Colombia y la minieconomía del estancamiento

Colombia y la minieconomía del estancamiento

El doctor Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía, ex-economista jefe y ex vicepresidente senior del Banco Mundial, autor de El Malestar de la Globalización, en su más reciente libro Cómo Hacer que Funcione la Globalización, sugiere que sus dificultades y efectos nocivos sobre algunas economías provienen de la carencia de una estructura institucional de cubrimiento mundial, indispensable para manejarla y adecuarla tanto a las economías desarrolladas como a las en desarrollo y emergentes.

31 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Por su parte, la prestigiosa revista de negocios Business Week, en su edición de mayo 28 del 2007, le dedica portada y artículo de fondo a Colombia, bajo el sugestivo titular ‘What's the Most Extreme Emerging Market on Earth?’ (Cuál es el Mercado Emergente más Extremo de la Tierra?).

La publicación enfatiza el auge de la inversión en el país, y anota que si Colombia quiere aprovechar y consolidar a largo plazo esta bonanza, deberá concentrarse en dos aspectos clave: el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y contar con la infraestructura adecuada para atender la demanda.

Anota, sin ambages, que los financistas nacionales y extranjeros insisten en que sobran los recursos para inversión en grandes proyectos de infraestructura, pero que, ante todo, “es indispensable cambiar la mentalidad del Gobierno”. Y se diría que también la del sector privado.

Las ventajas geoestratégicas de Colombia son únicas e incomparables.

Colombia es Geocentro de: la Gran Cuenca Oceánica Mundial; del Continente Americano; del futuro grupo de Países Hispánicos del Pacífico; de la CAN y del G3; de la Gran Cuenca Hispánica desde California hasta Florida; de la mayor Cuenca Ecológica de la Tierra; de la Gran Cuenca Hídrica Intertropical, la más grande del mundo; de la mayor Cuenca de Energía Primaria y la de mayor potencial de producción de biocombustibles del planeta y de la Gran Cuenca Solar del Gran Caribe, la de más altos índices de intensidad y exposición del mundo.

Además, Colombia cuenta con la única cordillera intertropical del planeta, que incluye 90 por ciento de las tierras frías de la región circundante del Gran Caribe y 57 por ciento de la superficie mundial de páramos, así como amplia variedad de pisos térmicos y micro climas. Colombia será un país siempre verde, por su posición sobre la Línea de Convergencia Intertropical que determina la pluviosidad estacional de la Región Andina del Pacífico. Es también país de llanura, de cordilleras (tres), de mares (dos) y de ríos.

Rodeado de aguas, linda también con el Amazonas y el Orinoco.

Es país de esquina entre el Pacífico y ese espectacular mar interior, el Gran Caribe, que comprende el Golfo de México, el Mar Caribe y el Mar de las Antillas, aguas de encuentro de las tres Américas.

Con todo su incomparable potencial para el desarrollo, Colombia está estancada desde la Independencia por la ignorancia, la incompetencia, la desidia y la codicia de un establecimiento político que la ha sumido, desde la Colonia hasta ahora, en todas las formas de violencia fratricida, barbarie y anarquía de las feroces, sangrientas y esterilizantes ideologías fundamentalistas de todos los tiempos y matices.

Cruel historia y legado de las vetustas instituciones del estancamiento: constituciones farragosas, laberínticas, pletóricas de derechos y dolientes de deberes, manipulables a discreción por intereses sórdidos de ‘majestuosa’ apariencia; poderes públicos, feudos podridos de politiquería, clientelismo, voracidad y bajeza; organismos de control inoperantes y faltos de contundencia y recursos. Para no hablar en detalle del paquidérmico, politizado, indolente, permisivo, ‘kafkiano’ y risible aparato ‘judicial’.

Códigos y procedimientos penales, monumentos a la impunidad, que parecen redactados y adoptados por Caín y la Serpiente. Lo laberíntico, farragoso, permisivo y paquidérmico no se presta a derecho: solo se presta a torcido.

Cruel historia también la de la consecuente minieconomía del estancamiento.

