CONSULTORIO

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26 de enero 2008 , 12:00 a.m.

No hay autoridad en las carreteras.

En nuestras carreteras sabemos por dónde vamos, gracias a letreros que dicen, por ejemplo, “Bienvenido a Villeta”. En esta vía, solo esporádicamente nos informamos por positivas pancartas, como “Con Tigo, en Puente Nacional”, pero lo que sí es oportuno y sin falla es el anuncio del cobro del peaje.

Pero lo peor son las dobles líneas amarillas, que no permiten el cambio de carril, lo que hace que el viaje se aumente hasta en dos horas, por culpa de la gran cantidad de camiones, tractomulas, carrotanques, volquetas, furgones y niñeras, que obligan a los conductores a viajar detrás de ellos a paso de tortuga, ocasionando el calentamiento de los motores.

Ya podemos viajar sin temor a los guerrilleros, pero en sitios estratégicos salen con libreta en mano grupos de policías de carreteras a poner comparendos por adelantar. Aquí no se aceptan explicaciones ni justificaciones, porque por encima de todo se deben respetar las dobles líneas, aunque lleguemos a la fiesta de Navidad en la noche de San Silvestre.

“Muchas gracias” al Ministro de Transporte y a la Policía de Carreteras por su ‘efectiva y perdurable’ gestión.

Martha A. Sanín de Sanín

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