Armas blancas aumentan participación en homicidios

Armas blancas aumentan participación en homicidios

Dos semanas después de que llegó con cuatro centímetros de un puñal incrustado en su cabeza al hospital de Kennedy, Arturo Restrepo* se recuperó y siguió su vida normal. Pero otra fue la suerte de Carlos Loaiza*, que recibió una puñalada en una de sus manos, ahora no puede mover tres de sus dedos y eso le cambió la vida. Otros, como el joven apuñalado en una estación de TransMilenio hace menos de un mes, simplemente no tuvieron tiempo de contar la historia, pues esta víctima murió a los pocos minutos de haber sido atacado.

25 de enero 2008 , 12:00 a.m.

Perder la movilidad en tres de sus dedos le costó a Carlos Loaiza perder su trabajo como mecánico, ya que su jefe prefirió reemplazarlo por un joven más ágil. Además, el quedarse sin sustento, su familia se desintegró. Por todo ello, Carlos cayó en una profunda depresión.

Por el contrario, Arturo Restrepo, quien no murió cuando el puñal entró en su cerebro porque no tocó ninguna arteria, vive como si nada hubiera pasado.

Incluso sigue atendiendo un bar ubicado en la localidad de Usme y cierra a la madrugada para irse a descansar a su casa. Camina de noche solo por el mismo trayecto donde una vez hace unos meses, unos hombres lo lastimaron en una riña.

En torax y estómago Estos son solo algunos ejemplos de los tipos de lesiones que se cometen con armas blancas y cuyo blanco más frecuente suele ser el tórax y el estómago, según Mario Posada, subgerente científico del hospital de Kennedy.

Él precisa que las consecuencias físicas más comunes son la desfiguración, la pérdida de movilidad en algún miembro del cuerpo y la imposibilidad de que la víctima use su esfínter (quien sufre esta secuela debe utilizar una bolsa pegada al cuerpo para hacer sus necesidades fisiológicas). Y el problema es que esta forma de agresión viene en aumento.

Las cifras del Distrito dan cuenta de 2.416 lesiones comunes con armas blancas en el 2007, 236 más que en el 2003, el último año de gobierno del ex alcalde Antanas Mockus. Y evidencian la participación cada vez mayor de armas blancas en las agresiones personales, que pasaron de 23,1 por ciento en el 2003 a 28,6 por ciento en el 2007.

Los homicidios cometidos en Bogotá han bajado en los últimos cinco años, pero la participación de armas blancas ha aumentado, pues pasaron de protagonizar el 24,7 por ciento de los casos en el 2003, a el 31,5 por ciento en el 2007.

El año pasado hubo 426 muertes a puñal o armas cortopunzantes en Bogotá, mientras que en el 2003 hubo 398.

El aumento no es muy significativo, pero la reducción de los homicidios con armas de fuego, ha aumentado la ‘participación’ de las armas blancas en el total de asesinatos.

Cifras del Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto (Cerac) señalan que entre Medellín, Cali y Bogotá, la capital del país tiene la proporción de muertes por armas cortopunzantes más alta.

El promedio anual de este tipo de homicidios dentro del total de asesinatos en la Capital equivale al 30 por ciento, mientras que en Medellín es de 19,1 por ciento y en Cali de 22,1 por ciento.

Preocupa el ‘crimen de impulso’ Arturo Restrepo y Carlos Loaiza participaron en una de las 2,5 riñas diarias en las que, en promedio, se generan lesiones con arma blanca en la ciudad. Y dichas riñas representan la mitad de los casos de lesiones comunes que se presentan cada 24 horas, según estadísticas del Distrito.

A Carlos lo atacó un hombre en en un bar de la zona de Patio Bonito y fue víctima de una modalidad conocida por las autoridades del Distrito como ‘crimen de impulso’.

Clara López, secretaria de Gobierno del Distrito, explica de qué se trata: “Suele suceder en las tiendas donde se consume alcohol en Bogotá. Un hombre ataca de muerte a otro inesperadamente porque le hizo un comentario o porque se sumergen en una discusión acalorada”.

Las riñas en las tiendas de barrio son uno de los temas de seguridad que más preocupan a López, quien señala que el Distrito quiere reducir su impacto, y por eso busca la manera de evitar estas conductas.

Las localidades de Usme, Mártires, Santa Fe, Rafael Uribe y Kennedy son las que concentran el grueso de las agresiones con armas de este tipo, pero en los barrios de estratos altos no faltan los casos.

Miguel Hernández*, quien estudia en décimo grado en el Gimnasio Moderno, recibió una puñalada hace un mes cuando se desplazaba desde el Club El Nogal hasta su colegio.

Hernández fue víctima de un atraco a plena luz del día y el cuchillo que le clavaron en el pecho le rozó el corazón y le perforó un pulmón.

En este caso las secuelas no fueron físicas sino sicológicas. Miguel está bien de salud, pero vive aterrado y ahora no se atreve a salir solo a la calle.

Su temor no lo deja caminar desde su casa al colegio –como lo hacía antes de ser agredido–, y ahora toma todos los días la ruta escolar, aunque vive a unas pocas cuadras del Gimnasio Moderno.

*Nombres cambiados por seguridad.

6 años de cárcel, si roban con puñal.

Un abogado penalista explicó que el uso de las armas cortopunzantes es común entre los delincuentes de la ciudad que aprovechan la falta de sanción al porte de estos elementos para andar con ellos esperando el momento para actuar. Además, porque saben que así los atrapen atracando, por las características del delito ( por lo general, robos menores a diez salarios mínimos) son dejados en libertad. Por ello, las autoridades esperan que la ley 1153 que endurece las penas – hasta en 6 años de cárcel para estos atracadores– y que regirá el 1 de febrero baje la ocurrencia de los robos, y para reforzar la medida preparan un proyecto de ley con el que se quiere sancionar el porte y la venta de estas armas. En el 2007, los hurtos a personas con objetos cortopunzantes en Bogotá fueron 1.237, el 10,8 por ciento del total de los robos de la ciudad.

2.416.

las personas que sufrieron lesiones con armas blancas en el 2007 en Bogotá: 236 más que en el 2003. Los homicidios con estas armas fueron 426.

17,9.

la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes que tiene hoy Bogotá.

En el 2003 era de 23 por cada 100 mil. El 30 por ciento son con arma blanca

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