ASÍ VI LA PRIMERA DE LA FERIA EN CAÑAVERALEJO

ASÍ VI LA PRIMERA DE LA FERIA EN CAÑAVERALEJO

Tras una larga y fatigosa escalada, llegábamos al llamado Palco de Periodistas de Cañaveralejo, donde hemos sido testigos de la primera de feria que tuvo lugar en el bello coso. Ha sido como ver una corrida con ojos de gallinazo, que fuerza la pupila para presenciar todo aquello que sucede en el ruedo, que por desgracia fue muy poco.

28 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Nos pareció vislumbrar que los toros de Icuasuco, desde lo que se puede ver en esas alturas, estuvieron bien presentados, pero les falló lo más importante: el motor de la casta que mueve a las reses a las acomodaticias, a la movilidad, al querer apresar aquello que se les pone por delante y cobre toda esa fuerza ciega para acudir con fiereza; lo queramos o no, no es otra cosa que bravura.

Fueron tan mansos, tan mansos, que no tuvieron un lance, ni un muletazo. Bueno, sólo los que les supieron sacar la voluntad de los toreros a fuerza de mil esfuerzos. Y es que en la plaza, salvo a lo largo de la lidia del tercero, solo estaban distraídos los toros que participaban en el espectáculo, como si la cosa no fuera con ellos, andando sin hacer caso a nada ni a nadie, en sus como paseos cortitos, cortitos, olisqueando el ambiente pero sin participar lo más mínimo en el espectáculo. En definitiva: mansos y deslucidos a carta cabal.

Solo Manuel Díaz, El Cordobés , que hacía su presentación, supo llevar a los graderíos la emoción de su toreo, en verónicas y varias series de muletazos; y vinieron sus alardes valerosos; juntos la emotividad de las manoletinas con la vista en el palco de periodistas, y el escalofrío de las apreturas y el aletear de la emoción en los corazones.

Un pinchazo y la estocada y gran ovación para el debutante, que había presentado una interesante tarjeta de visita. El sexto fue un mulo. Coceaba y para qué seguir relatándoles las demostraciones de su falta de casta. Decisión y voluntad y sobre todo una soberbia estocada. Fue despedido con una cariñosa ovación.

Gitanillo se esforzó, pero no estuvo afortunado. César Camacho tiene valor y casta y su esfuerzo fue compensado con una ovación, tras matar aun a costa de un muy serio revolcón.

Dicen que los gitanos no quieren a los hijos con buenos principios. Es la única esperanza que le quedaba al aficionado caleño, cuando abandonaba Cañaveralejo, al término de la primera de abono.

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