EN ARMENIA QUEMAN LOS LIBROS PARA CALENTAR LAS CASAS

EN ARMENIA QUEMAN LOS LIBROS PARA CALENTAR LAS CASAS

El invierno pasado, Asguig Grigorian debió quemar todos sus libros de ideología comunista para calentar su hogar en Erevan, la capital de Armenia. Este año, con los primeros fríos del invierno boreal, debió comenzar a sacrificar sus novelas preferidas para alimentar el fuego de su chimenea. En los dos últimos años, cerca de medio millón de armenios de una población total de 3,5 millones abandonaron su país para escapar de la crisis económica que azota este país, que formó parte de la desaparecida Unión Soviética.

28 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Las dificultades aumentaron aún más en los últimos días con la introducción de la nueva moneda nacional, el dram, en reemplazo de los antiguos rublos soviéticos, anteriores a 1993.

Todos los días se forman largas colas ante las panaderías que venden 350 gramos de pan por persona y por día, el único alimento accesible a 100 rublos el kilo. El precio de la carne y del queso pasaron de 10.000 a 50.000 antiguos rublos el kilo, en tanto el salario promedio es de 7.000 antiguos rublos. El dólar subió verticalmente a 20.000 antiguos rublos .

La semana pasada, el presidente armenio, Levon Ter-Petrossian, llamó a la población a ser más comprensiva y reclamó orgullo por la introducción de la nueva moneda nacional, pero las promesas del gobierno sólo suscitan escepticismo.

Símbolo de la impotencia gubernamental, un frío glacial reina incluso en las oficinas estatales, sin calefacción desde hace tres años.

El vicepresidente armenio efectuó una gira por países occidentales, pero los fondos obtenidos son escasos, apenas siete millones de dólares, en tanto una asociación de armenios emigrados se comprometió a otorgar 14 millones de dólares suplementarios indispensables para mantener ciertos servicios durante el invierno.

En la capital, Erevan, la electricidad sólo funciona dos horas diarias, y en la noche toda actividad es interrumpida con la oscuridad y el frío, mientras los pasajeros de un autobús eléctrico atrasado descienden para empujar el vehículo falto de energía.

Por lo demás, los autos privados son extremadamente raros, ya que los 20 litros de carburante se venden en un millón de antiguos rublos (unos 50 dólares).

Cada mañana, a las siete, voy a la escuela a pie, pese a que se encuentra a 15 kilómetros de mi hogar , se queja una profesora, Djulietta Ossepian. Los niños prestan poca atención porque tienen hambre , concluye resumiendo la dramática situación económica imperante en Armenia.

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