PAJARITOS DE ORO

PAJARITOS DE ORO

De aceptar el balance que el presidente Gaviria hizo en Portafolio, con su gobierno Colombia estaría superando el subdesarrollo y con él todas sus desventuras. Difícil estar de acuerdo con el presidente. Como con todos los que antes que él han hecho afirmaciones parecidas. Como con todos los que para alcanzar la presidencia han dispensado y dispensan ilusiones, cuyo cumplimiento reclaman después injustificadamente. La reiteración de promesas y su frustración son lugar común para quienes hayan seguido, cada vez con mayor desgano, la trágica existencia nacional. Ese es el desprestigio de la política. Es natural que un presidente muestre optimismo. Pero las cifras que en este caso lo sustentan podrían ser exactas pero no su interpretación. Esta hay que delegarla en profesionales, que se supone los hay con el deber de corregir o confirmar la euforia oficial. Pero por ejemplo dice el presidente que el ingreso del colombiano ha aumentado. Puede que sí en términos absolutos. Pero no en los

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El desarrollo que festeja el presidente se reduce a la manipulación de la econometría. Es decir, dentro del esquema vigente según el cual una sociedad está bien porque su ganancia aumenta en términos brutos. Sin que se cuestione cómo, para quién, su distribución, su utilización y en el caso colombiano su procedencia. El país estaría creciendo. Pero a qué costo, hacia dónde, y mientras organismos multilaterales previenen de nuevo sobre el aumento de la pobreza y de la distancia social en estos países, premoniciones que han tenido confirmación en Argentina, y antes en Venezuela y Brasil. También mientras en Colombia gente seria sostiene que hace dos años la pobreza aumenta. Mientras el 60 por ciento de la población es pobre y de ella la mitad miserable. En fin, un esquema social economicista, respaldado por comentaristas que sostienen que en el mundo se debilita el Estado como herramienta de equilibrio social. Y que no se utiliza.

De esto último, del costo social de su apertura, lo realmente importante, el presidente sale alegremente con una sola partícula interrogativa: cuál? En un libro reciente, muy comentado en todas partes menos aquí, La utopía desarmada, el mexicano Jorge Castañeda indica que el porvenir de la región depende de la pregunta: cuántos pobres puede soportar, y qué tan ricos pueden ser los ricos? Pero como el presidente, en Latinoamérica juegan al pragmatismo, o sea al resultado inmediato de la cifra indiscriminada. Para los antiguos la tragedia era una lección. Sus asesores y aduladores le ocultan al presidente la realidad de los semáforos, del rebusque, de las barriadas, de los niños que aspiran boxer. Nunca antes se había visto tanta gente pidiendo limosna como en esta Navidad. Un presidente que se declara satisfecho con una situación en la cual el l0 por ciento recibe el 42 por ciento del ingreso y un 20 solo el 4, no puede ser ni popular ni buen gobernante. Y peor si lo está porque hay quienes proponen reelegirlo y sacarlo en hombros de Palacio. Así cómo.

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