JUGUETES POR ARMAS , UN ÉXITO EN NUEVA YORK

JUGUETES POR ARMAS , UN ÉXITO EN NUEVA YORK

Esto es un éxito inesperado . El director de la policía de Nueva York, Raymond W. Kelly, no es el único sorprendido. En cuatro días, la estación 34 de policía ha cambiado 330 armas por vales para juguetes. No se hacen preguntas y se entrega el equivalente de cien dólares por cada arma, cualquiera que sea su tipo y su estado. Este programa, Juguetes por armas , fue propuesto por Fernando Mateo, un dominicano de 35 años que vende alfombras en Manhattan. El mismo y su hijo Fernando, de 14 años, que tuvo la idea, esperaban recibir, dijo a este diario, 6 ó 7 revólveres como máximo. Por ello, consideraron que tendrían más que suficiente con 5.000 dólares. La prensa apoyó la idea e, inmediatamente, empezó la avalancha.

29 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

La comisaría 34 está localizada en el oeste de Manhattan, en el número 4295 de la Avenida Broadway, cerca de la calle 183. Es un sector latino que, hasta el año pasado, era conocido por generar el mayor número de homicidios en Nueva York. La mayoría de ellos dice el agente Juan Hernández son dominicanos. Se matan entre ellos por problemas de drogas .

Ese alto Manhattan sigue siendo peligroso a pesar de que ahora las estadísticas muestran que ciertas zonas de Brooklyn lo son más. Se estima, en general, que hay dos millones de armas en las calles de Nueva York, la mayoría en manos de criminales. En ese contexto, recoger 330 es poco. Pero la policía juzga que es un hecho extraordinario que impuso ya cambios en su política de amnistía.

Tarifa: 75 dólares En efecto, hasta ahora los neoyorquinos podían entregar armas en cualquier comisaría y recibían entre 25 y 75 dólares, según la potencia del arma. Con el éxito de la campaña de los Mateo, el director de la policía anunció anteayer que habrá una sola tarifa en todo Nueva York: 75 dólares.

Estos se agregarán, únicamente en la Comisaría 34, a los cien dólares propuestos en la campaña Juguetes por armas . Esta debía concluir el 27 de diciembre, pero se prolongará, gracias al dinero enviado por empresarios (unos 60.000 dólares), hasta el 6 de enero.

Las armas son entregadas envueltas y amarradas o selladas con cinta adhesiva y no se pueden llevar más de tres a la vez. La mayoría está siendo devuelta por mujeres, de todas las edades. El caso más curioso lo protagonizó una señora de unos 50 años que llegó con una ametralladora. No dijo nada, cogió el dinero y los vales y se fue.

Es esta la vía para desarmar a los civiles que en este país tienen 200 millones de armas? La National Association for the Advancement of Colored People hizo suya la campaña Juguetes por armas y piensa lanzarla en todo el país.

Eso no bastará. Hay escepticismo, igualmente, sobre el alcance de la ley Brady que, con el acuerdo de Clinton, busca controlar la expansión del mercado de armas. Se calcula que someterse a las nuevas reglas (esperar cinco días para el salvoconducto, por ejemplo) sólo desmotivará al 1 ó 2 por ciento de compradores potenciales.

El uso de las armas seguirá, además, siendo imprevisible. Un caso: Colin Ferguson, quien asesinó a seis personas e hirió a una veintena más en el metro de Nueva York, el 14 de diciembre pasado, se procuró su semiautomática de 9 milímetros acogiéndose al procedimiento legal. Las armas produjeron, el año pasado, 10.567 muertos en Estados Unidos contra sólo 22 en Inglaterra, 10 en Australia y 87 en Japón. Los gastos anuales por heridos y hospitalizaciones ascienden a 14.000 millones de dólares.

Claro, los estadounidenses establecen una barrera infranqueable entre los tipos de armas. Nadie sueña aquí con limitar aquellas utilizadas, en principio, para cazar. Es un deporte nacional tan sagrado como la pesca. No es contradictorio, por ello, oír al presidente, Bill Clinton, pedirle al Senado que apruebe la ley sobre control de armas y verlo, al mismo tiempo, cazando. Eso hace parte de las costumbres de este país. Por otra parte, ningún político quiere declararle la guerra a la potente National Rifle Association, que cuenta con 3,3 millones de afiliados.

La administración esperaba cambios de Hollywood, al que la fiscal general Reno acusó de promover la violencia. No vendrán. Argumento central: a la gente le gusta la violencia y en el extranjero se venden muy bien las proezas de Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Sharon Stone, Bruce Willis y Michael Douglas, entre otros. La TV parece mejor dispuesta. Y se han notado cambios desde que el Senado la llamó a autorregularse so pena de tener que limitarla por ley.

No hay, pues, todavía, una estrategia nacional contra la violencia, que ha sido caracterizada por la administración como el problema nacional número uno. Lo nuevo está en que el sector privado y la comunidad están tomando iniciativas que son si se juzga por el caso de los Mateo más efectivas que las oficiales.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.