‘Soldado de dos mundos’

‘Soldado de dos mundos’

Hablemos de otras cosas... No e xiste en Colombia una historia de amor y heroísmo tan bella y conmovedora, como la que palpita bajo los cielos de la Reserva de Meremberg. El soldado alemán destrozado por la artillería aliada y la enfermera colombo-alemana que lo cuida. Entre los dos, en la Selva Negra alemana, surge un idilio que tiene por fondo los bosques de niebla de la lejana Colombia.

29 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Trataré de resumir dos historias separadas, unidas al final por un bosque.

Por los años veinte del siglo pasado, el Gobierno quería incentivar el cultivo de cacao. Trajo para ello de Alemania al agrónomo Carlos Kohlsdorf, quien señalaría la ruta por donde se construyó la carretera Popayán-La Plata.

En este trabajo conoció un bosque, rico en flora y fauna, que va desde robles desconocidos hasta pumas y colibríes pasando por monos aulladores, que se convertirían, estos, en el símbolo de la futura Reserva Me- remberg.

En 1932 Carlos compró el terreno y lo consagró como un santuario de la naturaleza. Su esposa Elfrids y sus dos hijos, Mechthild y Helmut, todavía niños, se vinieron de Alemania a ayudar a cuidar la reserva. Dejemos allí esta historia.

El soldado Gunther Buch luchó en el frente oriental bajo las órdenes de los mariscales von Paulus y Guderian y luego, el famoso Día D, 6 de junio de 1944, lo encontró conduciendo un tanque en Normandía bajo el mando del mariscal Rommel. La aviación aliada destruyó su tanque y al salir herido pisó una mina que literalmente lo destrozó. Lo llevaban a enterrar en fosa común. Pudo gritar y se salvó.

La larga y dolorosa convalecencia fue cuidada por Mechthild que, convertida en enfermera colombo-alemana, había regresado a su patria y entre los dos surgió un idilio. Ella le hablaba del verdor y de los bosques de Meremberg.

Se casaron y vinieron a la reserva a la que dedicaron toda su vida y ahorros.

Carlos había muerto en 1945. Un día, en 1975, unos cazadores entraron al bosque y mataron a Mechthild. Murió por defender unos micos. Le dieron un balazo y un machetazo en la cabeza y ocultaron el cadáver bajo unos musgos.

Gunther, destrozada el alma, siguió trabajando por su bosque; allí se han hecho muchos estudios y se han clasificado varias especies nuevas de plantas y de animales.

El Gobierno colombiano, que no se distingue propiamente por la más bella de las cualidades que adornan a pueblos e individuos, la gratitud, nada ha hecho para ayudar a la reserva y a sus creadores. La Cruz de Boyacá sería nimio premio para Gunther Buch. Por supuesto que no se la han otorgado.

Para completar el doloroso cuadro, llegó la guerrilla y obligó a los defensores a salir de Meremberg y los bosques son hoy presa de taladores y cazadores.

Gunther regresó a Alemania, reducido a una silla de ruedas. Hoy tiene 93 años, escribe cartas y sigue luchando por su reserva. Lo menos que puede hacer el Gobierno es encargarse o encargar a alguna entidad de la reserva y dotarla de presupuesto generoso.

Liberio Jiménez, un ‘opita’ enamorado de su bello Huila, acaba de publicar el libro Soldado de dos mundos, que recoge la historia y que será lanzado oficialmente mañana en Neiva, con el patrocinio de Ecopetrol, la CAM y la Fundación del Alto Magdalena.

Confieso que esta historia me llega al alma y me hace vibrar de amor por nuestros bosques y de agradecimiento infinito a la heroica familia que creó la reserva de Meremberg

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