DON GENTIL DUERME EN LA CULTURA

DON GENTIL DUERME EN LA CULTURA

Dos huevos hierven a fuego lento en una paila ahumada. Algunas gotas salpican unos libros de García Márquez y una colección incompleta de textos sobre mecánica industrial. La estufa eléctrica de un puesto se apoya contra un Algebra de Baldor y un ejemplar de lujo de Doce cuentos peregrinos sostiene el mango de la sartén.

28 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Son las 8 de la mañana y don Gentil Ramírez, un vendedor de libros, prepara el desayuno para él y su pequeña hija de 6 años.

Es un viejo alegre y tomatrago , como él mismo se define, que ha vivido 20 de sus 68 años metido entre los libros. Pero ahora duerme con ellos, desde cuando lo sacaron de la calle 19 y le tiraron la caseta en un lote de la avenida Primero de Mayo con carrera 72, al sur de la ciudad.

Aunque su vida transcurre entre La República, de Platón, El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría, y El cielo es el límite, de Wayne W. Dyer, su territorio se reduce a los 12 metros cuadrados que tiene su caseta. Allí vive hace cuatro años, entre los libros, con Sandra Milena, su hija, y los recuerdos de la mamá de la niña, una vieja de 18 .

La conocí cuando estaba en la 19; era una muchacha joven, tuvimos la niña y ahí mismo me dejó. La amamantó un mes y nunca la he vuelto a ver , dice don Gentil, quien se enorgullece cuando habla de su hija.

Ya la tengo registrada, la he criado solo y cuando vaya a colgar los tenis se la entrego a los padrinos .

Lugar inseguro Igual que don Gentil, en 1989 salieron los libreros de la calle 19. La decisión la tomo Andrés Pastrana, alcalde de entonces.

Los vendedores que tenían modo compraron local en el Centro Cultural, de la carrera 8A. con calle 16, en el centro. Los demás fueron instalados, porque sí, en un lote de Ciudad Kennedy.

De las 200 casetas que llevaron, sólo quedan 52 y de éstas, 25 son atendidas por libreros.

Las demás sirven de expendio de comidas, talleres de mecánica y venta de cerveza.

Los vendedores que perdieron todo en el trasteo abandonaron las casetas y éstas sirven de vivienda a pordioseros y gamines que en la noche meten droga, según dicen los vecinos.

Martha Lucía Rodríguez, administradora de un conjunto residencial de la zona, dijo que con los libreros no hay problema, pero las casetas abandonadas dañaron la imagen del lugar. La presencia de maleantes hace, aún más inseguro el sector , afirma.

A don Gentil, por su parte, no le importa lo que piensen los vecinos porque la mayoría son sus clientes y, además, él ya se estableció. Aunque en esta Navidad la va a ver negra porque no ha vendido un solo peso, debido a que en Navidad nadie regala libros, y menos de segunda, allí por lo menos no paga arriendo ni le cobran impuestos.

Por servicio de luz paga 10.000 pesos y el agua es de contrabando.

El alcalde local, Jorge Hernán Roncancio, dice que no hay plata para reubicar a los libreros y que por ahora la construcción, en este lote, del centro administrativo de la localidad de Kennedy es apenas una idea.

Mientras tanto, don Gentil seguira allí durmiendo en la cultura , cuidando a su hija y esperando el día que se la deba entregar a los padrinos porque va a colgar los tenis .

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