UNA CIUDAD SIN ESCOLTAS

UNA CIUDAD SIN ESCOLTAS

Con un sol esplenderoso, los bogotanos que hemos tenido la fortuna de quedarnos en la ciudad sin tener que sufrir las desesperantes congestiones de los aeropuertos y las carreteras, estamos asombrados por una sensible realidad: desde hace tres o cuatro días, Bogotá ( esta Bogotá que nadie quiere!) se ha convertido en una urbe tranquila y muy transitable. Se dirá que ello es obvio cuando ocurren las desbandadas vacacionales. Y que al finalizar el puente del 10 de enero próximo, el Distrito volverá a ser la misma capital agresiva y traumática que la ha convertido en un infierno para todos sus habitantes. Pero el problema, curiosamente, no es tanto el hecho de que haya menos automóviles, sino que, definitivamente y por razones también lógicas, no hay ese sinnúmero de carros de guardaespaldas que escoltan a lo que los propios escoltas llaman el personaje. Los cuales, desde cuando irrumpieron por las vías de la ciudad en funciones dirigidas a proteger la vida de ese personaje, se han enc

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Si algún estamento ha contribuido a acabar con las normas más elementales del tráfico capitalino son los escoltas. Con sus jeeps de cuatro puertas que se abren y se cierran sin consideración con los demás conductores, y cuando por un atasco se ven obligados a parar, no dudan en bajar ventanas y mostrar sus metralletas, desafiantemente y casi dando amenazantes órdenes de bala, sin más ley que la suya.

Qué delicia Bogotá sin escoltas... Y, también hay que decirlo, sin personajes! Pero, cuáles son éstos? Por qué hasta el último concejal anda ahora con servicio de guardaespaldas? Si es cierto que a todos nos debe embargar un ánimo de desescobarización, lo primero que habría que hacer es desarmarnos. Y, paralelamente con la reciente política de revisar los salvoconductos que hoy proliferan en las manos de muchos compatriotas armados, tiene que revisarse, así mismo, a quienes deben seguir contando con este servicio y hasta dónde la audacia de los escoltas puede permitirse, sin que afecte no solo la integridad del personaje, sino sobre todo la de los demás.

El episodio en que acaba de verse envuelto el precandidato Juan Diego Jaramillo es un testimonio fehaciente de lo aquí denunciado. Según acusación formulada por el propio Jaramillo, el pasado 7 de diciembre fue objeto de un atentado en las afueras de la población de Chía, del que salió ileso gracias a una reacción rápida e imprevisible. Informaciones de inteligencia me advierten según Jaramillo que los causantes pueden haber sido miembros del Cuerpo Técnico de la Polícia Judicial , que terminaron enfrentados con los escoltas del aspirante presidencial.

Yo también tengo escolta. Pertenece a la Dijin y me acompaña en mi propio automóvil. En todos los tonos, sin embargo, le he solicitado que nunca enseñe su ametralladora como señal de fortaleza disuasiva. A menos, obviamente, que se vea obligado a utilizarla por razones de su profesión. La verdad es que, si después de la muertes de Rodríguez Gacha y Escobar, el Gobierno quiere erradicar la sicología del narcoterrorismo, hay que empezar por abrir las calles que han sido acordonadas y que impiden el paso normal del ciudadano, lo que le causa toda clase de perjuicios y rabias. Y hay que empezar porque el director de Tránsito ( está en Bogotá el director de la Secretaría) les ordene a sus subalternos que los automóviles de los guardaespaldas especialmente si son del DAS también tienen que cumplir con las normas de tráfico. Y parar cuando el semáforo está en rojo y hacer fila sin colarse. Pues nada en el fondo los autoriza a no hacerlo, con más veras cuando el personaje generalmente se transporta en carro blindado y debería ser el primero en exigirles a sus vigilantes algún respeto por todos aquellos que tratan de obedecer las señales, con toda la insufrible paciencia que las congestiones de una ciudad como Bogotá presenta.

Y así como sería de útil que el director de la Secretaría de Tránsito ( está en Bogotá el director de la Secretaría?) verificara con sus propios ojos cómo parte del caos generado se debe en buena medida al hecho aquí denunciado, sería igualmente oportuno que el director del DAS observara si la entidad a su cargo se ha convertido más en una bolsa de empleos de guardaespaldas que en una escuela de inteligencia y criminalística, y si aquella o ésta es su verdadera misión.

Sí; desescobaricémonos, pero con hechos e imponiendo mayor rigidez en todos los órdenes, mientras se encuentran soluciones alternativas al problema del tránsito capitalino. Y que a dicha autoridad hoy casi inexistente se sometan los de arriba y los de abajo. Los choferes de buses y los personajes. Los taxistas y las señoras que, aprovechando su condición de serlo, cometen toda suerte de infracciones y sobornan al policía, si es necesario, con un billete de dos mil pesos sin que les importe un pito. Y hay más: los camiones pesados no deberían andar en horas pico por las vías arterias. Es un problema de que mientras haya reglas y éstas no se acaten y mucho menos se cumplan, la anarquía del tráfico estará garantizada. Y ganarán los más fuertes, no los más disciplinados, lo que convertirá en añicos cualquier noción de lo que constituye el respeto al prójimo, así como la autoridad del Estado.

Servicio bancario deficiente Publico a continuación un mensaje recibido a raíz de mi columna del domingo pasado sobre servicio bancario anacrónico, que esta semana fue aún más notable para sus usuarios, sobre todo a nivel de cajeros automáticos.

Estimado doctor Posada: El domingo pasado leí con gran interés el artículo que usted escribió en su columna de EL TIEMPO acerca del sector financiero y muy específicamente del bancario.

Como coincidimos con gran parte de sus apreciaciones, las cuales nos motivaron para tomar la decisión de crear una nueva institución financiera, con un espíritu de trabajo y una orientacion diferente, quisiéramos invitarlo a Cali para que visite el Banco Intercontinental, de reciente creación, que abrirá sus puertas en febrero del próximo año y cuyo objetivo es la modernidad y el buen servicio para sus clientes con el fin de que sea un instrumento efectivo para los hombres de negocios dentro del marco de una economía más internacional. Atentamente, Alfredo Carvajal Sinisterra .

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