UN AÑO ESTELAR PARA LOS LATINOS

UN AÑO ESTELAR PARA LOS LATINOS

Pocas veces una temporada del béisbol de las Grandes Ligas había logrado reunir la colosal actuación que dejó en 1993 un gran puñado de jugadores latinoamericanos, liderada por el venezolano Andrés Galárraga, los boricuas Juan González, Roberto Alomar, Carlos Baerga y el cubano Rafael Palmeiro. Galárraga, primera base de los Rockies de Colorado, y González, outfielder de los Rangers de Texas, fueron en sus ligas lo más descollante del año.

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Pero ello sin menoscabar el desempeño de los que dieron empuje a equipos campeones, como el zurdo venezolano Wilson Alvarez, para los Medias Blancas de Chicago; los dominicanos Juan Guzmán y Tony Fernández, para el campeón Toronto, y Mariano Duncan, para los Filis de Filadelfia, cuya labor llenó de alabanzas al béisbol y al deporte profesional de sus países.

Venezuela, que ha generado figuras de alto nivel, como Alfonso Chico Carrasquel, el miembro del Salón de la Fama Luis Aparicio, y, en forma más reciente, Oswaldo Guillén, distinguido en 1985 Novato del Año por la Liga Americana, recibe ahora en Galárraga a su primer nativo con la presea de campeón bate de la Liga Nacional y primer latinoamericano después del dominicano Ricardo Carty en 1970.

Desde comienzos del torneo, Galárraga demostró su poder ofensivo y le correspondió el honor de colocar en la pizarra el primer hit del debutante Rockies en la semana inaugural del certamen contra los Mets en Nueva York.

El 27 de septiembre frente al Cincinnati, Galárraga bateó el último jonrón del año ante su público, que en cada salida al diamante le colmó con ovaciones al igual que la noche del 28 de abril al impactar contra los Cachorros de Chicago un cuadrangular que recorrió 141,4 metros y quedó para la historia.

De no haberse interpuesto una lesión que lo alejó de los diamantes del 25 de julio al 21 de agosto, Galárraga probablemente habría llegado a los .400 de promedio, algo que ningún jugador de liga mayor ha logrado, desde 1941, cuando Ted Williams bateó .406.

Este año también sobresalieron Juan González, Roberto Alomar y Carlos Baerga, todos oriundos de Puerto Rico, ese otro vivero de notables.

González, con los Rancheros de Texas, se adhirió a la enciclopedia boricua del béisbol y al emular los 46 impactos de Orlando Peruchín Cepeda en 1958, rubricó el cetro por segundo año consecutivo. Con 43 en 1992, González es el primer jugador que duplica la hazaña en la Liga Americana desde que Jim Rice la ejecutó en 1977-78, para los Medias Rojas de Boston.

Con 24 años de edad y solo cuatro que ha invertido en el béisbol de las Grandes Ligas, el joven boricua ha pincelado con grandes dimensiones su prematura carrera en los diamantes.

En seis temporadas y desde 1991 con los Azulejos de Toronto, Roberto ha crecido con meritorios laureles: dos Guantes de Oro (1991-92), tres veces seleccionado al Juego de Estrellas, cuatro el elegido de AFP, y en defensa haber compartido el récord de menos errores (5) en 150 o más partidos, para la Liga Americana en 1992.

En su posición de segunda base, como oportuno en la ofensiva, fue imprescindible en los campeonatos consecutivos de los Azulejos de Toronto, en la Liga Americana y de Serie Mundial.

Alomar terminó el año con .326 de promedio, tercero en el joven circuito, cuarto colocado en el global de hits (192) y segundo en robo de bases (55).

Posición que defiende por igual su compatriota y compañero de infancia, Carlos Berga, para los Indios de Cleveland. Bateador ambidiestro, como Alomar y de la misma edad, 25 años, Baerga se ganó la distinción en 1993 de ser el primer jugador de la Liga Mayor que batea de jonrón por ambos lado del plato en una misma entrada. Fue el 8 de abril contra los Yankees de Nueva York.

Para entonces, llevaba ya en su poder el mérito de ser el primer segunda base en la Liga Americana en los .300 de promedio, con 200 hits, 20 cuadrangulares y 100 impulsadas, en 1992.

En la estimación de la crítica, Baerga es uno de los jugadores jóvenes más prominentes en el factor ofensivo.

Esa apreciación queda confirmada por el hecho que terminó el año con un quinto lugar entre los líderes de promedio (.321) y anotador (105), sexto en carreras impulsadas (114), 21 jonrones, y segundo en el global de hits (200), comparado solo a John Olerud, del campeón Azulejos.

En otras cinco ocasiones aquella nominación había recaído a su turno sobre el cubano Rafael Palmeiro que, junto con González, formó el 1-2 punch en la ofensiva de los Rancheros texanos.

En sus ocho años en las mayores, desde 1989 con los Rangers, Palmeiro es entre los hombres de la nueva generación otro jugador que hace honor también a aquel semillero de gigantes del diamante que dio Cuba al béisbol estadunidense antes de 1958.

Palmeiro fue el Jugador de julio en la Liga Americana, finalizando su labor de ataque con 37 jonrones, quinto en la liga, primero en carreras anotadas (124) y con 40 dobles en empate del tercer lugar con John Valentin, de Boston.

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