ALGO SE TRAMA OLGA...

ALGO SE TRAMA OLGA...

Uno está acostumbrado a ver las telas en todo, pero cuando ve cómo se hacen, es maravilloso. Y cuando hice un telar, lo pude montar bien y crucé cuatro hebras, después de mucho sufrir, me pareció un milagro. Un milagro de la construcción . Treinta y seis años entre tejidos le han dado a Olga de Amaral más lecciones sobre la vida que acerca de las técnicas del telar. Disciplina, orden y congruencia son algunas de las enseñanzas.

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Su trabajo se resume en cuatro palabras: compromiso con el arte. Pero es un compromiso egoísta , porque nadie tiene voz en él, ni siquiera su esposo, el artista Jim Amaral. Olga de Amaral no hace concesiones.

Esta artista bogotana, con ascendencia paisa, ha unificado su pasión por los textiles con otras devociones: la arquitectura, la cerámica, la música. Eso se nota en su estudio de estructuras blancas y generosas ventanas, en el tercer piso de una inmensa casa situada en el barrio Quinta Camacho de Bogotá.

El telar es misterioso, es mi campo, es pura física. Es geometría descriptiva, matemática. No sé cómo combinar la creatividad con la técnica pura del telar; es un eslabón perdido para mí , dice.

Qué la hizo decidirse por el arte, jugársela por aquí? Voy a contar mucho. Yo estudié dibujo lineal en Bogotá, en el Colegio Mayor de Cundinamarca. Lo escogí porque era una carrera que se adaptaba a la inclinación que yo percibía: diseño, color... y, además, porque tenía muchos amigos arquitectos. Sin embargo, andaba muy a tientas. Luego, precisamente un arquitecto, Hans Drews, me contó de la Academia Cranbrook en Estados Unidos, en donde la gente hacía unos tejidos increíbles, pintura y cerámica... Qué tanto retomó esas otras áreas después en su obra? Las retomé por la creatividad que ofrecen. Cuando se descubre un material, uno empieza a comprender los otros. Si te enamoras de la fibra y la trabajas, eso tiene una conexión directa con la cerámica.

Yo tuve en Cranbrook una vida silenciosa y venía de una familia numerosa, ocho hermanos, fincas y una madre muy religiosa. Estaba muy unida al paisaje colombiano. Uno después se da cuenta de que todo eso lo formó.

Me quedé en mucha soledad, en parte por la falta de idioma; también, porque en esa época, la Academia era de gran avanzada artística en Estados Unidos, no sólo por lo que enseñaba, sino porque la gente era muy libre, la libertad sexual, los beatnicks...

Todo lo aprendí con los ojos, porque no entendía el idioma; así que, duré mucho entendiendo el telar. En eso, conocí a Jim. Inmediatamente, nos hicimos amigos, tal vez por sus raíces latinas. Desde el principio sentimos la conexión en lo que hacíamos.

Qué fue lo más importante de Cranbrook? En Cranbrook descubrí el color y la fibra. Yo tengo una gran comunicación con el color y por el color; eso lo supe a través de la fibra. Allí descubrí mi mundo, mi alegría ante una cosa que hacía yo. Me hallé mucho.

Pensando que no existían telares en Colombia, empecé a trabajar, y al volver, descubrí que los campesinos, en todas partes, tejen. Descubrí que Colombia era tejedora, que era un país industrialmente textil.

Cómo apareció todo lo que usted había vivido de niña, la cultura regional, la familia? Todo lo que tú haces en la vida te marca y todo tiene una fuente. Todo. Y tal vez esa marca a mí me ha dado para largo. Lo que tenemos en común Jim y yo es una disciplina, el trabajo, el rigor, la falta de concesiones.

A qué se refiere? A uno se le presentan muchas oportunidades de hacer concesión. Por decir algo, hay un trabajo que hace un año tiene mucha acogida, entonces hay una presión inconsciente para que hagas lo mismo. Y yo creo que hacer lo que ya se conoce... para qué. Uno tiene que hacer lo que lo asombra, lo que descubre, sentir el llamado del descubrimiento. Repetirse es hacer una concesión.

Descubrir es su meta? No, no es meta. Por qué hago lo que hago? Porque lo tengo que hacer, porque tengo que seguir mi camino. Es como ver un espacio y en lugar de quedarse con lo que conoces entrar en lo desconocido. Es no dejar de explorar, seguir caminando. Yo sé lo que puedo hacer con el lenguaje de la fibra, no es que crea que lo he dominado, pero cada vez tengo más dominio de lo que quiero, de la construcción y de las posibilidades de abstracción.

