LOS VERDADEROS PELIGROS QUE OFRECEN LAS DROGAS

LOS VERDADEROS PELIGROS QUE OFRECEN LAS DROGAS

Uno de estos días me llamaron por teléfono a la oficina para citarme a un programa de televisión. Supuse que era para una entrevista literaria y contesté que encantado. Pasaron a recogerme en un taxi y en el camino, la ayudante de producción me preguntó si tenía bien definida la confesión de mi caso para ponerla en el aire. De mi caso?, le pregunté. Claro, acaso no sabe que Vamos a lo que vamos , y que el tema del panel de hoy es el No a la droga ?. Traté de tirarme por la ventanilla, pero los demás pacientes que viajaban en el vehículo me atajaron, me pusieron una llave a manera de camisa de fuerza y se miraron en silencio moviendo la cabeza negativamente, como consolándose por encontrarse ante un caso más perdido que el de ellos.

27 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Qué diría mi mamá si me viera por la pantalla chica en compañía de una recua de drogómanos arrepentidos, haciendo público relato de mi caída en las redes narcóticas y proclamando mi milagrosa recuperación gracias a alguna institución piadosa que, de paso, me hubiera conducido de nuevo a los pies de Cristo y me regalara una Biblia para remorderme por haber usado su papel enrolando cachos? Seguramente me retiraría hasta el saludo por traidor.

Y cómo reaccionaría el jefe de mi oficina donde sospechara que toda mi creatividad publicitaria es un nuevo derivado del tetrahidrocannabinol? Y no empañaría mi hoja de vida en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde estudian con lupa dónde mandarme para que escriba la réplica a las Memorias del revolcón secreto de Mauricio Vargas? Semejante desenmascaramiento bastaría para rematar a mi suegro.

Al encontrarme frente a frente con Pilar Castaño, hice de tripas corazón. Aunque el tema del programa era el rechazo frontal a la droga, y veía cómo el productor azuzaba al público para que aplaudiera con furor a los testimoniantes cuando elevaron su voz de condena al alucinógeno que tan buenos ratos les deparara en un pasado no tan lejano, asumí el papel de abogado del diablo.

Luego de los golpes de pecho de Alfredito de la Fe, que dejó la perica cuando se le acabó la plata para comprar más; de Manuel Busquetts, que cortó con la droga que le inducía a tantos pecados y anda buscando refugio entre los niños de Dios ; del David de los Victorinos de TV, que pese a su juventud echó por el camino del piadoso retorno, y de otros testimoniantes catecúmenos de los que se me traban los nombres, tomé la palabra para reconocer que cómo sería de peligroso el consumo excesivo de droga, que conduce a un soye mayor que es la catequesis religiosa. Hay más intercomunicación con un pepo que con uno de estos modernos predicadores atentos a descalificar las conductas del prójimo, siempre con un versículo en la punta de esa lengua con que humedecían antes la goma de los cueros .

Mi teoria es que la droga fue secularmente sagrada, y que su verdadero consumo estuvo establecido para usos rituales. Fue siempre el chamán de la tribu de los que ahora tanto se respeta su sabiduría como se desprecian sus clamores quien se encargó de administrar el sacramento del vegetal sagrado, llámese marihuana, coca, yagé, peyote, hongo, mescal. La transgresión y el desmedro comenzaron cuando se quiso poner de moda esas drogas como complemento social del trago en las rumbas. Es allí cuando a la droga se le sale el demonio.

Me preguntó Pilar con un comprensible desasosiego, y como forzando una complicidad con el tema del programa, si los nadaístas estábamos dispuestos a cortar con la droga. A lo que contesté con este sí valioso reclamo de mis poetas: Pero, más cortada de lo que la venden! .

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