ITALIA Y EL REVOLCÓN DE MANOS LIMPIAS

ITALIA Y EL REVOLCÓN DE MANOS LIMPIAS

El escándalo de las comisiones ilegales trastocó este año la geografía política de Italia, arrambló con los partidos oficiales y colocó por primera vez a las fuerzas progresistas en el sendero del gobierno. La operación anticorrupción Manos limpias , lanzada en febrero de 1992 por los jueces de Milán, pasó como un huracán por el sistema político italiano, dejando en ruinas a los partidos de la coalición que gobernó el país en los últimos 20 años.

28 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Pocas veces en la historia contemporánea la acción de unos jueces produjo tantos resultados como la de los protagonistas de Manos limpias .

Un observador de la política italiana que se hubiera aislado en una cueva como un anacoreta cualquiera en febrero del año pasado y se hubiera despertado en diciembre de 1993, habría creído seguramente estar en otro país.

El gobierno ya no está presidido por un militante de partido, sino por un independiente; los partidos de la coalición no pueden imponer condiciones al ejecutivo; sus secretarios han desaparecido del mapa y se ven obligados a rendir cuentas a la justicia y, por fin, se habla de la connivencia de políticos con las organizaciones mafiosas y los acusa sin tapujos.

El huracán Tangentopolis (ciudad de las comisiones), como se conoce popularmente el escándalo, ha obligado a dimitir a líderes que eran intocables: el socialista Bettino Craxi, el socialdemócrata Antonio Cariglia, el liberal Renato Altissimo y el republicano Giorgio La Malfa.

El todopoderoso Giulio Andreotti, siete veces primer ministro democristiano, se ha retirado de la vida política para dedicarse al periodismo y tiene que aclarar ante los magistrados de Palermo si era, como se lo acusa, el enlace político en Roma con Cosa Nostra . Cayeron los poderosos Dejaron de ser todopoderosos el democristiano Ciriaco De Mita, ex secretario general y ex primer ministro; su sucesor en el liderazgo, Arnaldo Forlani; el ex ministro de justicia y ex vicesecretario socialista Claudio Martelli, el ex ministro liberal de sanidad Renato De Lorenzo, el ex ministro del interior y barón democristiano Antonio Gava, el ex ministro del presupuesto del mismo partido Paolo Cirino Pomicino.

Estos personajes y otros dominaron durante 20 años el escenario político del país y fueron quienes aportaron el dinero o los votos.

Manos limpias reventó el pacto y desveló a los italianos lo que antes se despachaba con la frase todos roban . Sí, todos o casi todos robaban pero la opinión pública nunca pudo adivinar la enorme dimensión de lo sustraído: centenares de millones de dólares en aras de la estabilidad y del objetivo máximo de frenar a los comunistas, cuya financiación procedía de Moscú y, en una pequeña parte, del sistema Tangentopolis .

Decenas de empresarios pasaron por la prisión San Vittore, de Milán, antes de concedérseles el arresto domiciliario. Y cuando la investigación llegó al parlamento, Italia vio con asombro que una cuarta parte de los 956 diputados y senadores estaban implicados en algún proceso de Manos limpias . Cuenta de cobro Los italianos decidieron castigar en las urnas a los partidos que aparecían como protagonistas del escándalo. Primero, aprobaron en abril la ley electoral para implantar el sistema mayoritario, en la creencia de que el anterior originó la corrupción.

Antes se habían echado a la calle para protestar por la absolución de Craxi decidida por la Cámara de Diputados, en una sesión que pasará a la historia como una de las más desafortunadas del parlamento de la I República.

Los viejos políticos que pensaban que se trataba de un enfado pasajero se encontraron en junio en unos comicios municipales parciales con la sorpresa de que la Liga, uno de los nuevos partidos, ganaba en el norte, y subía la antigua bestia negra , los ex comunistas del Partido Democrático de la Izquierda (PDS).

Los democristianos sufrieron un duro revés, mientras sus socios en las coaliciones desaparecieron. El voto de junio fue más que confirmado en noviembre con otras elecciones municipales: ganaron los progresistas encabezados por el PDS y los democristianos no lograron colocar un solo alcalde en las grandes ciudades en las que se votó. Los socialistas ni siquiera presentaron candidatos.

El observador convertido en anacoreta provisional no salía de su asombro cuando supo que los neofascistas habían sido el partido más votado, aunque no lograron las alcaldías de Roma y Nápoles, y que el magnate de la televisión privada Silvio Berlusconi preparaba su ingreso en política.

El observador estuvo tentado de volver a la cueva, pero decidió no hacerlo cuando se le dijo que las elecciones anticipadas seguramente se celebrarán en marzo próximo. No estaba dispuesto a vivir de nuevo la experiencia de despertarse en otro país.

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