Usted cree más en las posibilidades del talento o en la fuerza de la disciplina? Yo creo que el talento no sirve si no hay disciplina. Y si no hay talento, para qué disciplina. Pero, qué es el talento? A la hora de la verdad, el talento tiene que ser casi una conclusión. Creo más bien en una sintonía en la que todo encaja, y si todo encaja es mejor el camino. Diría también que es sensibilidad, es una forma de ver. La creatividad es un lenguaje que se forma con ingredientes propios. Para mí, el color es una vida permanente, no porque sea lindo, nuevo, original, es una cosa que te habla...

Le importa ser original? No necesariamente la originalidad es arte. No creo que ser original sea una gran cualidad. Cuando hay calidad es cuando lo original empieza a distinguir el lenguaje de una persona.

Y el lenguaje sí le importa? A mí, no sé qué me interesa. Veo mis cosas y hoy no sabría decir por qué las hago; sólo sé que es una cosa que me produce entendimiento. Avanza mi mente y mi capacidad de ver. Es casi una investigación en la que los elementos son muy abstractos. Es la forma como veo el color, la luz, el espacio.

Cómo involucró esas características de la arquitectura? Es que descubrí que soy muy sensible al espacio. Me fascina la arquitectura, me parece misterioso eso de entrar en un espacio y sentir un bienestar muy profundo. Parte de la búsqueda del trabajo es la de un espacio.

Permanentemente, estoy buscando un acomodo. Lo ideal, en este momento, sería pintar todo de blanco, empezar de cero. Por eso me fascina el blanco y la arquitectura colonial, esa sensación de que cada año bañas la casa en blanco y arrancas.

Usted habla siempre del compromiso...

Yo dejaría de trabajar si no existiera el compromiso. No hay compromiso con los demás. Eso lo converso con Jim, él siente que uno está comprometido con la sociedad, con la historia, con la vida. El compromiso en mí existe mientras lo sienta. No tiene que ser porque hay una historia de trabaj; si es por eso, no sigo. Lo hago para descubrir. Uno es el primero que se fascina.

Algo así como no perder la capacidad de asombro? Sí. Que es lo que tiene un niño. Hay que buscar simpre el encuentro, el hallazgo.

Cómo es la relación artística entre Jim y Olga de Amaral? Cada uno tiene individualidad. Hay tal separación en el trabajo, que hacemos algo diferente a pesar de que llevamos 36 años juntos. Somos afines, nos identificamos con temas, pero cada uno percibe diferente.

Qué tanta presencia tiene lo femenino en sus obras? No es que mi trabajo sea esencialmente femenino en cuanto a la labor del tejido. Yo creo que la mujer por el hecho de ser madre y procreadora tiene ya una justificación plena en el mundo. Para el hombre es más angustioso el que tenga que justificar su vida ante sí mismo. Nosotras somos más fuertes y creo que mi trabajo tiene que ver con eso.

Yo no categorizo lo femenino en mi obra. No me imagino a un hombre haciendo esto. No puedo decir por qué, pero es una especie de misterio, como igual no veo a una mujer haciendo lo de Jim. Usted le dio un carácter artístico a algo cotidiano. Cómo fue el proceso para llegar al arte? Yo no pensaba si me iba a ir bien, si iba a ganar plata. Me fascinaba hacerlo y la constante de la fascinación era que siempre había algo para descubrir. Algo en qué experimentar: colores, texturas, espacios. Como si alguien me llamara y me dijera que me iba a mostrar algo. Habría que decir que el arte es una llamada. Sin embargo, el arte no se puede dividir: puede haber un maravilloso escultor o un artesano muy buen pintor, pero no siempre un artista. Porque si no transmite...

Eso es lo más importante? Sí. Comunicar. Me imagino que en un lenguaje artístico tú tienes que agregarle algo nuevo al conocimiento humano, algo que te agrande el concepto del hombre, del mundo.

Ha sentido menosprecio por su trabajo? No tanto eso, pero sí siento que en el mundo del arte soy marginada, no marginal. Aun en el mundo entero, la ubicación de las tejedoras no es muy clara.

Encuentra en sus obras ese hilo común ? Ha habido saltos, pero sí existe ese hilo común. Yo me reconozco en todo, mis pensamientos, los colores, es algo que he tenido que hacer. No me he saltado escalones para llegar a donde estoy, aunque no sé dónde estoy y no sé a dónde voy. Pero todo lo he necesitado, los traspiés, incluso. Siento que estoy en un momento de mi trabajo maravilloso. Sin embargo, me falta tiempo: mi cabeza está apenas para empezar, pero físicamente no.

No busco el reconocimiento. Pero hay sentimientos que no puedo ocultar. Me acuerdo cuando el Metropolitan colgó mi obra; yo no iba a hacer el viaje sólo para ver mi obra, pero Jim me dijo que había que ir. Y cuando lo vi, me provocó llorar... Igual cuando vi mi nombre en París, en una calle, pero el objetivo no es ese...

Lo que me llena es el proceso. Es lo más emocionante, y cuando encuentro lo que estaba buscando. Eso es de uno, uno lo descubrió, lo inventó uno...

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