Palabras para no dejar pasar

Palabras para no dejar pasar

‘Manifiesto de los antioqueños berracos, blancos, de derecha y católicos’, es el título de un extraño documento que ha llegado a mi correo personal, bajo el rótulo de ‘Entérese’, firmado por un “paisa superior”, como se autodenomina, es decir por nadie. Por lo general, uno debe pasar de largo sobre este tipo de palabras, pero son tantas las barbaridades juntas que contiene ‘El manifiesto’, que vale la pena recavar en ellas, porque esa manera de pensar es responsable de gran parte de la violencia que ha vivido este país desde finales del 70. Mucho ojo, que no estoy hablando de los antioqueños, estoy hablando del tipo de antioqueño que es capaz de escribir un documento así, además de creer profundamente en él y obrar en consecuencia.

20 de enero 2008 , 12:00 a.m.

La parrafada del llamado ‘Manifiesto’ dice que estos antioqueños son una raza superior a los colombianos y suramericanos. La superioridad, como es obvio, la sustentan en la plata y la manera de conseguirla: “Somos capaces de vender un hueco lleno de excrementos, y quien lo compra da las gracias”.

Esta ‘nueva raza’ existe desde hace tiempo y es culpable del narcotráfico, el sicariato, el paramilitarismo, entre otros vicios que han logrado que la vida del ser humano sea también una mercancía.

Todo el manifiesto, mal escrito en todo sentido, apunta a que este tipo de antioqueños se están preparando para hacer de Antioquia una República Independiente. Dice que necesitan para ese propósito apropiarse de una parte del Chocó, cosa que han venido haciendo: “(…) eso ya comenzó, porque los industriales antioqueños de la palma y el oro ya están sacando a los negros e indios del Chocó, y ya comenzaron los desarrollos de la industria antioqueña para hacer de eso un territorio antioqueño independiente”. Y eso, tristemente, es verdad.

Colombia entera está plagada de este tipo de antioqueños. Los he visto en Guaviare, Guajira, Putumayo, Córdoba, los Llanos, Nariño y San Andrés. En Quibdó, por ejemplo, el dueño de una tienda paisa decidió que yo era su par y se largó en confesiones: “Es que estos negros son cochinos, perezosos y no les gusta trabajar”. La frase la he oído en todas partes de Colombia, cambiando las etnias, bien sea estos indios, estos costeños, estos isleños.

Sigamos.

Luego se refiere a Pablo Escobar como un genio incomprendido, y dice que si los colombianos inferiores nos hubiéramos dejado ayudar por el capo estaríamos ricos. Una vez más, el argumento de la superioridad se sustenta en el billete: por la plata, lo que sea, podría ser un buen título del manifiesto.

Después de un pocotón de frases en que se refiere al monopolio antioqueño de la banca, el cemento, la industria energética, viene la parte mística, que no podía faltar, solo que a estas entidades religiosas también les interesa profundamente la plata: “Nosotros los antioqueños somos muy devotos de la virgen y de mi diosito, y sabemos que ellos nos ayudan en todos los negocios para lo que sea: sabemos que a dios le gusta el éxito (…)”.

Dejo de referir un pocotón de cosas por respeto a nuestros muertos, por respeto a los lectores y por ética periodística. Porque aquel manifiesto tilda de comunistas a todos los colombianos inferiores, y se despacha en elogios con los antioqueños del poder, como si pertenecieran a ese tipo de antioqueños. Cosa que no creo y no quiero creer.

Tanto el gobernador de Antioquia como el alcalde de Medellín deberán poner mucha atención a este tipo de manifiestos. Porque por muchos años ha sido un modelo para las juventudes de Antioquia, y son muchos los muchachos que creen a pie juntillas en todas esas frases. Ojalá comiencen con una labor pedagógica agresiva, en donde se vindiquen otros valores distintos al billete, se vindique una mejor manera de ser humano, apoyada en posibilidades reales para la juventud que viene.

Por mi parte, como colombiano inferior, prefiero otro tipo de antioqueños, como Héctor Abad o Alberto Aguirre.

cristianvalencia@yahoo.com

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