EL PODER DE LA ORACIÓN

EL PODER DE LA ORACIÓN

Por allá en los años 30, en Anserma, ciudad fundada por Don Jorge Robledo en territorio del norte de Caldas, fue creado un kínder , como llaman ahora, para niños de la localidad por parte de la comunidad Bethlemita, el cual estuvo integrado por unos 30 pequeños, grupo anexo al Colegio Femenino, numeroso en bellas, bulliciosas e inquietas niñas plenas de todas las gracias y los dones paisas. Entre los alumnos se encontraban dos hermanos, los Camargos, hijos de un litigante abogado boyacense procedente de la Universidad Republicana, el doctor Camargo Fonseca y de su señora doña Elvira; los pequeños frisaban en los cinco y los siete años.

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Era la época del último conflicto colombo-peruano, y a través de la empedrada calle larga, eje del área urbana, constantemente bajaban rumbo al sur camionados de entusiastas contingentes antioqueños en uniforme de dril verde oliva, cotizas y carpa terciada a la bandolera, a los gritos vibrantes de Viva Colombia! coreados desde las aulas, previa autorización inicial de las respectivas reverendas, por los niños y niñas del colegio, excluyendo lo de Abajo el Perú!, por no ser de buen recibo.

Indudablemente, que de tan emotivas manifestaciones patrióticas, a más del flamear de banderas, toque de cornetas, canto de himnos y especialmente por las respuestas maternas y paternas a los permanentes interrogantes de los niños, sobre los soldados de la patria, el porqué de esa guerra allá en la selva, con explicaciones sobre el mapa, etc. debieron resultar algunas vocaciones castrenses.

Dentro de las numerosas, obligatorias y diarias prácticas místicas en el kínder figuraba una oración colectiva con la intención de: Para que los niños rusos lleguen al cielo .

Es de recordar, igualmente, el cándido cañazo de origen monjil, consistente en que en Moscú los condenados camaradas habían erigido una estatua de tamaño heroico al Diablo, Belcebú, Satán o El Patas , este último término jamás empleado por el personal docente.

Mucho después, en 1961, el cosmonauta soviético Yury Gagarin logró entrar en órbita, esto es llegó al cielo , lo cual para el mayor de los antes mencionados Camargos, ahora ya mayor de edad y mayor del ejército, comandante del Batallón de Infantería No. 8 Pichincha , de guarnición en Cali, considérase tal hazaña espacial como el feliz resultado de sus fervorosas plegarias de otrora y las de sus condiscípulos.

Al día siguiente el mayor llamó por radio a su hermano menor, entonces Capitán Oficial de Sanidad de la Fuerza Aérea en la base de Palanquero, para comentarle el milagro de las infantiles oracioens de antaño, lo que éste al fin convino en aceptar entre escéptico y burlón, más que todo en gracia a fraterna y afectuosa comprensión y respetuoso acatamiento a la antigedad militar. Amén. (Capítulo de Rataplán, obra en preparación sobre remembranzas militares).

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