LOS QUEMADOS DEL AÑO VIEJO

LOS QUEMADOS DEL AÑO VIEJO

Que me quemen, pero bien vestido El personaje nacional preferido por los pirómanos de año nuevo es el Ministro de Hacienda Rudolf Hommes. Así lo reveló un sondeo realizado el domingo pasado, durante todo un día, por la Línea T de El TIEMPO. A la pregunta: qué o a quién quemaría usted en año nuevo?, Hommes duplicó en votos incendiarios al Alcalde de Bogotá Jaime Castro y al Presidente Gaviria, muñecos que ocuparon el segundo y tercer lugar respectivamente.

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

En total, se recibieron 4.728 llamadas y muchas de ellas también decidieron prenderle fuego a la carestía, la violencia, la pobreza, las basuras, el gobierno en pleno y la corrupción.

En menor importancia, a los infieles, a la economia, a la selección argentina de fútbol, a los huecos, los políticos y la inseguridad.

Antes de despedir calurosamente el año, Hommes le entregó a sus verdugos todo un manual de instrucciones para hacer de él un buen muñeco de año viejo.

Ministro, usted por qué cree que lo quieren quemar ? A mí me quieren quemar todos los años y yo creo que es por salir a poner la cara. Y cómo le gustaría que lo quemaran? Bien vestido, para cambiar de imagen. Con una corbata sobria y un vestido que se pusiera Felipe López, pero de mi talla. La sonrisa de Carlos Caballero y la buena estrella de Juan Manuel Santos... Y ojalá bastante pólvora para hacer harto ruido. Junto a Jaime Castro, porque yo lo estimo mucho, y para quemar dos tendencias del partido liberal. Lo han quemado antes en su vida? En el 90 en Cali, en el 91 en Pasto y creo que el año pasado en todas partes. Por qué lo quieren quemar siempre? A la gente le divierte quemar ciertos personajes Y usted es un buen muñeco para quemar? Yo soy un buen muñeco para frentiar Quienes llamaron a la Línea T también quemarían la inflación Yo también la quemaría. Eso es lo que he tratado de hacer desde que llegué aquí. Y 1994 sería un mejor año si a usted lo quemaran No. Ya las cosas van por su curso.

La Calle del Muñeco El símbolo de la partida del año en Barranquilla, al igual que en otras regiones del país, es un muñeco de harapos al que se rellena con pólvora (triqui-traqui, matasuegras, voladores, totes, etc) y lleva letreros contra la pobreza, la violencia, la corrupción y todo lo malo que se quiere acabar.

En los barrios populares se arma el monicongo de trapo y se pasea por las cuadras hasta que al filo de la noche se le prende fuego.

En el sector de El Silencio, al noroccidente de la ciudad, es tan arraigada esa costumbre que el escultor Alfonso Maldonado Guette decidió, hace 15 años, armar su propio muñeco en concreto, al que se le colocan globos y voladores el 31 de diciembre. Por ello, su cuadra (calle 79 con carrera 26C4) es conocida como la Calle del Muñeco .

En esta oportunidad, las chispas que salen del muñeco pueden aguarse por la prohibición de la Alcaldía de usar pólvora. Sin embargo, será un incentivo más para poner a prueba el ingenio de los barranquilleros. Aunque no faltará uno que otro que lo rellene aunque sea de triqui-traqui o lo rocíe con gasolina para después prenderle fuego.

El historiador cultural Martín Orozco Cantillo señala que desde el punto de vista mítico, el hombre celebra el júbilo del año nuevo como un renacer y el muñeco personifica todo lo malo que sucedió en esos 365 días. El muñeco es una purga, tiene un función mítica, porque el hombre siente la necesidad de reactualizar periódicamente el escenario de regocijo, que en este caso es la Navidad, como ocurre con Joselito Carnaval .

El Taitaviejo Una buena parte de la tradición en Cali tiene ascendencia en las costumbres del departamento del Cauca. Por eso, en familias con ascendencia caucana se le denomina Taitaviejo .

En sus pueblos de origen, se quemaba a la persona de mayor edad del vecindario o la vereda o al personaje picaresco. Se realiza su figura, normalmente canoso y con ropas viejas, al que se le coloca un tabaco.

En los sectores populares de Cali existe casi una sana competencia por el mejor muñeco o el que más pólvora lleve. Recientemente, se le colocan petacas , que explotan con gran ruido. El último día del año, cuadra que se respete tiene su año viejo.

Para los niños, es una forma de conseguir algún dinero. Hacen el muñeco y, con un tarro, recorren el vecindario para recolectar la plata necesaria para la pólvora y, de paso, ganarse un excedente. Otros lo ubican en una esquina y piden a modo de peaje. Hay quienes cargan en su espalda la figura cómica o grotesca que elaboran y así recolectan dinero para ellos y el año viejo . En la pólvora se pueden invertir hasta 80 mil pesos.

Con la reciente influencia de la tradición española de la quema de fallas de un pueblo o región, algunos de los años viejos se realizan con imágenes alegóricas con personajes como el Ministro de Hacienda o el Presidente.

Algunos nombres En Navidad, las familias cartageneras no sólo piensan en la cena de Nochebuena, el nacimiento del Niño Dios, los aguinaldos o la celebración de fin de año, también en el muñeco de trapo que quemarán cuando las manecillas del reloj marquen las doce de la noche.

El ritual comienza el 31 desde muy temprano, cuando las jefas del hogar inician la preparación de los pasteles. Cada uno de los miembros de la familia busca en su ropero lo que no usa, hasta lograr el atuendo completo que lucirá el muñeco.

Y mientras en casa se dan los últimos toques a la cena, los menores salen a buscar por toda la ciudad el aserrín, que a mediodía ya se ha escaseado.

Todos meten la mano en las características que debe tener el muñeco, ya sea hombre o mujer. Al final, cuando ya está listo para exhibirlo en la parte más visible de la fachada de la casa, la familia se reúne para buscar el nombre. Por lo general, es de personajes que en ese año han sido famosos por cualquier causa: Madonna, Reagan, Michael Jackson, Amparo Grisales, El Apagón, El Guavio, La Chicholina y muchos otros. Para este año ya se barajan nombres como el de Pablo Escobar, la señora Amazonas y La potra zaina.

A las doce de la noche, tras rociarle gasolina, se prende y se le agregan algunos juegos pirotécnicos. La tradición es de todas las casas de los barrios populares o, por lo menos, de quien se anime a quemar los malos ageros.

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