CUANDO LOS CAMINOS SE CIERRAN

CUANDO LOS CAMINOS SE CIERRAN

El interrogatorio, en una escuela de los cerros de Bogotá, se inició con una pregunta inocente: Usted quiere a su papá? La respuesta del muchacho hizo helar el corazón de la maestra: lo que quiero es matarlo! El padre del muchacho, un obrero de albañilería, llegaba borracho a darle patadas a la esposa y a sus hijos, no les permitía estudiar y a ellos les tocaba rebuscarse para pagar lo que les fiaban en la tienda del barrio.

30 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Este fenómeno, que se repite con frecuencia inusitada en algunos sectores de las grandes ciudades del país, es uno de los factores que según los especialistas da origen a la delincuencia juvenil.

Sin embargo, los delincuentes jóvenes también existen en sectores socioconómicos de mejores ingresos, como el caso de un adolescente del barrio Bolívia, en el noroccidente de la ciudad, que asesinó y le robó la moto al mensajero de un asadero, a donde llamó previamente para hacer un pedido.

En los estratos más altos la mayor parte de los actos delictivos están relacionados con droga y accidentes de tránsito en estado de embriaguez. La mayoría de esos casos dice una juez de menores no llega a los juzgados porque hay plata de por medio .

Un documento del Instituto de Bienestar Familiar, ICBF, señala que muchas de estas conductas pueden tener origen en problemas derivados de las formas de crianza y de las condiciones de desarrollo psicoafectivo que han tenido como escenario la familia .

Según el documento, en la familia actual existe excesivo autoritarismo o ausencia de autoridad, formas de relación violenta entre sus miembros, individualismo, poca comunicación, falta de afecto, agresión física y verbal y en muchos casos violación o abuso sexual.

También tiene incidencia en estas conductas la fuerza que ha tomado el valor del dinero y el consumismo ante el resquebrajamiento de antiguos valores ético-religiosos . Con billete -dice un muchacho de un barrio del suroccidente de Bogotá uno es el chacho , las peladas lo siguen y los pelaos más pequeños quieren ser como uno. Tener billete es la forma de ganar puntos, de ganar algo que uno no pensaba tener, porque uno ve que con un solo brinco (robo, atraco...) cualquier chichipato (pobre) puede ir al norte y hasta pagar en dolorosos (dólares) .

El rap de los cerros La única solución que algunos sectores de la sociedad han encontrado dice un líder de un grupo juvenil comunitario de Ciudad Bolívar en el suroccidente de Bogotá, es organizar grupos de limpieza, conseguir armas y salir de noche a cazar a los que consideran indeseables, aunque solo sean pelaos que se reunen para oir música y armar uno que otro escándalo . Una parte de ese fenómeno se refleja en las frases de música rap del grupo Peligro Social de Ciudad Bolívar: A nosotros los jóvenes/ no nos dejan expresar/ nos encuentran en la esquina/ y nos quieren fusilar... En el país, según un diagnóstico de la Consejería para la Juventud, la Mujer y la Familia, residían, en 1990, 6 928.000 jóvenes entre los 14 y 25 años, o sea el 19 por ciento de la población colombiana.

En 1985 se consideraba que el 41 por ciento de los jóvenes permanecía en situación de pobreza y el 19 por ciento en miseria. En ese mismo año se estimaba que el 70 por ciento de los jóvenes colombianos vivían en la ciudad.

Durante el año pasado, 15.518 menores, entre los 12 y 17 años, involucrados en infracciones penales, fueron llevados ante 165 juzgados de Menores y Promiscuos de Familia. Estos representan el 74 por ciento del total de esas dependencias en el país.

El fierro es oro El mayor número de menores infractores (21.5 por ciento) corresponde a Antioquia, le sigue Valle con 16 por ciento y Bogotá con 15.4 por ciento.

El perfil de los muchachos infractores, según una juez de menores de Bogotá, es muy similar: Tienen problemas familiares; quieren estar a la moda y a veces atracan por conseguir un par de tenis de marca; hay inversión de valores, no quieren surgir por algo bueno sino por su fama de delincuentes; tienen bajo grado de escolaridad generalmente debido a la deserción, no conocen ningún oficio, salvo la albañilería y muy pocos quieren conseguir empleo .

En los juzgados de menores hay casos espeluznantes cometidos por muchachos de 15 o 16 años. En un barrio del suroriente de Bogotá, por ejemplo, un adolescente le pegó 21 puñaladas a una mujer embarazada, a quién quería violar.

El 58.4 por ciento de los casos llevados a los tribunales en 1992 están relacionados con hurto simple, hurto calificado, estafa, extorsión y fraude. El 18.4 por ciento tiene que ver con lesiones personales, aborto y homicidio simple, culposo y agravado.

El 8.3 por ciento corresponde a venta, distribución o consumo de drogas, y el 3.8 por ciento a violaciones y actos sexuales abusivos.

Un reporte de uno de los seis juzgados de menores de Bogotá señala que en los primeros años de vigencia del Código del Menor (marzo 1 de 1990 a septiembre 30 de 1992) llegaron a esa oficina 1.072 casos. Entre estos figuran: 62 homicidios, 180 lesiones personales, 622 hurtos, siete secuestros, diez extorsiones y 35 situaciones de porte ilegal de armas.

Según el estudio del ICBF, el porte ilegal de armas ha tenido un importante aumento en los últimos años, cubriendo un cuatro por ciento del total nacional, es decir, 623 menores, de los cuales 345 corresponden a Medellín .

Los muchachos cambiaron las navajas por armas de fuego. La moda del changón se trasladó de Medellín a Bogotá. Este aparato, de fabricación casera, dispara proyectiles calibre 12 o 16 y cuesta unos treinta mil pesos en el mercado negro de armas. Un revólver se consigue, en promedio, por unos cien mil pesos.

El arma lo es todo para algunos jóvenes de los barrios marginales. Eso lo demuestran las palabras Pedro, un muchacho de los cerros del suroccidente de Bogotá: El fierro es oro, es un tesoro. Con ese me levanto el billete y me hago respetar . Mañana: la pandilla, una posibilidad de lograr status. En Usme trabajan para erradicar la muerte. Nota: El nombre de los adolescentes que dieron su testimonio fue cambiado por razones de seguridad.

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