DESARME DE AÑO NUEVO

DESARME DE AÑO NUEVO

Ayer dedicamos un comentario editorial a destacar la reciente labor de la Policía Metropolitana de Bogotá frente a la llamada Operación Estrella . Ahora debemos registrar con beneplácito la medida de prohibir el porte de armas, entre hoy y el diez de enero. Ello, en cierto modo, devuelve el optimismo y la confianza en las autoridades y, por qué no, en la propia administración distrital. Se nos antoja que la medida ha sido tomada, sinembargo, un poco tarde. Pero aquí sí que cabe aquel adagio popular de que más vale tarde que nunca . Es que el desarme que no solo debiera ser físico, sino espiritual, aunque este último no puede por desventura establecerse por ley, debería haberse implantado durante todo el mes de diciembre, lapso en el que los efectos del alcohol causan tantas tragedias absurdas e irreparables.

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Sabemos que el desarme general, que sería lo ideal, es asunto polémico y de difícil control. Y en el cual, la gran mayoría de quienes deben hacerlo son aquellos que adquieren un arma por vías legales, para defenderse de los que las portan ilegalmente y precisamente con fines delictivos.

En todo caso, la plausible medida debe tener riguroso cumplimiento, pues ya hemos visto las escalofriantes cifras de muertes violentas. Solo en Bogotá diariamente 18 personas pierden la vida por esta causa. Y en el primer semestre cayeron así otras 4.039. Luctuoso balance que se da, muchas veces, en una guerra declarada, con armas más sofiscadas que el simple revólver o pistola.

Magnífico entonces que se prohiba el porte de armas. Algunas o muchas vidas se pueden salvar, al evitar que, por cualquier discusión baladí, alguien desenfunde su arma y dispare.

Pero igualmente los cuerpos de seguridad deben desplegar sus fuerzas humanas para arrestar y desarmar a la delincuencia común; a los que, más silenciosos pero igualmente peligrosos, hieren y matan con arma blanca, en cualquier esquina. Bogotá debería ser cubierta a lo largo y ancho para neutralizar también esta no menos sórdida forma de criminalidad.

Qué bueno sería que nuestro Ejército saliera de sus cuarteles a montar retenes, a cubrir zonas y realizar constantes requisas y pesquisas, en las que necesariamente capturarían a innumerables delincuentes de toda calaña, que por lógica, y sin necesidad de mayores pruebas, deberían pasar su año nuevo en prisión. Esta sería una acción que la ciudadanía toda agradecería, no solo a la administración sino a las fuerzas militares.

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