El consolador, ese viejo amigo

El consolador, ese viejo amigo

¿Cuál es el misterio? Desde épocas muy lejanas, los seres humanos han echado mano, literalmente, de los juguetes sexuales, y no propiamente para tenerlos de adorno. Nada de eso: son para proveer placer y gozar más de una función tan natural como comer o dormir. Así que no se escandalice.

27 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Aunque en público estos adminículos conservan una reputación sórdida, en privado son cada vez más aceptados. Obviamente, las cosas no se llaman por su nombre y, a punta de eufemismos, la gente mojigata confunde y desinforma sobre ellos.

Es el caso de una lectora que me pregunta, ¿qué es un dildo? Pues bien, le respondo con simpleza: es un consolador y, si quiere, un vibrador.

La palabreja, que se usa desde el siglo XVI, se deriva, al parecer, de diletto, que en italiano significa placer.

Ni se les ocurra pensar que estos amigos son un invento de la sociedad de consumo actual. Ya en la Grecia antigua las mujeres acudían a sustitutos hechos de madera, y hace más de 1.000 años las laboriosas asiáticas fabricaban sus juguetes con boñiga de camello recubierta por una resina resistente.

Por si fuera poco, la imagen del dildo aparece en la historia como elemento decorativo en las celebraciones relacionadas con las cosechas, y por allá en 1955 unos arqueólogos encontraron elementos fálicos que, al parecer, datan de la Edad de Bronce, es decir unos 4.000 años antes de Cristo.

Con tanta historia, ¿por qué el tabú? Pues bien, el dildo de hoy es el vibrador. Curiosamente aparece como instrumento médico para tratar la histeria que a finales del siglo XVIII se pensaba que resultaba de la frustración sexual. El remedio hizo que en la época victoriana las señoras pidieran citas seguidas para obtener el placer que no recibían en sus camas.

Con la llegada de la electricidad su uso se popularizó tanto que el vibrador fue el quinto artículo para el hogar en ser electrificado; como era obvio, las señoras consideraban más rico consolarse, por lo que el aparatejo apareció 10 años antes que la plancha.

Las innovaciones en el diseño y en la función han hecho que el vibrador sea un elemento más de la dotación femenina.

¡Ah! Y sus ventajas son infinitas: complementa el placer en pareja o lo sustituye. Además, no hace escenas de celos, siempre está listo, no hay que rogarle, bien usado no representa riesgo y no se queda dormido. Y aunque no hay como un buen hombre, por su historia y gran ayuda, ¡que viva el consolador! Hasta luego.

estherbalac@yahoo.es

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