DE CASA HISTÓRICA A SALÓN DE CLASES

DE CASA HISTÓRICA A SALÓN DE CLASES

Entre 1900 y 1910 en la Casa Arana la violencia fue protagonista. Cerca de 40 mil indígenas fueron asesinados. Hoy, después de ocho décadas, la casona y sus malos recuerdos se transformaron en un enorme epicentro de educación.

29 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

El pasado 21 de diciembre, indígenas de las veredas de Monochua, Aduche, Villa Azul, Peñas Rojas, Puerto Santander, Aracuara y La Chorrera (en donde está la Casa) borraron el fantasma de esos genocidios. Allí, las puertas del progreso se abrieron para las nuevas generaciones.

La Primera Dama de La Nación, Ana Milena Muñoz de Gaviria, el Fondo de Solidaridad y Emergencia Social de la Presidencia de la República (FOSES), el Ministerio de Educación, la Caja Agraria y la Gobernación del Amazonas, entregaron el primer colegio etnológico secundario para las comunidades del resguardo del Putumayo.

Todas ellas, pertenecientes a las étnias Witoto, Bora, Ocaina, Andoque, Muinane, Inga y Miraña, disfrutarán de la realidad de una obra que se gestó a comienzos de 1993 y que iniciará labores en marzo del próximo año.

La participación de la Primera Dama de la Nación en la instalación del Primer Foro Sobre el Estado, la Ecología y el Ordenamiento Territorial, en marzo de este año, fue el punto de partida.

Allí, los habitantes presentaron la propuesta de la necesidad económica para el establecimiento de un colegio de secundaria con énfasis en culturas indígenas y manejo del medio amazónico.

El FOSES entregó a la Gobernación del Amazonas los recursos necesarios para adquirir a la Caja Agraria la Casa Arana, y el Ministerio de Educación aportó 100 millones de pesos para su dotación y adecuación.

Claro que el problema no es la falta de escuelas. Existen 24 establecimientos de primaria básica, de los cuales anualmente egresan 150 alumnos de quinto grado.

Sin embargo, como la mayoría no tiene los medios económicos para continuar el bachillerato en ciudades como Puerto Leguízamo, Leticia, Florencia o Bogotá, ven truncados sus sueños de ser bachilleres.

Ante esa situación, el Gobierno concretó la petición de la comunidad indígena. Lo demás fue trabajo, contactos y una realidad que dejó de ser un sueño el 21 de diciembre.

Itinerario...

Además de entregar el colegio etnológico en La Chorrera, la visita de la comitiva presidida por la Primera Dama de la Nación tuvo otro objetivo: llevar regalos de Navidad.

La primera escala de Mamá Noel fue en Aracuara. Ella y su comitiva llegaron cargadas de obsequios para los niños de la región.

Los pequeños, descalzos, en compañía de sus madres y en medio de un intenso calor, esperaron desde la seis de la mañana el momento para recibir los obsequios.

Así, lo que en un comienzo se hizo en un completo orden, se transformó en una feria.

Y no era para menos. Nunca antes el Niño Dios se había manifestado de esa manera. Rodaron balones, carros y hasta motores fuera de borda para el transporte marítimo de la región.

Cindy, una niña de tres años, morena, de ojos rasgados, corrió descalza para mostrarle a su madre y a sus amiguitas una muñeca que, según ella, era tal y como la quería.

Pero, quizás, Joaquín fue quien más apreció su regalo. El, un joven parapléjico de 18 años, recibió una silla de ruedas que la Primera Dama le entregó mientras la comunidad hacía propia su alegría.

El siguiente destino fue La Chorrera. Allí, la comunidad esperó el momento de la entrega oficial de la Casa Arana, convertida en un colegio etnológico.

A la hora de los discursos comenzó a llover. Pero eso no fue ningún inconveniente para continuar con el acto. Juan Pinage, representante de los indígenas, en el dialecto meneca saludó a los asistentes. Posteriormente, en español, agradeció a los funcionarios por la entrega de la Casa Arana.

Pero, quizás lo más representativo, fue la condecoración que el Gobernador del Amazonas, Luis Carlos Henao, le impuso a la Primera Dama de La Nación.

Según el Decreto 2588 del 20 de diciembre de 1993 le otorgaron el Primer Grado de la Gran Cruz (Victoria Regia), especial para las personas que se destacan por su mérito y por sus obras en beneficio del Amazonas.

La idea es que la Casa Arana no sólo sea un colegio, sino que la comunidad lo sienta como propio y que entienda que tiene un significado especial. El deseo es que allí se respete la diversidad étnica y cultural. Por eso, desde hoy será el símbolo de la libertad... , dijo Ana Milena Muñoz de Gaviria.

Es el comienzo de un nuevo ciclo en un territorio que después de soportar la violencia de otras épocas, renace para darle paso a la educación de los niños y jóvenes indígenas, representantes de una nueva generación de colombianos.

La historia de la Casa Arana La Casa Arana, transformada en el primer colegio etnológico tiene una historia que data del siglo XVIII. En esa época las misiones franciscanas reconocieron por primera vez los grupos del río Caquetá y Putumayo: Carijonas, Witotos y Sionas, entre otros En 1890, los primeros colonos colombianos llegaron en busca de caucho. Benjamín Larrañaga y Crisóstomo Hernández hicieron algunas mejoras en el alto río Igará-Paraná y fundaron la Colonia Indiana (actual Chorrera).

Pero es a partir de 1900 cuando la historia de la Casa Arana comienza. Julio César Arana, un empresario peruano, y sus socios penetran en la región del Putumayo.

Allí establecen compañías con algunos colonos colombianos. Después de efectuar algunas compras y mejoras desalojan violentamente a los colonos que aún quedaban en la región.

Ya, en 1907, La Casa Arana fue constituida como compañía internacional bajo el nombre de Peruvian Amazon Rubber Company. En esos momentos es sindicada de cometer un inmenso genocidio indígena.

Quince años más tarde, Perú reconoce en favor de Colombia la soberanía sobre parte de la región amazónica. Ese reconocimiento se hizo por medio del Tratado Lozano-Salomón que establece límites y libre navegación.

En 1924, el escritor colombiano José Eustacio Rivera publica La Vorágine. En ella denuncia, a través del relato de Clemente Silva, las crueldades de los peruanos con la población del predio Putumayo.

En 1933 se desarrolló el conflicto entre Perú y Colombia, pero finalmente se logró un arreglo fronterizo definitivo. Después de muchos contactos, en 1964, la Caja Agraria compró el predio a un representante de la familia Arana.

A partir de ese momento, se relizaron varios contactos para mejorar la zona del Predio Putumayo, pero es en 1986 cuando la Caja Agraria empieza formalmente el proyecto de La Chorrera. En él se consideraron objetivos generales de estudio: conservación, aprovechamiento de los recursos naturales (agua, flora, fauna...).

Dos años después, La Caja Agraria vende al Incora el predio. La venta queda consignada en la escritura pública No. 1987 del 5 de abril de 1988. El resguardo indígena del predio Putumayo toma el carácter de propiedad común de los aborígenes.

Desde esa época, las mejoras han sido sustanciales. Muestra de ello es la transformación de la Casa Arana en el Primer Colegio Etnológico. Una ayuda que integra a los indígenas como parte activa del país.

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