LO QUE HUBO Y LO QUE HABRÁ

LO QUE HUBO Y LO QUE HABRÁ

Termina 1993, el último año de Gaviria, con una popularidad sin precedentes del mandatario en ejercicio; un proceso de apertura económica en marcha; una guerrilla desatada; una capital sumida en la peor crisis de su historia y con Pablo Escobar Gaviria sepultado tres metros bajo tierra. Este último es, sin duda, el hecho sobresaliente del año. Puso adecuado fin al capítulo más oprobioso de nuestra historia reciente: el del narcoterrorismo que sacudió los cimientos del Estado y de la propia sociedad colombiana.

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

No significa, como ya tanto se ha dicho, el fin del narcotráfico como fenómeno económico, que nos va a dar mucho que hacer. Ni tampoco de la violencia que lleva por dentro, como lo demuestra la carta bomba que le explotó al hermano de Escobar en su celda de máxima seguridad de Itagí. Preocupante síntoma de la capacidad de infiltración y corrupción que aún detentan las mafias de cualquier índole y de todo lo que aún falta para enterrar sus sórdidas guerras.

La caída de Escobar también explica en buena parte el marcado repunte de la popularidad de Gaviria, que promete ser el primer presidente en mucho tiempo que abandona el poder de cara al sol. Si de aquí a allá no sucede, claro, algún suceso típicamente colombiano: otro apagón, más carros bomba, Colombia eliminada en la primera vuelta del mundial, el nuevo Palacio de Justicia tomado por las Farc...

Y ya que estamos en esto, superada esa demencial provocación que significó el fenómeno Escobar, la guerrilla se consolida como el principal desafío que enfrenta el Estado colombiano. Será, sin duda, el problema clave del 94. Y debería ser el tema central sobre el cual los aspirantes a la Presidencia ofrecieran propuestas novedosas y soluciones más convincentes.

Lo más seguro es que no las tienen. Porque el problema es bien difícil. Tiene que ver con condiciones sociales y de empleo, con presencia amable del Estado, con eficiencia de sus fuerzas de seguridad. Y esto no se ha logrado.

El avance sistemático de estos grupos armados es el lunar más grande de la administración Gaviria (porque tampoco es perfecta) y el que amenaza con sabotear la enorme capacidad productiva de Colombia y de hundir, incluso, a punta de secuestros económicos, asesinatos políticos y atentados contra puentes y oleoductos, el despegue económico que ha iniciado el país.

Una guerrilla cuyo avance territorial del campo a la ciudad, de caserío abandonado a municipio próspero está paradójicamente ligado al otro hecho sobresaliente del año, y el que representa el más claro ejemplo de la visión estratégica y la capacidad de mando de Gaviria: la apertura económica de internacionalización, modernización, privatización.

La otra cara de este despegue ha sido el colapso del campo. La crisis del sector agrario, con su secuela de desempleo rural y quiebras por doquier de pequeños y medianos empresarios del campo, ha sido hábilmente explotada por la guerrilla.

Es una manifestación más de la fragilidad del esquema neoliberal aplicado mecánicamente a sociedades tan conflictivas y complejas. Y es que la variable apertura-crisis del agro-guerrilla, parece, no fue bien programada en el computador central de Palacio.

Pero más que un replanteamiento abrupto del esquema, lo que se requiere es mayor atención a la inversión social y la elaboración de una auténtica estrategia contrainsurgente. Pero esto le tocará al que venga. A menos que Gaviria logre asestar algún golpe contundente en este campo, con lo cual quedaría definitivamente consagrado.

El 94 se viene, pues, con este problema no solo intacto sino creciendo. A tal punto que podría comenzar a contaminar los grandes centros urbanos. En particular a Bogotá, donde el año 94 promete ser infernal, según reconoce el propio Jaime Castro. El manejo de la crisis capitalina será otro de los grandes desafíos del inmediato futuro.

Faltan, por supuesto, otros grandes temas obvios del 94, como las elecciones presidenciales o el sometimiento de los narcos del Valle a la justicia. Uno y otro se definirán en los primeros meses del año y es de esperar que este último deje sentado que el narcotráfico ya no será tanto un problema de orden público como uno de probidad de la justicia y de eficacia de los servicios de inteligencia.

En cuanto a lo electoral, gane Samper o Pastrana, no son presumibles mayores variaciones del esquema económico del actual gobierno. Y en este sentido, vale la pena resaltar a una figura central de la administración Gaviria, para mí el personaje del año: el ministro Ruddy Hommes.

Y se me estaba olvidando el otro gran tema del 94: el Mundial de Fútbol. Si a Colombia le va bien, si llegamos a cuartos de final, la confianza del país en sí mismo recibirá un invaluable estímulo sicológico. Y si nos va mejor, Gaviria saldrá en hombros de la Casa de Nariño.

Esta columna no aparecerá la semana próxima. Del supremo doctor Cocoa y de sus pequeñas cornetas nos ocuparemos el año entrante.

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