PENSAR EN GRANDE

PENSAR EN GRANDE

Ya en otras oportunidades habíamos comentado que una apertura económica agresiva como la emprendida por el Gobierno necesitaba de una modernización y ampliación, igualmente agresivas, de la infraestructura vial y aeroportuaria y de puertos existente y que es a todas luces inadecuada para sostener o mejorar los índices de crecimiento económico que se están dando. Por eso es tan importante y alentadora la noticia que se conoció de la inversión, por 65 mil millones de pesos, que hará el país en el desvencijado y obsoleto aeropuerto de la capital de la república. Aquella incluye la remodelación, ampliación y construcción de una segunda pista, con todas las especificaciones técnicas necesarias para que puedan aterrizar en ella las aeronaves comerciales más grandes que operan hoy en el mundo. La visión futurista, en materia de obras públicas, no ha sido una de las principales características de nuestros gobiernos. Y cuando la tuvieron, como fue el caso del general Rojas Pinilla cuando e

26 de diciembre 1993 , 12:00 a.m.

Con el permanente argumento de nuestra pobreza y de que la situación social de este país no da para hacer grandes obras públicas, los gobiernos terminan por archivar inversiones cuantiosas pero importantes, como fue el caso de un sistema de transporte masivo para Bogotá, que, a la hora de tener que hacerse salen mucho más costosas que si se hubieran hecho en su momento. También es cierto que la opinión pública se ha vuelto muy escéptica, pues no fueron buenas las experiencias del Metro de Medellín o de la hidroeléctrica del Guavio.

Hechos los respectivos anuncios sobre cómo se van a modernizar las instalaciones del Aeropuerto de Eldorado, y al ser casi que irreversible la decisión del país de abrir su economía e integrarla a las de otros países vecinos, queda un frente que hay que atacar para consolidar estos dos procesos. Es el de nuestra infraestructura vial. Es permanente la queja de los transportadores y en general usuarios sobre el estado y las especificaciones de nuestras carreteras. Son estrechas, no reciben el mantenimiento adecuado y en muchas de ellas se han apostado los asaltantes de caminos para hacerlas inseguras y peligrosas. Con frecuencia, vías de importancia vital para nuestra economía se ven interrumpidas por derrumbes naturales o por la caída de puentes, como el que cruza el río Samaná, o como el Ospina Pérez, sobre el río Magdalena, entre las ciudades de Girardot y Flandes, que sufre ya la fatiga del paso del tiempo.

Se hace urgente entonces emprender la readecuación de las vías troncales del país para reducir los altos costos del transporte de mercancías y hacer más fácil la movilización de los productos de exportación a los principales puertos. Es decir, para que ruede mejor la economía. No debe quedar en el papel ni en promesas oficiales el plan vial de la apertura que contempla la inversión hasta el año dos mil de casi 5.400 millones de dólares en la recuperación y construcción de 7.162 kilómetros de vías troncales grandes y nuevas vías por concesión.

La ruta económica que esta administración le trazó al país exige poner al día la malla vial nacional. De no hacerlo, seguiremos atados a esa costumbre tan colombiana de tenerle miedo a pensar en grande.

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