EL VÍA CRUCIS MEDELLÍN-BOGOTÁ

EL VÍA CRUCIS MEDELLÍN-BOGOTÁ

Viajar por vía terrestre entre Medellín y Bogotá se ha convertido en un martirio. Los continuos derrumbes y el mal estado del trayecto han causado serios traumatismos que obligan al uso de vías alternas, lo que aumenta por lo menos en dos horas el tiempo de viaje. Con el deslizamiento del martes pasado, en jurisdicción del municipio de Puerto Triunfo, ya van en siete las interrupciones registradas en sólo cuatro meses. Ayer se reabrió el paso pero la incertidumbre se mantiene.

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Por esta vía se moviliza el 50 por ciento de las materias primas y mercancías de la industria antioqueña hacia el centro del país; cien camiones transportan diariamente 2.000 toneladas de carga, mientras que las empresas de transporte Brasilia, Expreso Bolivariano, Arauca, Flota Magdalena y Rápido Ochoa movilizan un promedio de 1.500 pasajeros diarios.

Según las autoridades, el paso por la carretera no se restablecerá planemante antes del 28 de diciembre, pues 10.000 toneladas de piedras y tierra deberán ser removidas con maquinaria especializada, como carros cargadores, retroexcavadoras y volquetas roqueras.

Las empresas de construcción que trabajan en la zona están colaborando con equipos y personal. Según el ingeniero Hernando Muñoz, uno de los encargados de las operaciones, rehabilitar la vía cuesta aproximadamente unos veinte millones de pesos.

Desde el 6 de septiembre, cuando se produjo un derrumbe en el sitio La Garrucha, en jurisdicción de San Luis, como consecuencia del invierno, empezaron los días más críticos de esta vía en los últimos años.

Seis días después hubo otro deslizamiento en el kilómetro 100, en la misma jurisdicción. El paso estuvo restringido durante una semana.

En la madrugada del 25 de septiembre se desprendió un alud de lodo y piedras por las fuertes lluvias, en el sitio Calderas, a la altura del kilómetro 124; el 30 de septiembre ocurrió un derrumbe en el kilómetro 118, en comprensión de Puerto Triunfo. Sólo se podía transitar por una calzada.

El 5 de octubre se desplomó el puente del río Samaná, sin que se conozcan aún las causas de esa tragedia que dejó tres muertos, cuatro heridos y seis carros destruidos. La caída de la estructura obligó inicialmente a desviar el tránsito por distintas variantes, hasta que se instaló un puente provisional y que sólo admite vehículos hasta de 20 toneladas.

El sábado 20 de noviembre, un alud cayó, a lo largo de 50 metros, en el kilómetro 6, a sólo unos metros del primer peaje. En el lugar murió una persona y dos carros quedaron atrapados; el martes pasado se produjo el derrumbe de grandes rocas y sólo ayer se reabrió el tránsito en forma restringida.

Saúl Posada Ochoa, jefe del Distrito Número Uno del Ministerio de Obras Públicas, reconoce que hay falta de mantenimiento, lo que hace a las carreteras vulnerables durante el invierno. Por eso, ante las malas condiciones de la vía y las protestas de los usuarios, el cobro del peaje fue suspendido desde el 15 de octubre. Los dos peajes recaudan en Antioquia unos tres millones de pesos diarios, que pagan unos mil vehículos. Entre enero y agosto, el puesto de Guarne recaudó 2.000 millones de pesos y el de Cocorná, 672 millones.

Para Eduardo Vélez Toro, directivo de la Asociación Colombiana de Ingenieros Constructores, la carretera está absolutamente deteriorada hasta el kilómetro 47, debido a la falta de filtros de drenaje de buena calidad.

Los trabajos de reparación se realizan en el sitio Filo de Hambre, en la entrada al municipio de San Luis; en el puente sobre el río Samaná y en varios tramos de la jurisdicción del municipio de Cocorná. Estos sectores se encuentran llenos de huecos, piedras y lodo. Otros trayectos críticos son los de Santuario-La Piñuela y Medellín-Guarne.

Según los ingenieros del Ministerio de Obras Públicas, que han estado al frente de los trabajos, los frecuentes deslizamientos se deben al invierno, al reacomodamiento de la tierra y al rozamiento de las rocas.

A medias reabren el tránsito Tres días antes de lo previsto, aunque en forma restringida y provisional, el Distrito Número Uno de Carreteras autorizó ayer el paso por la vía Medellín-Bogotá, interrumpido por un alud.

A partir de hoy y durante los próximos días, la vía permanecerá cerrada hasta las 4 de la tarde, mientras se desarrollan las tareas de remoción de las sesenta mil toneladas de tierra y roca que cayeron sobre el pavimento.

Hasta ahora, el personal del Ministerio de Obras Pública ha removido unas diez mil toneladas con el apoyo de firmas privadas asentadas en la zona.

Según los ingenieros que dirigen la operación, la carretera no está totalmente abierta, pero una especie de curva vertical permitirá entre las 4 de la tarde y las 6 de la madrugada el paso de los carros por encima del derrumbe. De ese modo se busca superar la meta prevista y según la cual solo se daría paso pleno este lunes.

Mientras que en el sitio del deslizamiento se trabaja intensamente para abrir el paso, en la Clínica Soma de Medellín permanece el jefe del Distrito de Carreteras, Saúl Posada Ochoa, víctima de un accidente el viernes por la madrugada, cuando dirigía los trabajos. Una roca cayó sobre el tobillo del funcionario cuando los trabajadores tensionaban uno de los cables que suministra el fluido eléctrico para facilitar los trabajos nocturnos. A causa de las lesiones, estará incapacitado seis meses.

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