como la página editorial de EL TIEMPO.

La psiquiatría es una especialidad eminentemente médica que se nutre de disciplinas tan disímiles y convergentes como las neurociencias, la psicología y las ciencias sociales.

La mayoría de programas de especialización que funcionan en el país, pertenecientes a las facultades de medicina de sus universidades más importantes, seleccionan médicos graduados que después del servicio social obligatorio y alguna experiencia laboral deben demostrar un adecuado desarrollo intelectual y un alto nivel de conocimientos médicos y experiencia clínica para ser admitidos. El adiestramiento teórico-práctico o clínico se realiza durante tres años consecutivos.

Algún tipo de morbilidad psiquiátrica o psicopatología afecta al 30 por ciento de los colombianos, considerándose que factores psicosociales como la agresividad, la violencia y las injusticias sociales desempeñan un papel importante en su génesis. Pero no se sorprenda de que los programas de la División de Comportamiento Humano del Ministerio de Salud, a pesar de la estrecha relación entre cultura, conducta y proceso de salud-enfermedad, sean los más enclenques y de menor cobertura por su exigua destinación presupuestal. Tampoco de que sombríos burócratas, sin formación médica, desde el Ministerio de Salud esgriman incoherentes argumentos contra la psiquiatría y que se atrevan a proponer el desmantelamiento de los hospitales psiquiátricos sin antes haber integrado las Unidades de Psiquiatría a los hospitales generales y sin haber desarrollado los programas de salud comunitaria en reemplazo del viejo manicomio.

Colombia, un país violento por excelencia se permite el lujo de considerar la psiquiatría como la cenicienta de las especialidades médicas y de presentar a sus médicos y psiquiatras a la gran masa, que recibe sin elaborar ni procesar los telemensajes, como los responsables de la deshumanización de sus sistemas de salud mental o como descorazonados psicópatas, más locos que sus pacientes, violentos y portadores de todo tipo de aberraciones y desviaciones. Y esto ocurre simplemente porque lo que está de moda en el resto del mundo, particularmente en la sociedad norteamericana, es asimilado sin ningún proceso digestivo perdón, reflexivo por los grupos que controlan el poder y los medios de comunicación.

Colombia es quizás el único país del planeta en el que impunemente se puede argumentar que los psiquiatras son los responsables de la locura y aun de otros trastornos mentales que como la esquizofrenia o los trastornos del afecto tienen una distribución epidemiológica homogénea a través de las diferentes culturas y países, hecho que demuestra más las bases biológicas que la sociogénesis de los mismos.

Desde los medios de comunicación se promociona una imagen hostil y castradora de los psiquiatras, que estimula la prevención, suspicacia y desconfianza de la población ante estos profesionales de la salud mental. Esta inducción paranoide sólo contribuye a incrementar los desajustes psicológicos y a entorpecer la prevención primaria y secundaria de los trastornos psiquiátricos, cuando otros países tienen ya una vasta experiencia en promocionar la salud mental a través de sus medios de comunicación. Estamos en mora de realizar un seminario sobre medios de comunicación y salud mental, para comenzar a asumir de manera honesta, responsable y creativa esta compleja relación.

En Colombia todo el mundo le echa vainas a los psiquiatras: algunos psicólogos clínicos que se levantan contra las supuestas pretensiones de poder omnipotente de los médicos, impulsados por su complejo de castración; los chamanes, que en virtud de la ley 10 de 1990 montaron sus consultorios en nuestras céntricas avenidas y abandonaron sus comunidades primitivas, donde gozaban la flor de las mujeres; en fin, hasta Aura Lucía Mera en su artículo Psiquiatría y adicción publicado en la página editorial de EL TIEMPO (diciembre 22 de 1993), a quien le prometo examinar esta relación sin caer en la dicotomía o en el maniqueísmo, en una próxima entrega.

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