Nostalgias de antiguos voluntarios de E.U. que regresan a Colombia

Nostalgias de antiguos voluntarios de E.U. que regresan a Colombia

“Yo vivía mi vida en blan-co y negro. Pero cuando lle-gué a Colombia comencé a vivir en technicolor”. Así re-cuerda Wade Davis, hoy con la National Geographic, su experiencia en el país hace más de 30 años como parte de los Cuerpos de Paz (Peace Corps) de Estados Unidos.

27 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Wade es uno entre más de 5.000 estadounidenses que tuvieron a Colombia como desti-no entre los años 1961 y 1981 bajo este programa de volun-tarios, que vio la luz durante la presidencia de John F. Kennedy.

Muchos de ellos, dicen ahora, quedaron marcados de por vida por estos años y fueron muchos, también, los colombianos que tocaron a través de su servicio.

Por eso ahora, y para algunos casi 45 años después, han decidido regresar al país y reencontrarse con un pasado que recuerdan con cariño.

A instancias de la embaja-da de Colombia en Washing-ton, 176 de ellos se darán ci-tan en Cartagena entre el 4 y el 7 de febrero para una conferencia que han bautizado ‘Reencontrándonos con el pueblo de Colombia’.

Piensan, además, recorrer los remotos pueblos y vere-das donde trabajaron construyendo escuelas y acueductos, siendo profesores y cientos de oficios más.

Aunque algunos de los Peace Corps terminaron casados con colombianos y mantuvieron los lazos, la mayoría nunca regresó al país.

Pese a ello, siempre preservaron viva la experiencia y decidieron fundar un grupo –Amigos de Colombia– que aún opera y que suele reunirse en Estados Unidos con cierta regularidad.

En total, Amigos de Colombia tiene 600 miembros activos.

Así los encontró la embajadora Carolina Barco cuando arribó a Washington, hacia finales del 2006. “Llegué con la idea de buscar a personas que tuvieran nexos con Colombia y que pudieran ser una especie de embajadores para nuestra causa. Un día me enteré de que los Peace Corps colombianos estaban en Washington en una de sus encuentros y decidí invitarlos a la embajada.

“Llegaron entre y 40 y 50. Fue increíble. Era gente que hasta entonaba a la perfec-ción nuestro nada fácil him-no nacional”, recuerda Bar-co.

De allí surgió la idea de volver a lo que algunos llaman su “segunda patria”. Durante el largo proceso de organización del evento en Cartagena fueron emergiendo sus historias, humanas, de superación, de lazos inquebrantables.

Algunos, como Sam Farr, representante a la Cámara por el estado de California, habían llegado lejos en sus carreras políticos. Otros, caso Maureen Orth, de la revista Vanity Fair y esposa del periodista estrella de la NBC, Tim Russert, preservaron los nexos con Colombia a través del financiamiento de obras sociales. Orth, de hecho, sostiene una escuela en Medellín que lleva su nombre.

Salvación de un niño tolimense Pero también se toparon con otras historias increíbles como la de José Castañeda, un colombiano que gracias a la ayuda de los Cuerpos de Paz llegó muy lejos en la vi-da.

Castañeda pertenecía a una familia de escasos recursos que vivía “a seis horas a caballo de Ibagué”. Su padre era minero y a los 15 años le informó que ya no podía pagar sus estudios en la escuelita del pueblo y que por lo tanto tenía que ponerse a trabajar.

Pero Jorge quería estudiar y con una muda y comida pa-ra un par de días se fue a Ibagué a probar suerte. Tres días estuvo en la plaza contando su historia a las transeúntes para ver si lo ayudaban. Hasta que se la narró a uno de los Peace Corps que pasaba por allí.

El “gringo”, recuerda Castañeda, se lo llevó a vivir a la casa donde vivía con otros dos integrantes de los Cuerpos de Paz.

A partir de allí le financia-ron sus estudios. Dado el relevo permanente de los Peace Corps, cada dos años, sus be-nefactores se marcharon pe-ro llegaron nuevos que lo si-guieron respaldado. Comple-tados sus estudios, viajó a E.U. y a la casa del estadounidense que lo recogió de la plaza.

Poco después ingresaba a la Universidad de Columbia, de donde se graduó y tomó rumbo a Francia para especializarse en derecho. Hoy Castañeda es juez, el único latino del área de Nueva York que ostenta este cargo.

La idea del Gobierno co-lombiano va mucho más allá de solo canalizar el reencuentro.

Según la embajadora Barco, “muchos de ellos ya han entrado en su etapa de jubilación y quieren servir nuevamente. Les vamos a presentar una serie de proyectos a los que ojalá se vinculen”.

En todo caso, se vinculen o no, se trata de gente que fue transformada por lo que vi-vió.

En una carta abierta que le escriben al pueblo colombiano con motivo de su visita le dan las gracias por enseñarles “a hablar, a bailar y a llenar cada momento de la vida con amor y alegría... Una parte de cada uno de nosotros se volvió colombiana y un trozo de Colombia siempre nos acompaña. Por eso estamos en deuda eterna con ustedes”

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