El populismo y la cultura

El populismo y la cultura

La realización del Festival Internacional de Música Clásica y del Hay Festival en Cartagena ha provocado reacciones polémicas. Ambos eligieron la ciudad como escenario de actividades que, gracias a sus patrocinadores, han sido promocionados en medios masivos de comunicación. Por esto la demanda del público ha sido superior a la oferta de localidades.

31 de enero 2008 , 12:00 a.m.

El Hay y el Internacional de Música tienen su sede principal en el Teatro Heredia (“bello y cursi”, a decir de Joaquín Sabina; entrañablemente bello y cursi, diría yo), con capacidad para 700 personas mal acomodadas. Ofrecen espectáculos al aire libre en las plazas, gratuitamente el de música, con precios módicos el de literatura.

La organización del Hay cometió este año un error que no perdonarán quienes rechazan la realización de estos eventos. Y es un error que podría remediarse si la administración local pone condiciones y exige, según la naturaleza del espectáculo, la realización de funciones gratuitas en sitios populares.

El concierto de Baaba Maal en la Plaza de la Aduana registró lleno completo pero el artista senegalés lamentó la ausencia de afrocolombianos en un espectáculo que hubiera tocado la sensibilidad de los cartageneros, allí donde la música caribeña se encuentra con sus raíces africanas.

Pero no es este el problema central, aunque errores como este ofrecen argumentos a quienes dicen que esta clase de eventos no tienen razón de ser en una ciudad sitiada por la pobreza y las necesidades.

Es cierto que la presencia de empresarios y personajes públicos en las zonas VIP es bastante notoria, pero son ellos quienes se han metido la mano en los bolsillos para financiar eventos de prestigio internacional donde no se viene a hacer turismo sexual con menores ni a reventar de cocaína barata en los hoteles.

Las objeciones son bien intencionadas. Pese a la eficiente promoción mediática de estos eventos, los beneficiados son pocos pero sobrepasan el número de asistentes habituales a espectáculos de música clásica y literatura. Comparados con los espectáculos de música popular, son, en efecto, eventos de élites.

No creo, en cambio, que sea nocivo para sociedad alguna montar espectáculos alrededor del libro, los escritores, los cantautores o los intérpretes de música clásica. Es algo que no se discute en ninguna parte del mundo.

Se olvida el impacto que estos espectáculos producen en grupos sociales no acostumbrados a recibir noticias desde el arte y la literatura, grupos que acaban aceptando que la cultura puede ser noticia diaria e incluso espectáculo de masas. Cartagena ofrece en estas fechas la posibilidad de beber agua más pura que la sopa envenenada del folletín televisivo y las modas programadas por la industria del entretenimiento.

Algunos creen que sería mejor no realizar estos festivales porque los pobres no pueden disfrutarlos. Tampoco pueden disfrutar los conciertos de Juan Luis Guerra y Carlos Vives. Ambos son artistas populares con altas cotizaciones en el mercado del espectáculo. Así que lo razonable sería extender parte de estos eventos hacia zonas deprimidas de la ciudad, algo que se está haciendo en pequeña escala y con un esmerado sentido pedagógico.

Habría que preguntarse por los procesos educativos que llevarían a nuevas capas de la población a escuchar música clásica o a leer libros de autores nacionales e internacionales. Tendrían precios más bajos de los que se pagan por escuchar música lounge en playas abarrotadas de espectadores y consumidores de todas las drogas

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