En artículo de hace algunos meses, en el diario EL TIEMPO, intitulado ‘Hacienda versus DNP’, el ex ministro Rudolf Hommes anota que “el exceso de fiscalismo termina haciendo ajustes fiscales ilusorios, particularmente costosos cuando se llevan a cabo con sacrificio de la inversión, especialmente en infraestructura”. Y es cierto: en Colombia, así como en el resto de la mal llamada América Latina, la política económica ha sido fundamental y tradicionalmente ortodoxa y monetarista, con rezago y desaliento de la inversión en infraestructura, la cual es el cimiento de la productividad y competitividad de los países y lo único que les permite desarrollar y aprovechar plenamente sus recursos.

Son estos y sus coordenadas geopolíticas y geoestratégicas los que deben definir el modelo económico de cada país y no el fiscalismo a ultranza y de cartilla de la banca multilateral. No hay países ni circunstancias iguales; luego no debe haber una política económica ortodoxa y dogmática para todos ni para todo momento. Lo urgente no sería solo lo fiscal, sino que también lo fuera el desarrollo de la infraestructura para el óptimo aprovechamiento de los recursos. Mucho Harvard y mucho London School of Economics necesariamente no resultan en more Colombia, si no se es capaz de conciliar la estabilidad de la moneda y el fisco con los recursos de capital propios y de extraños orientados a la inversión, junto con los que permite generar y monetizar el crecimiento mismo de la economía, en proyectos específicos globales de alto impacto, para dinamizar la productividad y la competitividad del sistema. Lo demás no es si no crecimiento y contaduría de la pobreza.

Y para abundar en el error, está el inefable mandato constitucional del Plan de Desarrollo. Plan pueril, insensato, inmediatista, intonso y corruptor; de ejecución gota a gota y de concepción y alcances parroquiales; dispersión de recursos a escopetazo de regadera; repartija y rapiña de auxilios parlamentarios mal disfrazados. Como si en el mundo de hoy, cuántico, sistémico, probabilístico e incierto, de crecientes complejidad e interdependencia, donde todo es causa y a la vez efecto de todo, se pudiera definir, acometer y completar en cuatro años un rígido programa de obras de cubrimiento global, para un país de la complejidad geográfica y del enorme potencial geoestratégico de Colombia. Menos aún a sabiendas de que cada gobierno trae su propio plan y guarda poco miramiento por el de su antecesor.

Así, el desarrollo de Colombia está constreñido, no solo por su modelo económico centralista, monetarista y tributarista a ultranza, sino también en alto grado por la planeación centralizada -un cadáver insepulto desde la caída del Muro de Berlín- y por la farragosa Constitución del 91, que la consagró en dogma y esperpento en el atrás citado Plan de Desarrollo de cuatro años. Ningún presidente alcanza a cumplirlo y ningún ex presidente lo deja cumplir. No hay planeación centralizada en ningún país desarrollado o en franco desarrollo. Es un empeño sin sentido, en un mundo hace rato cuántico, sistémico, probabilístico, crecientemente complejo e interdependiente, de 6.500 millones de terrícolas en proceso de globalización sin barreras.

Esa planeación centralizada es un desgaste de talentos de la generación cibernética, dedicados a trajinar y vender estadísticas de un pasado inerte y metas desconcertantes (2019 Visión Colombia - II Centenario) en lugar de lanzarlos a diseñar y crear el futuro, que bien son capaces de hacerlo puesto que todos ellos pertenecen a la generación que habrá de cambiar a Colombia. ¡Hay que dejarlos cambiarla! Es la vulnerable minieconomía del estancamiento la que ha reinado en Colombia desde los tiempos de los virreyes y de los próceres. Ya la someteremos a inventario para acabar de destronarla, para luego proponer entronizar una megaeconomía del desarrollo. De lo que nos ocuparemos, si nos prestan el estrado para próximos alegatos.

'' En Colombia, así como en el resto de la mal llamada América Latina, la política económica ha sido fundamental y tradicionalmente ortodoxa y monetarista”.

'' Si Colombia quiere aprove- char y consolidar a largo plazo esta bonanza, deberá concentrarse en dos aspectos clave: el TLC con E.U. y contar con la infraes- tructura adecuada para atender la demanda”.

'' Es la vulnerable minieconomía del estancamiento la que ha reinado en Colombia desde los tiempos de los virreyes y de los próceres”.

Carlos de Greiff Moreno . Experto en infraestructura

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.